En Las Palmas de Gran Canaria, un hallazgo macabro sacude la rutina de la un brazo amputado aparece en un contenedor, con un tatuaje que solo puede pertenecer a un hombre desaparecido días antes.
La jueza Mara Ramírez, recién llegada a la isla y aún marcada por sus propios fantasmas, se enfrenta a su primer caso. A su lado —y en constante fricción— trabaja el inspector Aitor Ibarra, cuya torpeza para gestionar los sentimientos contrasta con su instinto policial.
Y, entre ambos, Beatriz Mantecas, pastelera brillante y mujer herida por un pasado de humillaciones, que hornea dulces capaces de enamorar a cualquiera.
Con un pulso narrativo ágil y una escritura fresca, directa y poderosa, Annika Brunke despliega una historia en la que ternura, humor y violencia se entrelazan, donde lo cotidiano convive con lo brutal, y en la que los límites entre víctimas y verdugos se difuminan.
Bacon, ganadora del II Premio Alexis Ravelo de novela negra, es la confirmación de Brunke como una voz nueva y vibrante en la novela negra española.
Born in Las Palmas de Gran Canaria in 1975, she has lived in Mexico, the United States and Spain.
Despite having started with poetry and short storytelling, he has always felt a weakness for thriller, crime and mystery novels as well as erotic narrative.
Qué agradable y refrescante sorpresa ha sido esta novela policiaca, en la que la investigación criminal es lo de menos ante la fuerza arrolladora de Betty Mantecas, personaje inmenso que fagocita toda la trama y con el que es imposible no empatizar, acompañado de la jueza recién regresada a su ciudad natal y Aitor, inspector de policía, muy bien desarrollados y que creo que hubieran dado para más, sobre todo en el caso de Aitor, pero quedan eclipsados por Betty de largo.
Quizás ese es uno de los peros de la novela, no el hecho de que más que una novela criminal lo sea social , radiografiando las relaciones entre los personajes en el pasado y sus familias, sino que al final la autora parece que se rinde ante su protagonista y se diluye el resto, el final se resuelve en un par de páginas, aunque correctamente, pero te quedas entre queriendo más y medio nauseado por haber babeado con las recetas que abren cada capítulo.
Os la recomiendo mucho, es una refrescante amalgama entre novela negra, social y de humor negro que te la meriendas en dos ratos.
Y Betty Mantecas se queda a vivir en mi corazón, sé que no debo, pero qué ternura...
Resulta delicioso encontrar una novela que te atrape hasta el punto de necesitar hablar cuanto antes de ella. Una historia que podría pasar desapercibida dentro de lo que supone una investigación criminal, pero que juega una baza que resulta toda una sorpresa. El argumento de Bacon parte de cimientos que resultan convencionales. Siendo conscientes de eso, te das cuenta desde sus primeros capítulos que lo convencional aquí es solo el argumento. La autora se apoya en ellos para mimar la historia desde un punto de vista centrado en la humanidad de los personajes, hasta transformarla en algo totalmente diferente, tanto en lo formal como en lo que se encarga de cocer. De ahí que nos adentremos en la investigación de un posible asesinato que centra una trama, en la que los detectives tendrán que descubrir el misterio con la mirada puesta en los posibles causantes de dicho crimen…pero que en realidad nos cuenta el día a día de sus personajes. Lo que Annika Brunke nos aporta en esta trama es una apuesta a dos bandas. Por un lado, decide apostar por personas poco convencionales cuya profundidad se irá desvelando a lo largo del recorrido de su historia. Figuras que llevan el peso de la trama siendo conscientes de que están señalados por su físico y por sus anhelos, individuos que tratan de sobrevivir a los prejuicios de una sociedad que les exige demostrar a cada página que narran que están a la altura de su naturaleza. Eso los convierte en seres atormentados, con luchas internas que les lleva a cometer errores o a dejarse llevar por las pasiones, como modo de acercarse a un cariño que no siempre han recibido. Por otro lado, Annika nos invita los lectores a ser partícipe de una debate abierto en el que trates de formar parte de la historia. La frontera entre lo correcto y lo señalado queda en manos del lector que, si consigue apartar sus prejuicios, se verá disfrutando de un surtido de sabores y aromas que producirán una descarga de texturas que