Después de más de treinta años de servicio en la conserjería de un colegio, Leo Almada, el majareta, es prejubilado inesperadamente. Este hecho lo llevará a protagonizar un perturbador episodio en el que los principales afectados serán los alumnos del centro. Conmocionados por lo ocurrido, todos en el barrio compartirán cuanto saben de él y opinarán sobre las razones que llevaron a este hombre a cometer lo que para algunos fue una locura y, para otros, la peor de sus pesadillas.
Majareta es una deslumbrante novela compuesta por los testimonios de aquellas personas que conocieron a su protagonista. Todos parecen tener algo que decir sobre el conserje, sus inquietantes hábitos, sus secretos inconfesables y los motivos por los que siempre fue considerado uno de los hombres más raros del barrio; también uno de los más buenos, tiernos, discretos y generosos. De este modo, asistimos a la formación de una luminosa y disparatada constelación de relatos en la que se revela una vida hecha de contradicciones, verdades a medias, mentiras necesarias y giros inesperados.
Con una originalidad desbordante, Majareta es una obra que hace de la oralidad y del humor su manera de llegar al corazón de esos tormentos que a veces arrastramos durante toda una vida. La nueva novela de Juan Manuel Gil es profundamente divertida, única y vibrante hasta la última página, y nos adentra en esa luminosa ficción que nos permite desentrañar la oscura realidad.
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Almería, formó parte de la primera promoción de residentes de la Fundación Antonio Gala de Córdoba, en el curso 2002-2003.
Con su primer libro, Guía inútil de un naufragio (2004), obtuvo el Premio Andalucía Joven de Poesía. Desde entonces se ha centrado en la novela: Inopia (2008), Las islas vertebradas (2017) y Un hombre bajo el agua (2019). Es autor, además, de dos volúmenes de difícil clasificación: Mi padre y yo. Un western (2012), que le valió el Premio Argaria, e Hipstamatic 100, una recopilación de textos en los que mezcló vida y actualidad.
En febrero de 2021 obtuvo el premio Biblioteca Breve de novela, galardón convocado por la editorial Seix Barral, por su novela Trigo limpio.
Bueno, pues ya es el tercer libro que le leo a Juan Manuel Gil y siempre ofrece alguna propuesta novedosa, aquí lo más novedoso me parece el lenguaje disparatado y un poco retro que usan los protagonistas, también un poco atípicos algunos.
El planteamiento de muchos personajes intervinientes y dando forma a la historia, como testigos de cargo de hechos, situaciones o personajes, está más trillado, pero no deja de ser bueno (al final, casi todos los estilos y formas están ya inventados).
Como calificamos este artefacto de Gil ¿Tragicomedia? ¿Comedia? Tal vez comedia con trasfondo existencialista y trágico...no lo sé realmente. No existen nombres para los personajes, se les denomina por el trabajo o la relación con el protagonista Leo. Maneja el autor un lenguaje como decía muy castizo, retorcido, chocarrero a veces, como muy del siglo pasado. Como digo no es nuevo el planteamiento de numerosos personajes opinando o formando el discurrir del protagonista principal o del hecho principal de la trama, pero sí que es la primera vez que veo usar un sentido del humor tan macarrónico y que no se caiga la historia, o que por momentos no pienses en el protagonista de forma piadosa.
Creo que ha sido el final el que no me ha dejado darle el premio de la quinta estrella.
Sin duda una de las novedades que más ganas tenía de leer en el inicio de este 2026 era este “Majareta” que nos trae de vuelta al genial y brillante Juan Manuel Gil.
Ya son años siguiendo la pista a este autor nada convencional pero que con un estilo diferente y siguiendo fiel a su forma de escribir, nos presenta con su humor mordaz e irónico, historias que parten de un hecho concreto y por la que hará deambular todo un conjunto de personajes cotidianos, humanos, enfrentados a la moral de lo convencional y que acaban por ser un reflejo de la sociedad actual que os animo a descubrir (si no lo habéis hecho aún).
