Iris, una mujer que acaba de dejar su trabajo en un banco y su relación de pareja, dos cosas que ya no la hacen feliz. Justo entonces ve un anuncio muy curioso:
“Se busca persona sensible y trabajadora para despertar un jardín en una finca en el Ampurdán. Abstenerse personas alegres y entrometidas”
Iris tiene cierta afinidad con las plantas desde niña, y además su abuela era de esa región, donde pasó veranos felices. Empujada por una mezcla de intuición, recuerdos y hasta una lectura de tarot un poco extraña, decide aceptar el desafío y se marcha al Ampurdán para empezar esa nueva etapa.
Cuando llega a la Casa del Olvido, la finca que debe recuperar, descubre un jardín completamente abandonado: maleza, flores muertas o olvidadas, senderos rotos… pero también un lugar cargado de recuerdos, silencios y secretos.
Me ha gustado como Carla adopta una prosa rica y sensorial, donde las descripciones de la naturaleza te envuelven ,el olor de la tierra, los colores de las flores y las texturas de los jardines hacen que te envuelva mientras lees. El jardín se convierte en un personaje más, un espejo de su alma: en ruinas al principio, capaz de florecer si se le presta atención, paciencia y cuidado.
No es un libro con grandes giros, tiene un ritmo pausado que es algo que a mi me cuesta en un libro, pero que he de decir que para ciertos momentos de lectura por ejemplo en los dias lluviosos si que he disfrutado de esa narración lenta.
En conclusión, es una historia que te susurra, más que gritarte, que nunca es tarde para empezar de nuevo, aunque sea despacio, aunque sea desde las ruinas, aunque solo tengas un pequeño brote verde al que agarrarte.