te dejarán saciado. En ese sentido, lo mejor que puedes hacer es dejarte llevar por la propuesta sin conocer los ingredientes que la componen para así deleitarte con sus platos. Así darás tiempo a que llegue el postre en esta historia, el cual se cuece a fuego lento y por eso resulta tan placentero. No soy lector habitual de novela negra, pero sí me suelo fiar del criterio de lo que considero buenos lectores, de ahí que me lanzara a la lectura de Bacon con la certeza de que, como mínimo, tendría ante mi una buena historia por descubrir. Quizás esa poca experiencia me lleve a descartar algunos tropos que se perpetúan con estas historias. Ahí están las relaciones entre compañeros de diferente ideología, el encuentro con revelaciones que dan un giro a la trama o las investigaciones de pistas que aparentan tener poca trascendencia y otras secuencias habituales en este tipo de investigaciones. Pero si decides centrarte en esos procesos, dejarías de lado toda la parte emocional de esta historia. Aquí lo importante es perderte en los detalles y tratar de comprender el por qué los cortes sangran cuando no se ven los filos. Por qué los personajes se entregan a sus errores sin cuestionarse la conveniencia de cometerlos. Por qué el silencio forma parte de los cuartos oscuros que se cierran en nuestro interior. En esos precipicios es donde triunfa Annika, conocedora de la importancia que tiene la denuncia de lo que se quiere esconder, entre capas de hojaldre y canela que envuelven al más negro de los chocolates.
Una novela negra diferente, con mucho humor negro y una protagonista difícil de olvidar. Me gustó la mezcla de misterio y crítica social, aunque en algunos momentos el ritmo se me hizo irregular y la historia un tanto repetitiva. Aun así, es una lectura original y perturbadora.
Hoy vengo a hablarles de Bacon, una novela que me ha atrapado desde el principio y que he disfrutado muchísimo, de esas que se leen con gusto pero también dejan poso.
Todo arranca con un hallazgo tan inquietante como potente: un brazo amputado aparece en un contenedor de basura en Las Palmas de Gran Canaria. A partir de ahí se pone en marcha una investigación que va avanzando poco a poco, sin prisas, mientras la historia se va llenando de capas y de personajes nada sencillos.
Por un lado está Mara Ramírez, una jueza recién llegada a la isla, marcada por su pasado y con una coraza que se nota desde el primer momento. Por otro, Aitor Ibarra, inspector intuitivo y comprometido, con más carga emocional de la que deja ver. Y entre ambos aparece Betty Mantecas, pastelera, mujer herida y, para mí, uno de los grandes aciertos de la novela. Su voz es distinta, muy personal, y aporta una profundidad que va mucho más allá del propio caso policial.
Una de las cosas que más me ha gustado de Bacon es que no se limita a contar un crimen. Aquí el misterio es importante, sí, pero lo es tanto como todo lo que lo rodea: las heridas del pasado, los silencios, el cuerpo, la culpa, las miradas ajenas y esa línea tan fina que a veces separa a las víctimas de los verdugos. Todo está contado con una mezcla muy equilibrada de crudeza, ironía y una ternura inesperada que aparece cuando menos lo esperas.
La novela tiene un ritmo muy ágil, con capítulos que se leen casi sin darte cuenta, pero sin renunciar a la reflexión. Hay momentos más duros, otros más íntimos, incluso pinceladas de humor negro que alivian la tensión y hacen que la lectura fluya de forma natural.
Y no puedo dejar de mencionar la ambientación, porque Las Palmas de Gran Canaria no es solo un escenario, es parte de la historia. Se nota que la autora conoce la isla, sus barrios, su luz y también sus sombras. Mientras leía, no podía evitar acordarme del estilo de Alexis Ravelo, de esa forma de utilizar la novela negra para hablar de lo social, de lo que se esconde bajo la superficie, de las desigualdades y de las contradicciones. En ese sentido, creo que la comparación es más que acertada, aunque Bacon tenga una voz propia muy marcada.
El estilo es directo, fresco y muy visual. No busca giros imposibles ni efectismos gratuitos, sino que va calando poco a poco, haciendo que ciertos personajes y escenas se queden contigo incluso después de cerrar el libro.
No es casualidad que esta novela haya sido ganadora del Premio Alexis Ravelo de Novela Negra, porque se nota que hay una propuesta sólida, valiente y muy bien construida.
