Una madre, un hijo y una revelación inesperada. A veces, el viaje más largo es hacia tu interior.
Cuando Aurora comienza a perder la memoria le pregunta a su «Y tu hermano, ¿dónde está?». Una frase que podría ser cotidiana y trivial si no fuera porque ese hijo, de cincuenta y tres años, siempre había creído que era el único. ¿Será cierto o se trata de una alucinación? ¿Cómo podría cambiarle esto la vida? ¿Pesan más los recuerdos borrosos de su madre o las certezas que afloran entre las grietas de sus discusiones?
Para descifrar la verdad, ambos iniciarán un viaje en autocaravana junto con su vieja perrita hasta Vera de Bidasoa, un pueblo entre montañas donde Aurora vivió de joven al abrigo de la dura y siniestra Sección Femenina.
Máximo Huerta firma una novela conmovedora para hablarnos de lo que callamos, de lo que olvidamos… y de lo que nunca se borra del todo.
Bufff… qué largo se me ha hecho este libro. Al principio me gustó y el tema me atraía, pero empezó a extenderse en descripciones que no me aportaban demasiado, y poco a poco se fue llenando de descripciones que no me aportaban demasiado, y eso hizo que fuera perdiendo interés. Me costó bastante terminarlo, y es una pena. Lo peor, sin duda, fue el final… madre mía, qué decepción. Me pareció muy poco creíble. Mi opinión en YouTube sin spoilers: https://youtu.be/lhu5ALbHjZA
Me ha costado varios días quitarme de encima la sensación de quedar huérfana de esta historia que, por vivir experiencia similar en estos momentos con mi padre, me pilla cercana. Es una maravilla de lectura con la prosa sensible y tierna que tiene Máximo Huertas hace que sea imprescindible y agradable seguir leyendo un tema que a priori es duro, incómodo y que más apetece dejar de lado que seguir sabiendo.... en esta libro...quieres continuar...quieres seguir....quieres abrazarle a él y a su madre y seguir en ese viaje. Al final, sólo queda nuestra reflexión de saber y querer acompañar y entender y alargar nuestro viaje personal y nuestra propia historia. Me ha encantado , creo que es una historia que hace muy cómodo entender y empatizar con las piedras del camino que cuidadores de familiares con esta dolencia tienen
Es una novela que duele y abraza a la vez. Un homenaje luminoso a esas madres de otras generaciones que lo dieron todo en silencio, poniendo cuidado donde otros solo veían obligación. A través de la enfermedad, del cansancio del cuidador y de la fragilidad de la memoria, Máximo construye una historia que es ficción, pero se siente terriblemente real.
Su prosa, delicada y casi poética, convierte cada recuerdo en un pequeño latido: hay ternura, humor, dolor y una nostalgia que se queda pegada varios días. Madre, hijo y perra forman un triángulo emocional que te roba el corazón sin avisar.
“Mamá está dormida” es, para mí, una de las mejores novelas de Máximo Huerta: íntima, honesta y profundamente humana. Ideal para quienes cuidan, han cuidado o echan de menos a alguien.
¿Lo habéis leído ya? Contadme, ¿qué parte os rompió más por dentro?
No hay más estrellas para darle a este libro qué merece todas... lo he terminado y he estado pensando en todo su contenido, es simplemente perfecto, te toca el alma con esa ternura que está escrito y te lleva a enfrentarte con tus miedos reales, los padres envejecen y es inevitable, ay Dios... superaré este libro... vaya viaje y nunca mejor dicho
Me ha costado mucho hacer esta reseña porque no sabía cómo expresar todo lo que he sentido leyendo esta historia.
No quiero contaros demasiado de la trama, pero el protagonista es Federico, profesor de francés en una academia y traductor de novelas del francés al español y viceversa. Federico cuida de su madre Aurora, de 85 años, que padece demencia. Un día, ella le pregunta por su hermano: ¿dónde está?
Federico siempre ha pensado que es hijo único, y esa pregunta despierta en él la duda de si realmente existe un hermano mayor.
