Jesús G. Maestro (Yisus G. Master para los amigos) emprendió el camino de convertirse en una especie de Jordan Peterson hispano, pero sin Jung y sin una ideología liberal-calvinista de fondo (menos mal); a cambio, G. Master se pertrecha con mucho Cervantes y tradición literaria hispánica. Con ello, se aventuró a ver en la literatura una suerte de autoayuda, menos cutre, más abierta a todo tipo de interpretaciones, ajustada y consciente de la tradición, lejos de los mercachifles e ideólogos de izquierdas y derechas indefinidas. Que le haya salido mejor o peor, no me compete, que se haya convertido más o menos en un intelectual público, tampoco, aunque en términos de fama está siendo innegable su éxito.
El caso de Rosa Navarro Durán es distinto, alejada de los focos mediáticos, es una filóloga como la copa de un pino, pero parece haberse fijado en este formato. Con la mirada puesta en las obras de nuestra literatura, con un recorrido que comienza en la Edad Media y acaba con María de Zayas (pseudónimo de Castillo Solorzano, un hombre, como la propia Rosa ha demostrado y defendido), Rosa Navarro recupera algo que está hoy día implícito en la narrativa, pero que es un elemento esencial de toda narración y que aparece en todos los cuentos de cuño tradicional y de orígen indo-persa-árabe (tal y como estudiaron Adam y Lorda, lingüístas del texto): la moraleja. A partir de distintas píldoras, encabezada por un título, a modo de apotegma, Rosa explica, profundiza, deja a hablar a personajes, narradores y autores, y nos provee de una pequeña enseñanza.
Sin ninguna duda, es un libro que recomendaría tanto a aquellos que quieren adentrarse y poner el primer pie en la tradición literaria hispana como también lo recomendaría docentes, como es mi caso, para cursos como son 1º bachillerato, en el que el contenido literario que se imparte coincide con el recorrido de este libro (a excepción de la Ilustración y Romanticismo). Ojalá sea esta tendencia una revivificación real de los clásicos.