En definitiva, Bacon ha sido una lectura que me ha gustado mucho y que recomiendo especialmente a quienes disfrutan de la novela negra con alma, con crítica social y con personajes que se salen de lo habitual.
Acabé Bacon y tengo que decirlo: me ha tenido enganchada hasta el final.
La novela comienza con una escena que, más que presentar la trama, abre una pequeña radiografía de las relaciones humanas. La jueza Mara Ramírez llega a su nuevo destino y, desde el primer momento, decide marcar un límite profesional. Lo interesante es lo que ocurre después: ese límite no se interpreta como una frontera legítima, sino como una ofensa. Y aparece un mecanismo muy reconocible: cuando alguien no acepta nuestros límites, necesita redefinirnos como “difíciles”, “fríos” o “antipáticos”. Esas primeras impresiones, no siempre son correctas. La novela también se adentra en otro territorio incómodo a través de Betty: la paradoja de la exclusión. Entre el misterio, que no es muy difícil adivinar quién fue, y la investigación, Bacon deja caer reflexiones muy certeras sobre la vulnerabilidad emocional.
He terminado la novela con una sensación clara: más allá del crimen, hay personajes que merecen la pena —especialmente Aitor— y un tratamiento muy natural de ciertos temas que no siempre aparecen así en la novela negra.
Me sorprende la baja puntuación que tiene en plataformas como Babelio o Goodreads, pero también confirma algo que los lectores sabemos bien: el gusto lector nunca es una medida universal.
Ganadora del II Premio Alexis Ravelo de Novela Negra, ‘Bacon’ de Annika Brunke se presenta con una premisa tan atractiva como irresistible: una historia criminal que se adentra de lleno en el universo de la repostería. Crimen y dulces, investigación policial e ironía compartiendo páginas con azúcar, mantequilla…y mucho bacon. Con una combinación así de tentadora, en la que se entrelazan dos de mis mayores aficiones, la lectura era casi obligada. ‘Bacon’ es una novela con voz propia, irreverente y plenamente consciente de los códigos del género, respetándolos al tiempo que los retuerce con inteligencia.
El hallazgo de un brazo amputado en un contenedor sacude la rutina de Las Palmas de Gran Canaria. Un tatuaje indica que el brazo solo puede pertenecer a un hombre desaparecido días antes. La jueza Mara Ramírez, recién llegada a la isla, se enfrenta a su primer caso. A su lado, están el inspector Aitor Ibarra y Beatriz “Betty” Mantecas, una pastelera brillante que hornea dulces capaces de enamorar a cualquiera.
‘Bacon’ combina una investigación criminal clásica con un retrato incisivo de personajes complejos y profundamente humanos. En el centro de la historia está Betty Mantecas, propietaria de un obrador donde sus dulces comparten espacio con recuerdos dolorosos. Betty no es una protagonista complaciente: sarcástica y mordaz, dueña de un humor corrosivo que atraviesa toda la narración y define el tono de buena parte de la novela, utiliza su ironía como coraza frente a un pasado marcado por el acoso y la humillación. Esta mezcla de fuerza y vulnerabilidad la convierte en un personaje que incomoda, hace reír y despierta empatía a partes iguales.
Mara Ramírez, la jueza que instruye el caso, se convierte en una pieza clave. Carga con sus propios conflictos internos que hacen que su implicación en la investigación vaya más allá de lo profesional. Cada paso la obliga a enfrentarse a tensiones y fantasmas personales que van a condicionar su manera de interpretar los hechos. Junto a ella, el inspector Aitor Ibarra, un policía con un notable instinto policial, pero bastante torpe cuando se trata de gestionar sus propias emociones. El vínculo que se establece entre Betty, Mara y Aitor genera una dinámica compleja, llena de fricciones y contradicciones, que enriquece la trama más allá del simple avance de la investigación.
Esta estructura coral permite construir la historia desde múltiples puntos de vista, ofreciendo una visión más amplia del crimen y de sus consecuencias. La multiplicidad de voces desdibuja los límites entre culpables e inocentes, evitando lecturas simplistas y juicios apresurados. Brunke insiste en esa zona gris donde el lector se ve obligado a cuestionar sus propios prejuicios: aquí nadie es una única cosa, ni víctima pura ni verdugo absoluto.