La historia está narrada por el propio Federico y es, ante todo, una historia llena de amor: el amor de un hijo hacia su madre y el amor incondicional de una madre hacia su hijo. Un amor que atraviesa el tiempo, la memoria y el olvido.
Una vez más, Máximo Huerta ha conseguido romperme por dentro. No he podido evitar llorar, detenerme y respirar hondo antes de continuar. Ningún escritor me ha emocionado de esta manera y nunca había llorado tanto con una novela.
El libro está lleno de frases y párrafos para subrayar, de esos que se quedan contigo mucho tiempo después de terminar la lectura. Me he sentido muy identificada en muchos momentos con Federico, con lo que siente y piensa. Es una historia preciosa, con momentos muy tiernos, cargada de sentimientos y emociones, con una trama muy real y cercana. Para mí, va directa a mi mejor lectura de este año. Ningún libro podrá superar esta historia. No dejaré de recomendar esta novela, es de esas lecturas que deberían llegar a todo el mundo. Mil gracias, Máximo, por expresar en esta novela lo que muchos sentimos y hemos sentido cuidando a un ser querido. Lectura 100% recomendable que os tocará el corazón y os dejará huella.
Así empieza todo. Una pregunta aparentemente sencilla que cae como una piedra en mitad del salón y ya no deja nada en su sitio.
Hoy vengo a hablaros de "Mamá está dormida", de Máximo Huerta, y os adelanto algo, ha sido mi primera aproximación al autor… y me ha gustado mucho.
La novela nos sitúa en una casa donde una madre de 85 años empieza a perder la memoria. No es solo el olvido de fechas o nombres, es esa niebla que desordena el tiempo, mezcla vivos y muertos y convierte la realidad en algo poroso. El hijo, que es quien narra, la cuida mientras intenta sostener lo que se desmorona. Y en medio de ese cuidado, surge la gran fisura: la insistencia en un hermano que nunca existió. ¿O sí?
A partir de ahí, la historia no se convierte en un thriller, sino en algo mucho más profundo, una exploración del duelo anticipado. Porque esta novela habla, sobre todo, de lo que significa empezar a despedirse de alguien que aún está vivo. De cómo el cuidado es también una forma de amor radical. De cómo el pasado vuelve cuando el presente se agrieta.
Me ha gustado especialmente cómo el autor construye la emoción desde lo cotidiano. No hay grandes artificios. Hay tazas de leche, pastillas, silencios, paseos con la perra, conversaciones repetidas. Y en esos pequeños gestos está todo. La fragilidad, la culpa, la ternura, el miedo. El estilo es íntimo, contenido, muy sensorial. Frases cortas, imágenes precisas, recuerdos que entran y salen como si también tuvieran su propia memoria.
El tema del hermano funciona como símbolo, no es solo una duda narrativa, es la metáfora del vacío, de lo que no se sabe, de los secretos reales o imaginados que se enquistan en las familias. Pero el verdadero corazón del libro no está en resolver un misterio, sino en acompañar a una madre en su último tramo y a un hijo que aprende que amar también es aceptar la pérdida.
Es una novela sobre las madres, sí. Pero también sobre los hijos cuando dejan de ser hijos protegidos y pasan a ser sostén. Sobre esa inversión silenciosa de roles que duele y dignifica al mismo tiempo.
Si algo me llevo de esta lectura es la sensación de haber estado dentro de una casa real, respirando el mismo aire que sus personajes. Me ha emocionado sin exageraciones, me ha hecho pensar en la memoria como territorio frágil y en la importancia de grabar voces, gestos, palabras… antes de que el tiempo las borre.
Como primera lectura de Máximo Huerta, ha sido un descubrimiento muy bonito. He conectado con su mirada y con esa manera de escribir lo pequeño para contar lo enorme.
Entiendo la intencionalidad de la obra pero ha resultado ser soporífera y simplona. El final de la trama que se resume literalmente en tres párrafos después de una obra de 300 páginas de diálogos bastante prescindibles, parece propio de una serie de ficción adolescente.
Una pena haber descubierto a Máximo Huerta en esta novela.
