«Aquella Flor Eduarda se ha instalado, algoarrogante y altiva, en mi memoria como uncadáver al que no debe incomodarse en sutumba ni nombrar siquiera. Han sucedidoalgunos años desde entonces, cuando a raíz de estos asesinatos fui alojado durante un tiempoen el penal de Morelia; hago todo lo posiblepara no pensar tampoco en los pasajes de mireclusión,mas la comezón memoriosa jamás esdiscreta y pide a gritos que uno se rasqueen público como si encarnara unmono de zoológico.»
Tras salir de prisión por el asesinato de dos hombres, Benito Torrentera —profesor defilosofía en ruinas, cínico y alcohólico irredento— regresa a su antiguo departamento en la colonia Roma. Desde ahí, entre botellas vacías, lecturas interrumpidas y conversaciones decadentes, emprende, por encargo de su hermano Esteban, político de dudosa clase, una tarea escribir la biografíade José Nemesio SantosDegollado, un general indispensable en la Guerra de Reforma en México y olvidado en la actualidad. Sin embargo, mientras más se adentra en la vida del militar, más se confunde con ella. Y mientras más intenta mantenerse al margen del mundo, más lo arrastran el dinero, la carne y la ruina moral que lo rodean. La aparición de Irma complica aún más este descenso lúcido hacia la descomposición.
En esta continuación de su aclamada novela Lodo, GuillermoFadanelli ofrece una novela feroz y satírica sobre el fracaso, la impostura intelectual y la derrota como forma de vida. Fango es un retrato existencialista de un México inmundo, donde la filosofía y el deseo se debaten entre el desencanto y la insurrección íntima.
Guillermo Fadanelli es escritor y nació en la Ciudad de México (sus datos biográficos contemplan distintas fechas de nacimiento que van de 1959 hasta 1965 aunque la real, 1960, no es la que más se repite). 14 de noviembre de 1960.1 2 Fundador de la revista Moho3 en 1988 (que él mismo define más como un punto de reunión que como un vehículo de difusión de ideas4 ) y de la Editorial Moho5 en 1995. Colaborador e impulsor de varios proyectos de literatura y de arte subterráneo.
¡Devoré el libro! Aunque me arrepentí por la estulticia de querer que durará más. Benito Torrentera, desde hace quince años que llegó a mí, ha sido el subterfugio perfecto para acentuar y exacerbar mi animadversión; mi misantropía; el gusto por los libros, etc. Fadanelli logra una segunda parte que no decepciona en lo absoluto. El libro está plagado de aforismos, máximas dotados de una sagacidad que son dignos de elegir como frases de día e inscripciones en epitafios, amén de referencias de otros libros y autores que provocan un continuum de lectura fuera de ésta novela per se. ¡Grande Fadanelli, grande Torrentera!