“Los humanos a quienes una naturaleza obtusa y su propia ignorancia han reducido al número de los brutos y seres inanimados: ni hay ninguna diferencia entre estos y aquellos porque carecen razón (…) es deficiente y hábil para su propio prejuicio y depravación”
“La vida feliz se asienta inmutable sobre un juicio recto y firme, porque entonces la mente es pura y libre de todos los males”
“Una mente recta jamás se altera ni se aborrece a sí misma ni se desvía en nada de la vida óptima. El placer, en cambio, se pierde justo cuando a más se deleita, no tiene gran capacidad, de modo que en seguida se colma y convierte en tedio; pasado el primer ímpetu se embota”
“La vida que llamo feliz solo puede tener lugar de la mano de la virtud. Los más estúpidos son los más colmados de esos placeres vuestros.
“La maldad abunda en goces y la propia alma sugiere géneros de placer perversos: la insolencia, la soberbia, la autoestima excesiva, la hinchazón que se erige por encima de los demás, las voluptuosidades reblandecidas, la exaltación por causas mínimas o pueriles, la impertinencia y la soberbia que se complace en el ultraje, la desidia y la disolución del alma abúlica que se duerme sobre sí misma”
“Los mismos estúpidos así como los desequilibrados no gozan ni un punto menos de los placeres: se encuentran tan alejados de toda molestia como de la cordura y que enloquecen de locura hilarante y se enajenan de risa. Por el contrario, los placeres del sabio son atenuados y moderados, casi mortecinos y apenas perceptibles”
“Los filósofos no cumplen lo que dicen, sin embargo, con el hecho de decirlo y concebir en sus mentes las cosas honorables, ya cumplen sobradamente. Si actuarán igual que se expresan quien sería más dichoso que ellos. No tienes por qué despreciar las buenas palabras y corazones rebosantes de buenos pensamientos”
“El peor entre el resto de los males es que cambiemos hasta de vicios: de modo que ni siquiera llegue a sucedernos la permanencia en un mal ya conocido. Damos nuestra aprobación a uno y otro y por añadidura nos atormenta que nuestros criterios sean no ya defectuosos sino que también inconsistentes: nos balanceamos y aferramos a una cosa tras otra”