Aquí vemos la historia desde los ojos de una hija que vive el deterioro de su madre, quien poco a poco se va perdiendo dentro del Alzheimer. La novela nos muestra momentos cotidianos, recuerdos fragmentados y escenas que al principio parecen simples, pero que en realidad reflejan algo mucho más doloroso: cómo una persona que amas empieza a desaparecer poco a poco, aunque su cuerpo siga ahí.
Es de esos libros que parecen tranquilos en la superficie, pero que en realidad tienen mucho más fondo emocional de lo que aparentan. No se trata solo de la enfermedad, sino de lo que significa para quien se queda: la confusión, la tristeza, la impotencia de ver a tu madre cambiar y ya no reconocer del todo el mundo que la rodea… ni a ti.
A mí me pareció una lectura muy sensible y bastante bonita dentro de lo duro del tema. No es un libro escandaloso ni lleno de drama exagerado, más bien es íntimo, silencioso y humano, y justamente por eso logra pegarte en el corazón. 💔
No sé muy bien cómo puntuar este libro, y creo que eso ya dice bastante. No es una novela que se lea para disfrutar sin más, ni para engancharte a una historia llena de giros. Es otra cosa.
Cuenta, en parte, la historia de un hijo que cuida de su madre enferma, mostrando el día a día de una forma muy real: cambiarla, darle la medicación, verla perderse poco a poco… y sentir, casi sin darte cuenta, cómo también tú te vas rompiendo un poco por dentro. Todo eso está narrado con una precisión que, si has vivido algo parecido, reconoces al instante. No hay exageración ni dramatismo artificial. Precisamente por eso, duele más.
Hay momentos que no son grandes escenas, pero se te quedan pegados: una mirada vacía, una pregunta que no debería hacerse, un gesto mecánico que antes estaba lleno de vida. Y ahí es donde el libro aprieta de verdad, donde incomoda, donde remueve.
Pero la novela también toma otro camino: el protagonista emprende un viaje en una autocaravana vieja, acompañado de su perra ya anciana… y de su madre. Los tres se lanzan a la carretera en busca de algo que aparece y desaparece en la memoria de ella, un recuerdo difuso que podría ser verdad o simplemente un espejismo de la enfermedad. El viaje tiene algo de huida, pero también de necesidad: la de comprobar si ese recuerdo existió de verdad, como si aferrarse a eso fuera otra forma de no perderla del todo.
El estilo del autor es bastante particular. Escribe de forma muy poética, con frases cortas, a veces casi como pensamientos sueltos. Hay lectores a los que esto les puede emocionar mucho, y otros a los que puede sacarles completamente de la historia. No es una escritura neutra: o entras en ella, o te cuesta.
En mi caso, más que descubrir algo nuevo, ha sido como mirarme en un espejo. No me ha enseñado nada que no supiera ya, pero sí ha puesto palabras a muchas cosas. Y eso no siempre es cómodo. A veces incluso es lo contrario: es como si alguien te dijera en voz alta aquello que tú intentas llevar en silencio.
Por eso creo que no es un libro que se pueda valorar de forma justa con una nota. No es tanto si te gusta o no, sino lo que te toca en el momento en que lo lees. Hay lecturas que se disfrutan, y otras que se atraviesan. Esta es de las segundas.
En resumen: un libro honesto, muy humano, que puede llegar a emocionar hasta el punto de incomodar. No es para todo el mundo, ni para cualquier momento. Pero si te toca, no se olvida fácilmente.