La prosa de Brunke es ágil, directa y cargada de ironía. Con un lenguaje coloquial y descarado cuando hace falta, lleno de diálogos afilados que sostienen la tensión sin necesidad de artificios, la autora evita recrearse en lo explícito y apuesta por una crudeza más psicológica, mucho más perturbadora. El humor negro funciona así como herramienta narrativa esencial: no suaviza el golpe, sino que lo hace aún más incisivo.
Son especialmente significativos los pasajes en primera persona en los que Betty comparte recetas de repostería mientras reflexiona sobre sus motivaciones más íntimas. Estos fragmentos funcionan como pequeñas confesiones que acercan al lector a su mundo interior. La pastelería se convierte así en un espacio simbólico en el que lo dulce convive con lo perturbador, reflejando la dualidad constante de la protagonista.
‘Bacon’ plantea preguntas incómodas al explorar la relación entre justicia y moralidad, mostrando cómo las decisiones personales están atravesadas por experiencias pasadas sin que estas se conviertan en excusa absoluta. La novela introduce además una crítica social afilada, abordando las expectativas impuestas sobre el cuerpo femenino, los estereotipos de género y la marginalización de quienes no encajan en la norma. Brunke da espacio a personajes diversos que suelen quedar relegados en el género negro; la presencia de un inspector trans, tratado con naturalidad y profundidad, aporta una mirada valiosa sobre identidad y aceptación.
Con personajes carismáticos y una voz narrativa ácida, Annika Brunke logra un equilibrio notable entre la trama policial, el humor y la reflexión social. ‘Bacon’ es una novela negra fresca y original que destaca, sobre todo, por su capacidad para mezclar lo dulce y lo oscuro, y que confirma que, a veces, lo más inquietante no es el crimen en sí, sino todo lo que revela sobre quienes lo rodean. Después de leerla, puedo decir sin duda que nunca volveré a comer bacon de la misma manera… ¿te apetece un cupcake? 🧁🥓😏
Esta novela transcurre en las Palma de Gran Canaria, un thriller original, que comienza con el hallazgo de un brazo amputado en un contenedor y esto llevara a una investigación única.
Es una novela diferente, con una protagonista bastante peculiar, Beatriz Mantecas, una pastelera, con un humor sarcástico, y por otro lado tendremos a la jueza Mara, recién llegada a la isla y con unos fantasmas del pasado muy turbios, a esta la acompaña Aitor, inspector de policía, también con un pasado que le ha marcado.
Es una novela sin grandisimos giros pero que te mantiene enganchado desde el principio, una historia que tiene mucha ironía, humor negro y una gran critica social.
Quiza el mayor "pero" es el final, un final que se resuelve en unas pocas paginas y que probablemente no sea tan sorprendete como esperas, aun asi, creo que es una historia original dentro de este mundo, que trata temas poco comunes y que siguen siendo hoy en dia algo tabú, cuando deberian ser temas normalizados.
Primera novela que leo de la autora, pero me encantaría leer algo mas de ella.
No hay intriga, no hay mucha investigación, no hay recetas, ni humor 🤨 como que desde la sinopsis queda a deber
Es una historia que no profundiza en los temas, si ya los tocaste pues ahonda, pero se queda en la superficie y en la mención y mira que toca variedad de temas como el bullying, la gordofobia, la transexualidad, el abuso, problemitas mentales, traumas y demás. Pero solo pasan, se mencionan y listo ni siquiera da conclusiones o cierres.
Entretenido pero acabado de forma brusca y poco resuelta. No se aclara demasiado ninguna de las historias. Discrepo en que Beatriz sea adorable. Está claramente perturbada y es gordófoba siendo ella misma bastante gorda. Tampoco entiendo la necesidad de que Aitor sea trans, no creo que aporte nada a la historia, ni por qué la autora asume que todos sabemos lo que es un packer.
Tras haber leído muchas reseñas positivas, decidí ponerme con él, y ya desde las primeras páginas se nota que es un libro diferente. Todo comienza con el hallazgo de un brazo tatuado de un hombre negro en un contenedor: pertenece a Samir. Los encargados de la investigación serán el agente Aitor y la jueza Mara Ramírez.