En esta novela nos acerca a la figura de Leo Almada, conserje de un centro escolar que tras ser prejubilado prematuramente comete un último error que afecta al alumnado del centro y por ende, afectará a muchas familias del barrio. Ese incidente abre las puertas a la necesidad de hacer justicia e intentar entender lo ocurrido, y es ahí donde un joven escritor investigará y recogerá cuanta información pueda sobre lo ocurrido de mano de los testimonios de compañeros del centro, antiguos alumnos, gentes del barrio, amistades y familiares.
Con el bisturí afilado y la precisión de un gran cirujano de las letras, una vez más ofrece una obra de facturación impecable en el que destaca ese estilo tan personal y depurado, que tan bien le funciona al autor, dando una nueva vuelta de tuerca a la novela testimonial, en la que la verdad va cogida de la mentira, la veracidad se puede ver embrutecida por las noticias asentadas en la rumorología y en la que el culpable puede ser inocente o simplemente ser el reo al que colgar el San Benito por la mala fortuna que le ha acompañado por culpa del azar con el paso de los años creando una imagen colectiva distorsionada de la realidad o no.
Así que, si tenéis ganas de pasar un buen rato y acompañar al autor protagonista a tejer el tapiz que conforma las venturas y desventuras de la vida de Leo Almada, no lo dudéis un instante, tomad asiento y preparad la mente para recapitular y conocer los testimonios de quienes apodan al enigmático conserje como #Majareta
Nos encontramos ante una novela de lo más original, una novela coral y muy humana. A partir de un suceso que no conoceremos hasta avanzada la novela el autor construye una historia donde los testimonios de varios personajes aportan algo a este enigma que gira en torno a Leo Almada, el “Majareta” La estructura de la novela es como una investigación colectiva donde cada vecino, profesores, y demás personajes van reconstruyendo el misterio según su punto de vista, teniendo así, diferentes versiones de un mismo tema, diferentes perspectivas, contradictorias y algunas muy emocionales. Este tipo de estructura que ya se ven en otras grandes obras, permite al lector darse cuenta como diferentes versiones pueden distorsionar y cambiar por completo una realidad, en este caso de una persona marcada por una vida muy dura, con un trauma familiar detrás de todo. El autor combina humor, ironía, pero también tragedia, sin perder el ritmo en ningún momento, tiene ese dinamismo que le da cada personaje. Una novela emotiva que engancha desde la primera pagina, perfecta para leer prácticamente del tirón y que disfrutaras mucho con todos sus personajes.
No tiene ningún tipo de sentido, tampoco hilo conductor, para colmo la trama principal es confusa y no te puedes fiar de ningún narrador... Podría haber salido TAN bien... En su lugar ha quedado una historia un tanto mediocre y no muy memorable ://
Se me hacía bola todo el rato porque la forma de narrar es muuuuy pesada, el 99% de los capítulos era un párrafo larguísimo y no podía evitar desconcentrarme. Esto, obviamente, ha hecho que me haya perdido muchos detalles de la trama y, por ende, también el interés :((
Lo he terminado porque es para un club de lectura, pero lo cierto es que es muy sin más. Me ha recordado 1 poco a Eduardo Mendoza, pero creo que él habría sabido llevar mucho mejor la historia.
Desternillante. Una novela, me atrevería a decir coral, escrita con mucho sentido del humor, en ocasiones finísimo. Recuerda a Eduardo Mendoza y sus personajes. Lo recuerda por lo estrafalario de los mismos pero también por los registros del lenguaje. El juego con el tono se hace delicioso y risorio. A partir de un hecho, los diferentes personajes van dando su versión y explicando las interrelaciones entre ellos al escritor de la novela, en una suerte de declaraciones a cuál más divertida, siempre con un tono formal, lo que constituye la clave de su humor, como en Mendoza, Woody Allen, etc. Y como en estos, la narrativa no está exenta de guiños y crítica a la sociedad actual, consiguiendo una combinación muy fina entre el sarcasmo y la narrativa.
Segundo que me leo de Juan Manuel Gil. Y sigue sin fallar. Este, si cabe, mejor.