Sé que existe ese momento en el que una lectura deja de ser unir letras y empezamos a recordar otra época. Mamá está dormida, de Máxim Huerta, me ha hecho volver a ese lugar donde todo es posible. Donde mi madre duerme y yo, su hija, sin hacer ruido, empiezo a ordenar el mundo hacia atrás. Y qué difícil es verlo a diario. Saber que lo único que quedará serán los recuerdos, el sabor de la memoria. No son los grandes recuerdos los que vuelven. Son los pequeños. Los que no sabíamos que estábamos guardando. En una frase dicha sin importancia, como comprar zapatos en “Gutiérrez”, entre muchas más. Y entonces entiendes dónde se escondía todo. Esperaba el momento en una habitación en penumbra, cerrada durante años. Y se abre, con cautela. No he sentido exactamente tristeza, porque el amor, cuando ya no sabe dónde quedarse, aprende a vivir en la memoria. En esta novela coexisten una autocaravana vieja. Una perra anciana. Una madre. Y un viaje que es una huida y acaba siendo la necesidad de comprobar si un recuerdo en concreto existió de verdad. Gracias, Máxim, por esta historia. Qué necesario es darle la mano aunque ella duerma. Qué difícil es rellenar los recuerdos, darles forma, coserlos a tu memoria para que esta no se desvanezca una vez más y te pierdas entre recovecos oscuros. Mamá está dormida, pero sus recuerdos toman presencia y crean una historia que para ella es su verdad. Aunque haya que coserla cada día. Y eso es suficiente. Que la verdad de alguien sea propia , aunque no sea la nuestra. @desdemiterraza_
El libro llegó a mis manos por casualidad y reconozco que me ha ido sorprendiendo a medida que avanzaba en la lectura. Elogio el estilo de Huerta, es fresco, actual y lleno de metáforas que hacen que disfrutes en cada capítulo. La trama también está muy bien conseguida porque, si bien, el tema principal del libro es la demencia de la madre del autor, se añaden otros como la relación madre e hijo, el amor por su mascota inseparable, historias familiares, las vidas sentimentales tanto del autor como de Aurora, su madre, el silencio de la figura femenina en tiempos franquistas y lo ocurrido en la Sección Femenina de Vera de Bidasoa.
Hay novelas que se leen… y otras que se sienten. 🥺 «Mamá está dormida» es una historia sobre la memoria, los silencios y el amor imperfecto entre madre e hijo. Con la sensibilidad de Máximo Huerta, te deja en silencio cuando terminas. De esas que se guardan en el corazón. ♥️ Totalmente recomendable 💯
Precioso, tierno, sincero ,honesto , sin ocultar la dureza de vivir en una montaña rusa de sentimientos y recuerdos de una vida que fue y que no va a volver . El hijo cuidador que sufre doblemente por el deterioro mental de su madre y suyo propio.. Me ha gustado mucho cómo ha desnudado su alma a través de su prosa con con frases para no olvidar.
“Mamá está dormida” es una novela que, en mi caso, no ha cumplido del todo con las expectativas que me había generado su sinopsis. Aunque parte de una premisa que prometía una historia intensa o emocionalmente impactante, el desarrollo resulta bastante más pausado de lo esperado.
El ritmo es, sin duda, uno de sus puntos más débiles. A lo largo de gran parte del libro, la narración se siente monótona y lenta, con pocos momentos que realmente impulsen la trama o generen un cambio significativo. Esto puede hacer que la lectura se vuelva algo pesada, especialmente si se espera una evolución más marcada en la historia o en los personajes.
Sin embargo, hacia el final la novela logra despertar algo más de interés, ofreciendo un cierre que, aunque no sorprendente, sí aporta un poco más de dinamismo y emoción. Aun así, no llega a compensar del todo la sensación de estancamiento que predomina en gran parte del relato.
En definitiva, es una historia bonita en su esencia, con cierta carga emocional y un enfoque íntimo, pero cuyo ritmo excesivamente lento puede dificultar la conexión con el lector. Ideal quizá para quienes disfrutan de narrativas pausadas y contemplativas, pero puede resultar decepcionante para quienes buscan una trama más ágil o con giros más marcados.
