1887. Buenos Aires. Antes de popularizarse la electricidad, un hombre ofrece macabros espectáculos dándole chispazos a cuerpos fallecidos que los “devuelven a la vida”. Los cadáveres -generalmente delincuentes fusilados- son alquilados al sepulturero de Chacarita. Hasta que un día aparece la huérfana de uno de estos muertos y el hombre deberá llevar su acto a otro nivel para poder salir con ella de la miseria.
A través de estos relatos cronológicos, el escritor argentino Manuel Cantón viaja desde el siglo XIX hasta el presente, removiendo los restos de una modernidad que no sólo desechó sus tecnologías, sino que dejó caducar las formas de entender y contar el mundo.
Pasaron el primer cine y la radio, las cartas y los archivos secretos, las máquinas imposibles y la televisión masiva. Así pasaron también el gótico, el simbolismo, el futurismo, la ciencia ficción, la escritura de archivos y la hipermediatización de la vida privada. Obsolescencia programada recoge estos restos y los reanima sin tener que electrocutar.
Algunos cuentos me gustaron más que otros, pero es entretenido de leer el cómo se van hilando las historias a través de las máquinas y lo industrial, lo moderno, lo que es difícil de explicar. Una de las historias recordó un poco a Lovecraft y amé el relato del reality show.
Este libro narra la historia de Argentina a través de máquinas singulares, artefactos que se abren camino entre la alucinación y la novedad. Cada cuento parece una nouvelle. No solo por su extensión, sino también por el modo de narrar. Cantón da espacio a que el lector indague, se intrigue. Quizás ese sea el recurso más logrado de este conjunto: la intriga. Las elipsis están muy bien trabajadas, al igual que el ritmo y la temporalidad. Cada cuento respira, se deja leer con cierta templanza y fascinación.
Mi relato favorito es el ambientado en 1951, que parece ser una reescritura de "El color que cayó del cielo" de Lovecraft, salvo que ocurre en una Argentina rural. Disfruté también el ambientado en 1974, probablemente el más macabro. Todos los cuentos son geniales, imaginativos. Qué difícil escribir cuentos largos. Este libro es un gran ejemplo.
A través de unos cuantos relatos Cantón propone un viaje en el tiempo hacia distintas épocas de nuestro país mezclando la historia con la ciencia ficción. El autor tiene algunos recursos de estilo interesantes que, sin embargo, se opacan con su uso deficiente. Cuando Cantón se aleja de su prosa escatológica es cuando mejor puede construir los relatos, sin tanta sangre y sin tanto asco, resultando en historias que se combinan bien entre lo argentino y el género literario.
QUÉ DELIRIO! Me encantaron todo estos cuentos súper diferentes entre sí. Hacia la mitad de libro me encantaba la idea de comenzar uno nuevo y ver hacia donde disparaba.
Como me gusta leer a gente que conozco. Habrán pensado esa frase de camino a casa? Un conjunto de relatos atravesados por la técnica, a lo Labatout pero argento.