Un collage de supuestas entrevistas, a modo de pesquisas detestivescas para determinar quién es el conserje majareta, y, sobre todo, qué le motivó a hacer lo que hizo (sin saber casi hasta al final que es lo que hizo). Todas las piezas del puzle van poco a poco encajando, con ritmo a ratos, con más parsimonia en otras. Las entrevistas vienen "digeridas" por la voz del autor, que nunca habla directamente como narrador. Si hace falta que nos cuente algo, lo hace de forma indirecta a través de "el amigo necesario del autor", casi como segunda personalidad.
Lo que cuenta, engancha. La forma en la que va retratando el pequeño mundo de un barrio obrero de Almería, de las relaciones en el colegio, ... por si solos ya valen la lectura. Pero, sobre todo, es como lo cuenta. Con el mismo humor que tenía en Trigo limpio, adulto, con retranca, casi con malafollá granaína, una delicia. Y, en este caso, el final si está mucho mejor resuelto. Desde ya, voy a recomendarlo.
No puedo ser la única que pensaba que el muñeco de la cubierta iba a tener algo de presencia. Es graciosete y en mi cabeza ya me había montado la película de que era un amigo imaginario que le dices cosas raras al conserje impulsándolo a hacer lo que hace. Habría sido un giro esquizofrénico chulísimo.
El conserje de un colegio ha hecho una cosa con los niños y al principio no sabemos qué ha sido. Un escritor y su fiel amigo van a ir recogiendo testimonios de todo el barrio y más allá para esclarecerlos hechos.
Nada más empezar te das cuenta que no va a ser una lectura tan ligera como parecía, no hay ni un solo diálogo en todo el libro. Cada capítulo es la declaración de un personaje al que no volveremos a leer. No es una entrevista para sacar una información, es vómito de datos y verborrea sin una pausa para respirar.
Esto es algo bastante arriesgado y sí le concedo que resulta original, pero la ejecución para mi gusto ha sido regulera. Es muy difícil hacer que tantísimo personaje tenga una voz propia pero aun así entre todos los que hay, llega un momento (bien pronto en la novela) en que todos suenan igual. Y no ayuda ni un poquito la estructura de soltarlo todo sin anestesia. Los puntos y aparte solo existen para cambiar de capítulo, y todo es un bloque que no sabe lo que es dividir en párrafos. Tal vez hasta deberíamos dar las gracias porque se usan puntos y seguidos. Hay un par de capítulos que tampoco saben lo que es eso y esos sí que son para tomarse un descanso al acabarlos. Respirar está sobrevalorado.
Entiendo perfectamente que es la intención del autor, pero por ese lado es una lectura que no me invitaba a seguir y que lo he acabado por ser de club de lectura, si no la verdad es que probablemente hubiese abandonado. Tampoco le he encontrado ese sentido del humor que se dice por ahí.
Mi esperanza era conectar con la situación del conserje viviendo en el colegio, pero al final eso importa poco. Está entretenido ir viendo la versión de cada uno de lo que pasó, pero en mi opinión se va muchísimo por las ramas y la mitad de las cosas se sienten puro relleno. Ni siquiera se porqué el conserje hizo lo que hizo, y por lo que he podido ir comentando antes de la reunión nadie lo sabe así que... tenía potencial. Le damos puntos por originalidad en el formato, pero no es algo que me gustaría repetir.
Primera vez que leo al autor y quedé fascinada. Que manera de cambiar de voces y lograr sentir la diferencia. Pasa de narraciones divertidas y personajes inverosímiles a densas historias y personas tan reales como los de la vida misma. Conforme va avanzando la historia se va sintiendo el peso de la verdad y todo lo que arrastra a su paso. La historia misma te va llevando a diferentes emociones y q terminarla con sentimientos encontrados.