Una novela que, se nota, está escrita con el corazón. Una historia en la que Fede lleva a su madre de viaje a su pasado. Un pasado que está desapareciendo (Aurora es senil) pero que ha marcado la vida de la mujer. Un viaje de conocimiento y comprensión para Fede. Un viaje de miedos para Aurora. Un viaje que culminará de manera sorprendente para todos. Un viaje que nos enseña la fortaleza de las mujeres de mitades del siglo XX, a las que obligaban a soportar, callar y sonreír. Mujeres sin derechos, que existían sólo para complacer. Una lectura de las que llegan al corazón. 📖❤️
Acabo de terminarla y no tengo las palabras exactas para expresar todo lo que esta novela me ha hecho sentir, vivir, pensar, recapacitar y llorar. Máximo Huerta ha escrito una historia donde los cuidadores nos damos cuenta que no estamos solos ni incomprendidos, tan solo en un viaje al que no podemos hacer la escala deseada. Abrumada por la forma en que está escrita está historia y la capacidad de transmitir sentimientos y pensamientos del autor. Ha sido una lectura maravillosa 💖
Quizá el tema me toca demasiado cerca en estos momentos como para no poder evitar sentir un apretón en el corazón en ciertas partes de la novela. La forma de escribir de Máximo Huerta me ha sorprendido para bien. Es la primera vez que leo algo suyo y no creo que vaya a ser la última.
Es un libro para leer despacio y sabiendo que te va a dejar un sabor agridulce.
Es evidente que el autor convive con el día a día de la enfermedad neurogenerativa que sufre su madre y las personas que lamentablemente también la tenemos cerca podemos reconocer muchas de las situaciones que relata. Novela muy tierna con un giro argumental inesperado.
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No había leído ningún libro de Máximo Huerta y me gusta su manera de escribir. Está claro que parte de la novela está basada en momentos en los que convive con su madre y en los que su enfermedad es más que evidente. Yo, que también convivo con esta enfermedad en mi padre, he encontrado muchas similitudes. Es tierna y a momentos triste. Final inesperado
Extraordinaria novela, con mucho de verdad en sus palabras, y con gran ternura hacia su madre. Un poco autobiográfica. Como refiere que dice una canción de Joan Manuel Serrat, la verdad no se puede corregir. El busca una verdad que salio sin querer de la mente extraviada de su madre. Es un reconocimiento a las personas que cuidan a los que se encuentran en las ultimas estaciones de su vida, o sea personas mayores, con todo lo que implica, con la pérdida de habilidades físicas y cognitivas, con sus recuerdos y vivencias. Muy recomendable!!
"Mamá está dormida" es una novela muy íntima en la que el narrador empieza a notar que algo no va bien con su madre: confunde recuerdos, menciona a un hijo que no existe y su memoria empieza a fallar. A partir de ahí seguimos ese proceso tan duro y tan real en el que los papeles se invierten y el hijo pasa a cuidar de quien siempre lo cuidó. Es una historia sobre la memoria, el paso del tiempo y el amor en lo cotidiano.
Lo que más me ha gustado del libro es la sensibilidad con la que está escrito. Máximo Huerta tiene una forma muy delicada de contar las cosas y consigue transmitir emociones con escenas muy pequeñas, muy domésticas. Los capítulos son cortitos y la lectura fluye muchísimo, casi parece que estés leyendo un diario lleno de recuerdos y pensamientos. Además, es una historia con la que mucha gente puede sentirse identificada porque habla del cuidado de los padres y de ese miedo a perderlos poco a poco.
Es una novela que se apoya más en la emoción que en la trama. No esperes una historia con grandes giros o mucho desarrollo narrativo, porque el libro funciona más como una colección de momentos y reflexiones. A ratos también puede resultar un poco repetitivo en el tono melancólico. Aun así, es una lectura muy humana, sensible y fácil de leer, que deja una sensación muy íntima cuando la terminas. Muy recomendable.
Acabo de leer “Mamá está dormida” la esperada novela que supone el regreso de Máximo Huerta que nos regala una bella historia enmarcada en la cruda batalla que supone la pérdida de memoria y que os animo a leer.
La novela nos presenta a Aurora, octogenaria que vive con su hijo Fede, ambos comparten el día a día instalados en su rutina donde todo fluye con normalidad hasta que le pregunta por el paradero de su hermano. Fede se queda atónito al escucharla pues él siempre ha sido hijo único. Así, su realidad se ve transformada por las dudas, preguntas, confesiones, recuerdos y momentos que Fede deberá aprender a ordenar con el fin de intentar encontrar la verdad a lo que su madre va contando de su vida planeando un viaje al lugar donde vivió de joven.
