Peyton y Kyle se reencuentran siete años después de una ruptura que dejó cicatrices profundas en ambos. Ella, en Nueva York intentando pasar página junto a Luke, sufre un vuelco al verlo de nuevo. Kyle, por su parte, llega cargado de culpa, celos y un amor que nunca superó, listo para reclamar lo suyo en medio de discotecas, motos rugientes y noches que arden. La trama salta entre flashbacks del 2016 (ese romance inicial en Madrid es puro fuego) y el presente, con giros como secuestros, enfrentamientos y revelaciones que mantienen el pulso a mil. No hay relleno, cada capítulo avanza la acción o profundiza en el drama emocional, con un ritmo que pide solo un capítulo más y acabas leyendo hasta las 2 de la madrugada.
Entre los secundarios encontramos a Meritxell, la BFF leal. Alessio, el italiano que promete spin-off. Marcelo, el amigo caótico. Y Melanie, que aporta ternura. Todos tienen voz propia y evolucionan, creando un elenco que da ganas de abrazar.
Toca segundas oportunidades, perdón, sanación de traumas, amor tóxico vs. sano, found family y empoderamiento femenino sin caer en clichés empalagosos. Las escenas spicy son intensas, pero lo mejor es el arco emocional que pasa de la rabia al perdón, con un final que cierra heridas pero deja esperanza. Es adictivo como una serie de Netflix, con vibes de Colleen Hoover.
Encontraremos también malentendidos del pasado, secretos familiares, plot twist y una enfermedad que Peyton oculta y que añade capas de vulnerabilidad real.
Si buscas un libro que te haga sentir todo, que te robe el aliento y te mantenga en tensión, corre a leerlo. Mi nuevo favorito del año 🩷