Tempestad tiene la densidad de un diario íntimo filosófico con el pulso narrativo de una novela confesional. Si el corazón de la novela es el duelo amoroso, la historia dialoga con un duelo más el de la adultez, la promesa incumplida de la vida, la precariedad emocional, la fragilidad humana. Una mirada furtiva, un beso bajo la lluvia, un laberinto disruptivo, una erupción, un misterio que se revela en pequeñas dosis y que lo cambia todo. A partir de ese instante, Emilio y Tempus se sumergen en una relación marcada por la intensidad, la contradicción y un deseo que arrastra tanto como devora. Entre cartas no enviadas, ciudades, insomnios y silencios devastadores, se despliega un universo íntimo en el que el amor se convierte en refugio y amenaza, en salvación y abismo. Tempestad es una exploración conmovedora de la fragilidad humana y de la persistencia del anhelo, una novela que entrelaza memorias, vínculos inesperados y momentos de epifanía con una voz profundamente sensible, lúcida y cargada de ironía. A través de un puñado de personajes inolvidables, el autor retrata la experiencia contemporánea del amor y sus ruinas, entre madrigales, rituales íntimos, mapas imaginarios y estallidos de belleza que irrumpen en el caos.
Tuve el placer de vivir de cerca el proceso del autor mientras escribió esta novela. El autor relata de manera entrañable y profunda un momento de su vida. Un periodo convulso que como cualquier periodo de crisis invita a los cuestionamientos de vida. Una historia que de forma original desdobla al personaje principal. Disfruté mucho leerlo.
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Un libro sobre lo incierta que es la vida. Lleno de música, referencias literarias y un extraordinario uso del arte epistolar, el texto habla sobre el amor, el desamor, la paternidad, la culpa, la amistad y las pérdidas para las que nadie nos enseña a hacer el duelo.