Una novela escrita con la magistral pluma de Máximo y en la que nos regala una historia dura pero de gran belleza, instalada en la calma y el afecto mostrándonos los efectos de un amor incondicional que fortificándose sobre la tristeza es capaz de recomponer con valentía las partes ajadas del lienzo, que es la vida, rasgado por la memoria, mostrando las partes que ha sabido guardar a conciencia la mente de su protagonista; todo ello con ese juego de una relación maternofilial que afronta la dura etapa en la que conciencia y subconsciencia libran un pulso constante ante el desconcierto de quienes les rodean, en el que el tiempo es confuso, la orilla del presente se deja bañar por los mares del pasado dejando esparcidos los recuerdos de una vida, instantes en que la felicidad se mezcla con el miedo, la verdad sale a flote desvelando secretos y momentos cobijados en ese lugar del que si no fuese por la demencia quizá jamás hubiesen sido revelados.
Así que, sin lugar a dudas, si os apetece leer una historia íntima, contada con la delicadeza y sutileza de la que Máximo vuelve a demostrar que es maestro, no dudéis en conocer a Fede y Aurora, acompañadles en este viaje emocional que harán desde un presente interrumpido por la desmemoria para dejar que el pasado les muestre la verdad de lo que fue y sed testigos de lo que ocurre cuando #MamáEstáDormida
La vejez aniquila, devora y, una vez en marcha, no necesita causa alguna. ¿Qué importa lamentarse cuando uno ya va rodando por ella? Tratas de ganar tiempo, pero solo lo pierdes.
Las palabras que no se dicen se quedan atragantadas para siempre, se hacen bola, o costra. Y cicatriza todo mal.
Mamá tenía la capacidad de generar alegrías hasta con los recortes de periódico que utilizaba para mis trabajos de plástica: geometrías imposibles. Podría haber sido lo que hubiera querido, eso lo supe con el tiempo. Pero fue solo madre. Solo.
Dicen que todo lo acabaré perdiendo, que irá a Cáritas y que olvidaré las cosas principales, quedarán los detalles y algún aroma que aparecerá en algún paseo. Su tacto se irá, también su voz. Oh, la voz. Debería grabarla, debería sentarme y forzar una conversación en la que me diga «Te quiero, hijo». De pronto, otro miedo.
Los libros son máquinas del tiempo. Tienen la habilidad de abrirnos la puerta, sin ruidos maliciosos, sin contraseñas, de entrar en otra estación, pasada o futura. Habitas en ellos, ante la adversidad del frío, ante la vomitona de malas noticias que llenan el mundo, ante los desastres del hogar. Y te quedas en ellos, si quieres. Voluntariamente. Escribir es hablar solo.
Ver desnuda a una madre es ver cómo la vida se ha arrugado por ti, ante ti: las canas, las pieles secas, las manchas, las carnes flácidas que son de ella y también anuncio de las mías, las que alguien a mí me limpiará en alguna residencia.
Empecé a verla como una superheroína, y eso me convirtió en un niño vacilante. Porque depositar tu salvación en otro implica dejarse, abandonarse a la flaqueza.
Las viejas pintadas somos como los cuadros del museo, esos que están cuarteados para el restaurador. Un horror. Se ven las grietas entre los colores. —Pero eso es historia. Un cuadro viejo es hermoso y... valioso. —Que no te digan tonterías. A las viejas no nos exponen.
Desde que la noche del lunes terminé esta novela he estado pensando en cómo escribir una reseña que este a la altura de lo que me ha hecho sentir. Al final he decidido "soltar lo que me dicen las tripas". Creo que es lo mas coherente y sincero por mi parte.
En esta historia un hijo nos cuenta lo duro e ingrato que puede llegar a ser el cuidado, aunque sea a la persona que más quieres en el mundo, y también la belleza de los momentos compartidos que suele compensar el resto. Y es que cuidar de alguien con demencia es agotador, frustrante, lleno de renuncias, poco reconocido e incluso infravalorado por la sociedad. Ese cansancio psicológico a veces nos hace decir o hacer algo de lo que luego nos arrepentimos y la culpa te invade. Y a la vez es enriquecedor y muy gratificante a nivel personal. Si, asi de contradictorio y maravilloso es el mundo de los cuidados.