Muy divertido e inteligente. Me sentía como una vieja del visillo queriendo saber el cotilleo. Te hace pensar cómo nos vemos influenciados por lo que opina la gente y la fuerza de la opinión pública, aunque la verdad sea otra…
Fui a la presentación de este libro y fue fantástico: muy interesante y divertido. Juan Gómez Gil es una persona peculiar (en el buen sentido 😂). Se nota el cariño que le tiene a sus libros y a sus lectores. Nos estuvo hablando del libro, pero la charla pronto tomó otro rumbo (¿o no?) y acabamos hablando del humor. No sé cuándo empezó a considerarse el humor como algo de menor valor, algo que tiene que estar relegado a un rincón de las librerías y bibliotecas. Porque, como muy bien dice Gómez Gil, el humor es parte de la literatura (¿El Quijote, hola?) y de la vida, igual que lo son el drama, el amor o la tragedia. Es un mecanismo de defensa, una manera de interpretar el mundo, de suavizar el dolor, de poner las cosas en perspectiva, de reírnos de nosotros mismos y no darnos tanta importancia. Y creo que justamente ahí está la clave. Hace falta mucha inteligencia y sensibilidad para no tomarnos demasiado en serio, y de esos vamos escaseando últimamente; en la vida como en la literatura, que al final van a ser un poco lo mismo. Porque, como dice el autor, durante el día tenemos un 10% de epicidad (yo diría que menos) y un 90% de esperpento. Cuando nos despertamos por la mañana y nos vemos al espejo, estamos para el traste, no para las pasarelas. Hoy en día parece que solo se quiere enseñar ese 10% poético, con el pelo perfecto y bajo la luz del atardecer; ese 10% que mostramos al mundo porque nos da miedo que vean lo que realmente somos: unos locos tragicómicos. Y la literatura refleja muy bien esta tendencia. Además, si lo pensamos bien, es bastante más fácil hacer llorar que hacer reír. La tragedia es universal: la muerte, la traición, el dolor… más o menos nos atraviesan a todos. El humor, en cambio, está mucho más ligado al tiempo, a la sociedad y a la cultura que nos rodea. Es una apuesta arriesgada. Pero la verdadera apuesta, la empresa, la verdadera finura, lo que convierte una obra en algo más que eso, es la capacidad de hacer reír en el llanto. Esa emoción tan típicamente humana, esa luz en mitad de la desesperanza que nos empuja a seguir adelante a pesar de las dificultades, es todo un logro trasladarla a las páginas. Dicho esto, en honor a la verdad, tengo que decir una cosa. Antes de ir a la presentación tenía una pregunta en la cabeza que al final no llegué a hacerle, porque la respuesta quedó bastante clara escuchándolo hablar. Quería preguntarle si escribir el libro con este tono, tratando temas duros y profundos desde el humor, había sido una decisión deliberada, casi una declaración de intenciones, o si simplemente era la manera en la que le sale escribir. Y quedó claro que lo segundo: que su escritura es, en el fondo, una extensión de él mismo. Y yo no sé si eso lo convierte en mejor o peor escritor, pero para mí seguramente lo convierte en mejor persona. En fin, que me he acabado enrollando como una persiana y me he ido por las ramas. Pero resumiendo: leer este libro ha sido un soplo de aire fresco, una experiencia de vida verdadera y, de paso, unas puras carcajadas. Tenéis que leer este libro. Porque es una maravilla. Porque va de la tragicomedia de nuestra existencia. Porque va de todos nosotros, unos majaretas. Porque va de la vida.
Juanma Gil siendo, una vez más, Juanma Gil. Libro divertido, enigmático y escrito con una prosa que hace que siempre que acabas un capítulo digas “venga, uno más “. Juanma ha despuntado con cada una de sus novelas pero puedo afirmar sin miedo a equivocarme que estamos ante uno de los grandes novelistas actuales en España.
¿Cómo he podido tardar tanto en leer a este autor? He disfrutado tanto el libro que quiero que se lo lean todos mis amigos. Una composición extraordinaria de una historia que te muestra una y otra vez que no todo es lo que parece. Es NECESARIO leer este libro.
La manera en la que se desgrana la historia poco a poco, como cada persona tiene su versión de los hechos y cómo cuadra todo sin resultar evidente pero siendo completamente plausible, hacen de este libro una delicia que no puedes dejar de leer.
Premisa: Leo ha sido el conserje del colegio durante décadas e inesperadamente se prejubila. Conoceremos retazos de su historia a través de los testimonios de aquellos que le conocieron, quienes divagarán acerca del suceso que tanto conmocionó a su entorno y condicionó su destino.
Opinión: Llegó el momento de leer a Juan Manuel Gil, uno de los autores más remarcados dentro de mi lista de obligado cumplimiento: aquellos de los que no hago más que oír estupendas referencias y que creo serán referente desde el momento en que comience alguno de sus títulos. Imaginad mi estupefacción cuando recibí un mensaje suyo ofreciéndome leer su último título: si no grité es porque mi sistema de control inhibitorio necesitaba dar la oportunidad a que pudiese procesar el hecho de que no me encontraba en un universo paralelo.
Con toda la emoción que podía gestionar, comencé la novela dispuesta a descubrir la historia de Leo. Supuse que tendría que ir recomponiendo piezas de un puzzle, pero no me podía hacer a la idea de la variedad de testimonios y de voces diferentes que componen el relato de nuestro carismático conserje. Así, averigüé que tendría que esperar impacientemente a que se revelase el suceso que condiciona su vida y que va asomando la patita desde las primeras páginas del relato.
A medida que se van desplegando anécdotas y circunstancias en las que Leo se vio envuelto a lo largo de su vida, conectamos con la imagen y la figura a la que tanta gente tiene tanto cariño: un hombre repleto de ternura, carisma y personalidad; alguien que llegó a estar en boca de todos y que dejó una huella más luminosa de lo esperado. Al recorrer parte de su historia, es imposible no conectar con algún momento de nuestra infancia o recorrido vital, y la melancolía se añade a la mezcla de sensaciones que el autor estimula.
Juan Manuel Gil nos hace sentir parte del proceso de investigación, favoreciendo el incremento en el ritmo narrativo y llevándonos a experimentar una última parte frenética en cuanto a las revelaciones que encierra. Quizá sentí que la parte central me llevaba a dispersarme, pero en realidad me estaba preparando para el acelerón pertinente. De hecho, quise releer los últimos capítulos para poder asentar el orden de las piezas y disfrutar mejor así de la imagen completa.
Una propuesta que nos hace conectar con lo importante y valorar a las personas con la perspectiva adecuada, y todo ello desde la ternura, el entretenimiento, el humor y la inteligencia. Tras disfrutarla así, ya tengo preparado el siguiente título con el que continuar su obra; no hay lugar a duda
Me cuesta reseñar un libro tan “boom” porque siento que ya todo está dicho. No suelo dejarme llevar por lo viral, así que esperé a que bajara el ruido para leerlo con más calma. Desde el inicio me llamó la atención su portada —con “Blue”, el personaje de terror del juego Roblox— y su título, “majareta”, cuyo significado tuve que buscar (algo como alguien loco o excéntrico). No entendía bien la relación entre todo, pero aun así me animé a leerlo por tantos comentarios positivos. La historia gira en torno a Leo Almada, un conserje de colegio prejubilado, y un escritor que intenta reconstruir quién es a través de distintas voces. Es una narración coral, ágil pero inquietante, donde cada versión suma y contradice, haciendo que nunca tengas una verdad clara. Al final, el libro deja una reflexión interesante: cómo construimos la imagen de las personas a partir de lo que vemos o nos cuentan, sin llegar nunca a conocer toda la historia. Quizás la verdadera pregunta no es quién es Leo, sino por qué necesitamos tanto creer que lo sabemos.
La novela Majareta destaca por la originalidad de su narración y un tono lleno de ironía que genera situaciones tan absurdas como divertidas. Su voz narrativa le da mucha personalidad, aunque por momentos la historia se vuelve algo repetitiva y da la sensación de que le sobran algunas páginas. Aun así, resulta una lectura curiosa y con carácter.
Al principio lo había valorado con 3 estrellas porque, a ratos, se me hizo pesado y perdía el vínculo que relaciona a unos personajes con otros. Sin embargo, el final es vertiginoso y el capítulo "El hombre extraño que sabe de personas muertas" me parece magistral, al nivel del más hilarante Eduardo Mendoza. Así que 4 estrellas.