Pero como siempre que me adentro en una historia de Máximo se que esta tiene más capas y lo mas probable es que el final te deje ojiplatica. Y así ha sido.
Una pregunta, aparentemente cotidiana, hace saltar las alarmas del hijo y decide embarcarse con su madre en un viaje en autocaravana junto con su perra. Ese viaje será el hilo conductor para, no sólo contarnos el rol de cuidador, que también, sino para homenajear a toda una generación de mujeres que "huyendo" de la opresión del hogar se adentraron en la "cueva del lobo" y fueron silenciadas e ignoradas. Unas mujeres que tuvieron que vivir con una carga psicológica de manera silenciosa y que fueron el pilar de la sociedad y de las generaciones futuras.
Gracias, Máximo por dar voz a tantas mujeres y "vengarlas" en ese inesperado final. Gracias por la dedicatoria, la siento un poquito mia.
Pd: Federico llama a Amparo. Pd2: Una vez una señora a la que cuidaba dijo: "No sé quien eres pero sé que te conozco porque no te tengo aquí (se señaló la cabeza) pero te tengo aquí (y se señaló el corazon). No tengo nada más que añadir.
Una novela emocional y sincera que, desde la ficción, dibuja la realidad de quienes están al cuidado de una persona con Alzheimer; en este caso, un hijo cuidando a su madre enferma.
La historia llega hondo, habla de envejecer, de cuidar, de sentir, de emocionarse, de hacer frente a una realidad para la que nadie nos prepara y que hace saltar una o varias vidas por los aires. Hay tantos daños colaterales en el hecho de hacerse mayor como en el de asumir la responsabilidad de cuidar a quien envejece. De todo esto habla esta novela sincera, donde no se sabe dónde quedan el propio Máximo Huerta y su madre y dónde empiezan Aurora y Fede, sus protagonistas.
Todo está narrado de una forma cuidada y, al mismo tiempo, directa al corazón del lector. A veces desde el cariño, otras desde la nostalgia, también desde la impotencia o el dolor.
Pero la novela es mucho más que eso. Es, además, el retrato de una España lejana y cercana, al mismo tiempo, dibujada en torno a la figura de la mujer y su papel impuesto en la sociedad. Y, también, una "road movie" literaria que cruza media España en autocaravana para tratar de desentrañar un secreto del pasado que, paradójicamente, ha quedado desenterrado por la demencia.
Si te gustó "Adiós, pequeño" o "La noche soñada", creo que esta historia también te gustará. Ya se ha convertido en uno de mis libros favoritos de Máximo Huerta.
Gracias a “Mamá está dormida” por la paz extraña que me ha dejado al cerrarlo.
Es una historia sobre secretos familiares, sobre la memoria y sobre ese territorio difuso donde el pasado se mezcla con el olvido. A través de los recuerdos, el silencio y las preguntas que quedan flotando, la novela nos lleva a mirar hacia atrás para entender quiénes somos.
Las familias siempre esconden capítulos manchados de vergüenza o dolor. En este pequeño pueblo del norte de España, el papel de la mujer —tan marcado por el silencio de otras épocas— guarda secretos que han permanecido ocultos durante años.
Mientras tanto, un hijo cuida a su madre enferma de demencia e intenta reconstruir la verdad que se esconde en esos fragmentos de memoria que aparecen y desaparecen. Busca respuestas en historias que quedaron entreabiertas, en palabras que nunca se dijeron.
No esperaba esta historia. Tampoco esperaba terminar el libro con una sensación de paz amarga, como quien acaba un largo viaje en busca de la verdad y entiende que algunas respuestas llegan tarde… pero aun así traen calma.
Una novela íntima y delicada de Máximo Huerta, que habla del tiempo, del silencio y de todo lo que las familias callan.