Original en la forma y en el argumento. Es difícil crear intriga centrando la acción en un barrio popular con personajes corrientes. Pero, sin duda, lo mejor es el humor, que recuerda a Mendoza y Orejudo. Una novela de las que me tengo que dosificar para no acabarla en dos tardes
He llegado a la conclusión de que Majareta podría ser mi historia y también la tuya. Porque tú eres marajeta y yo también lo soy, seguro, a ojos de alguien que nos está juzgando.
El autor juega durante toda la novela. Juega con la verdad, juega con los testimonios, juega a cotillear lo más grande y juega también con la estructura narrativa que acostumbramos a leer.
A Leo, el protagonista, lo construye cada lector a partir de testimonios, chismorreos, especulaciones y palabrería del resto de personajes. Aquí cada uno cuenta su movida. Te van escupiendo información. A veces subjetiva, a veces exagerada, a veces rocambolesca, a veces contradictoria y a veces de dudosa procedencia. Lo que sí que sabemos es que a Leo quieren jubilarlo de forma forzosa y que la lía parda.
Y llegados a este punto te das cuenta de que el autor juega también a otra cosa; al tú decides. Y es por esto que creo que la verdad sobre todo lo que he leído es una mera composición personal, y créeme cuando te digo que si te animas a leerlo, tendrás la tuya propia y diferente a la mía.
Qué facil es etiquetar a alguien de rarito o excéntrico y que difícil desmarcarse de esa etiqueta. Porque la percepción social y los rumores pueden definir y moldear la imagen de una persona independientemente de la verdad.
Reflexivo, divertido, ácido y profundo. Así es Majareta. Y por supuesto, mención especial a esa cubierta que me flipa.
El libro tiene sus partes buenas, por momentos es gracioso, se deja leer bien, pero le encuentro un problema. Queriendo ser una novela coral, con múltiples testimonios de personajes alrededor del protagonista, el tal majareta, conserje de colegio de curas, resulta que lo acabas leyendo como si todos esos fragmentos del puzzle tuviesen la misma voz y eso hace que en ningún momento me crea a los personajes. Escrito con un único narrador hubiese ganado, creo yo. Aparte de eso, es que la historia es ni chicha ni limoná.
Original y entretenida novela en la que vamos descubriendo la verdad de un suceso ocurrido muchos años atrás, a través de los testimonios que cuentan varias personas, desde su punto de vista, de un suceso ocurrido recientemente protagonizado por el conserje de un colegio al que jubilan anticipadamente.
De lo más original que he leído en mucho tiempo. Sin duda un libro del que me acordaré con el paso del tiempo. Una historia que parece de lo más peculiar y que se convierte en algo con mucho que descubrir.
Un formato muy original y ameno . Una novela coral en la que cada cosa tiene su sitio y es al final cuando se cierra el círculo con coherencia . No me imaginaba nada así . Esta muy bien .
Tras demostrar que uno puede ser tan cretino como tu cuñao Fernando opinando de temas diversos, el crítico literario de El confidencial se deshace en elogios con este Majareta. Cuando se alaba en estos términos de una novela desde un periódico tenemos la obligación de desconfiar, generalmente hay intereses compartidos o se hace por amistad, pero claro, siempre hay un resquicio para que se trate de una buena novela y por ahí ya nos han pillado.
Lo cierto es que con este hombre nunca se sabe, hace tiempo cultiva la crítica de Schrödinger, que, como hemos visto en el humor, consiste en dejar varias piezas sueltas en tu composición para generar una ambiguedad que te permita dirigir tu opinión según sople el viento. Por ejemplo en el humor, haces un chiste de gitanos, y si la cosa se pone fea pues dices que lo que tratas es de denunciar el racismo de la sociedad. Aqui un poco lo mismo. Asi que una crítica buena puede no serlo y de serlo podemos desconfiar de su propósito, que es un poco el motivo por el que no podemos fiarnos de ninguna crítica en la actualidad.
Nos ponemos con la novela y encontramos que majareta es el conserje de un colegio de curas a quien acaban de poner de patitas en la calle. El motivo, las causas, ese es un poco el truqui del libro. A partir de aqui van tomando voz personajes, muchos, con diferentes grados de aproximación para ir destripando el misterio. Y esta es la propuesta, un que es lo que pasó, por qué lo de majareta y los intringulis familiares, un tesoro que el autor dosifica y estira como esos chistes eternos basados en esconder la pelotita hasta una resolución que después de media hora importa lo justo si el viaje ha merecido la pena claro. Dicho de otro modo, la novela no cuenta gran cosa, al menos, cosa de enjundia o de profundidad, trascendencia o poso.
El problema que le encuentro es que el nudo, como en estos chistes, se puede narrar en un par de páginas, asi que la parte disfrutona debe estar en la ejecución, como, ya digo, los chistes de Chiquito que podían ser los peores del libro y no importaba demasiado. Y el andamiaje aqui son monólogos de decenas de personajes, cada uno de ellos dejando una pista, una orientación, una sospecha. Podían haber sido saltos atrás y adelante en el tiempo, fraccionar la narración, meter morcillas interminables pretendidamente profundas, pero eso no toca hoy, aqui se opta por el monólogo coral a modo de postal para enmascarar un intringulis endeble. Por desgracia y en mi caso antes de la mitad de la función el ardiz narrativo lejos de parecerme una genialidad me ha aburrido bastante y subconscientemente lo he leido como la juventud a x2 buscando las migajas que el autor ha ido diseminando entre los monólogos para que el lector se entretenga componiendo el puzle.
El motivo principal del desinterés puede ser el estilo doña Adelaida empleado por el autor. Si conoces el personaje de Doña Adelaida ya estás para mosquearte con la oleada de libros de lucha intergeneracional que parecen haberse puesto de moda. En los noventa hubo una moda de telenovelas sudamericanas, principalmente de Venezuela (que tiempos aquellos cuando solo conociamos Venezuela por los lios del Luis Alfredo de turno) y esta señora hacía una entradilla de cinco minutos antes de cada capítulo soltando un chorrazo de verborrea costumbrista en plan, fui a la pescaderia, que hay que ver como están los jureles, sales con cinco mil pesetas y vuelves con la bolsa vacía, pues es que la pescadera, que tiene una hija separada porque él le daba muy mala vida como la prima hermana de la protagonista de la novela.. y así. Pues bien, esa es la propuesta del autor, y está muy bien (o no) que nos quieras contar lo que nos quieras contar dándole voz a tanta gente para que cada uno deje su pincelada y ponga la pieza del mosaico, pero coño, si todos hablan igual, con los mismos dejes, expresiones y la misma voz o muy similar pues no esperes que la cosa no rechine y la credibilidad se resienta un tanto, no puede sonar igual una adolescente que el director de la puta escuela de 50 años. No puede.
Y si resulta que el plato principal de tu propuesta es el trilerismo narrativo, es decir, embarullar algo que se puede contar de dos patadas, pues que quieres que te diga, que si, que Javier Marías hizo carrera literaria de eso (y cosas peores porque encima era pretencioso), pero para mi la cosa se me queda como muy corta y bueno tampoco necesitamos más trileros.
La novela se articula en torno a la figura de Leo Almada, conserje de un centro escolar que, tras ser prejubilado de forma prematura, toma una decisión unilateral cuyas consecuencias impactan directamente en el tejido social del barrio y en varias familias del entorno educativo. Este incidente actúa como el motor narrativo que impulsa a un escritor a iniciar una investigación exhaustiva para desentrañar la verdad tras el suceso.
Lo más destacado de la obra es su arquitectura coral. La investigación no se presenta de forma lineal, sino que se construye a través de diferentes testimonios: antiguos alumnos, compañeros de trabajo, vecinos, amigos y familiares. Esta técnica permite tejer la imagen del protagonista a partir de miradas parciales, prejuicios y verdades a medias. La originalidad de esta estructura radica en cómo los testimonios, a menudo contradictorios y cargados de subjetividad emocional, obligan al lector a ejercer de juez en un escenario donde la verdad absoluta brilla por su ausencia.
Un elemento fundamental es el humor que actúa como una herramienta de contraste para abordar temas más dramáticos. Bajo una superficie aparentemente ligera y disparatada, se esconde una crítica a las estructuras sociales. El autor logra suavizar la carga dramática sin restarle profundidad, manteniendo el suspense sobre el desenlace de los hechos prácticamente hasta el final de la narración.
El eje de la novela gira en torno a la rumorología y su capacidad para dictaminar la culpabilidad o inocencia de un individuo, independientemente de los hechos objetivos. Juan Manuel Gil explora cómo la perspectiva ajena y lo que la gente elige creer —basándose en sus propios sesgos— distorsionan la identidad de una persona. En el juicio público, el relato más compartido suele imponerse a la realidad, terminando por sepultar la historia de alguien marcado por una vida dura y un trauma familiar.
Uno de los aspectos más inquietantes es que, como lectores, nunca accedemos a la identidad auténtica de Leo Almada; solo percibimos las proyecciones y sombras que los demás arrojan sobre él. El libro nos invita a reflexionar sobre si es posible rescatar la esencia de una persona despojándola de las etiquetas impuestas por su entorno.
Como sociedad, cargamos con la responsabilidad de estas construcciones, aunque la novela evidencia lo complejo que resulta eludir el prejuicio. Nuestra mirada está inevitablemente condicionada por sesgos cognitivos y culturales integrados en nuestra personalidad, los cuales actúan como un filtro que distorsiona la realidad del "otro" a través de nuestra propia subjetividad.
Aunque este tipo de novela no se encuadra dentro de mis géneros habituales de lectura, su propuesta narrativa me resultó muy entretenida. El mayor acierto es la capacidad de invitar a la reflexión sobre cómo la sociedad construye "verdades" a través de la fragmentación de la información. Es una lectura recomendada que destaca por su capacidad para explorar la vulnerabilidad humana tras la máscara del juicio público.
Hace tiempo leí Trigo limpio, del mismo autor, y me fascinó su originalidad a la hora de contar historias. Recuerdo que en mi reseña comenté que al inicio descolocaba un poco, pero que una vez colocabas la estructura en tu cabeza, todo cobraba sentido.
Con Majareta me ha ocurrido algo muy parecido: al principio te desconcierta, pero de repente haces clic… y una sonrisa lectora aparece en tu cara.
Lo primero que quiero destacar es la originalidad de su estructura. Si hablamos de novela coral, aquí tenemos uno de los ejemplos más claros de lo que significa realmente este concepto. Cada capítulo está narrado por un personaje distinto. En ocasiones nos reencontramos con el mismo narrador —o más bien entrevistado—, pero la tónica general es que cada capítulo esté contado por personas muy diferentes y de lo más variopintas. Y me diréis: ¿por qué?
Pues bien, esta es la historia de Leo, un conserje del que pronto sabemos que ha sido prejubilado en el colegio donde trabajaba, de manera casi fulminante. También sabremos muy pronto que Leo ha hecho algo terrible con los niños del colegio… pero no sabremos qué. Nuestro escritor, en un papel casi de investigador, irá entrevistándose con todas las personas que han tenido contacto con Leo para ir desentrañando qué ha pasado y por qué.
La manera en la que Juanma va desgranando la historia, cómo va dejando miguitas al lector para que vaya armando el puzle, me ha parecido brillante. Hay que estar muy atento, eso sí, pero merece muchísimo la pena seguir a este Poirot moderno en forma de narrador invisible para llegar al final, mirar el conjunto desde lejos y decir:
¡Ole, qué bien montado está todo esto!
Por si fuera poco, una amiga lectora me comentó que alguien había escuchado el audiolibro y que esta experiencia elevaba aún más la calidad de la historia. Así que allá fui yo, aprovechando algunos momentos para unir ambas experiencias: lectura y audición a la vez. ¿Lo habéis probado? Es una pasada. En el audio, cada personaje tiene su propia voz, e incluso podremos escuchar al autor de forma encubierta
Como habréis notado, es un libro que he disfrutado muchísimo. Y ya sabéis que a mí las historias diferentes me ganan por completo.