La novela presenta tres personajes principales tan bien construidos que, entre los tres, se crea una trama personal que avanza en paralelo a la investigación. Son personajes fuertes, pero también muestran sus debilidades y vulnerabilidad. Los tres arrastran traumas por vivencias del pasado que siguen condicionando su presente. Sin duda, son personajes que dejan huella. Me dio mucha pena la infancia de dos de las protagonistas femeninas. La historia aborda temas muy duros: abusos sexuales, abusos de poder, transexualidad, muertes dolorosas, gordofobia y bullying.
Es una novela que se distingue por su originalidad narrativa, su humor corrosivo y una crítica social que no da tregua. Sentí verdadero odio hacia Pumares, y mucha impotencia y rabia por lo que le hizo a Aitor.
La narrativa es directa, ágil y cargada de ironía. El ritmo es muy dinámico: vas pasando capítulos casi sin darte cuenta, pero sin dejar de reflexionar. Es una historia con momentos muy duros y otros tiernos, además de unos toques de humor maravillosos.
Desde el principio se sabe quién está detrás de todo, pero lo que atrapa es descubrir el porqué, el cómo y el cuándo. Y el final me dejó fría, sin palabras: un cierre que conecta perfectamente con el título del libro. Mi puntuación 9/10
3’5✨ Una novela que muy entretenida, en la que los personajes son muy carismáticos... me han encantado! Una novela negra muy peculiar, donde me he echado más de una risa, porque Mantecas es mucha Mantecas. Aitor y Mara me han encantado. Ojalá volvamos a saber de estos protagonistas.
Podría haber sido un libro curioso, original, pero le ha quitado toda la intriga al adivinarse desde el principio toda la trama. También tiene cosas nada creíbles y coincidencias, aún así tiene cosas curiosas.
Me acerqué a esta novela por varios motivos, el primero fue su autora, siempre siento una curiosidad especial por las voces que nacen en mis islas y construyen historias desde una realidad que reconozco. Después llegó la portada, una de las más atractivas que he visto en mucho tiempo. Hay algo en esa mujer pelirroja sosteniendo una tarta que invita a detenerse, a mirar dos veces. Y, por último, estaba Gran Canaria, saber que la historia transcurría en mi isla vecina fue el empujón definitivo. Lo que encontré entre sus páginas fue mucho más de lo que esperaba. La novela arranca con un hallazgo brutal: un brazo amputado aparece en un contenedor de basura en Las Palmas de Gran Canaria. La investigación recae sobre la jueza Mara Ramírez, recién llegada a la isla, y el inspector Aitor Ibarra, un policía brillante cuando se trata de seguir pistas y bastante más torpe cuando debe enfrentarse a sus propios sentimientos. Sin embargo, aunque el crimen pone en marcha la historia, pronto comprendo que el verdadero corazón de la novela late en otro lugar, entre sacos de harina, mantequilla y azúcar. Late en Beatriz Mantecas, porque Betty es uno de esos personajes que justifican por sí solos la lectura de esta novela. Pastelera de profesión y superviviente emocional por necesidad, arrastra una vida marcada por el desprecio, las burlas y la constante sensación de no encajar. Lo extraordinario del personaje es la forma en que Annika Brunke consigue construirlo. Betty es vulnerable, pero también irónica, es tierna y feroz, capaz de despertar compasión en una página y provocar desesperación en la siguiente, como ocurre con las personas reales, por eso resultó tan fácil quedarme a vivir un rato con ella. A través de sus capítulos en primera persona conozco a una mujer que todavía conserva la capacidad de ilusionarse, incluso después de haber sido herida demasiadas veces. Una mujer que sigue creyendo en el amor cuando sería mucho más sencillo dejar de hacerlo. Hay algo profundamente conmovedor en esa resistencia silenciosa, en esa forma de seguir adelante sin heroicidades, sin grandes discursos y sin la necesidad de convertirse en ejemplo de nada. Betty simplemente intenta ser feliz, y a ratos resulta devastador. Me trajo recuerdos de otra lectura la manera en que la repostería se integra en la narración. Las recetas no son solo un adorno ni una extravagancia destinada a llamar mi atención, forman parte de la identidad del personaje, son su refugio, su lenguaje y, en cierto modo, su manera de relacionarse con el mundo. Mientras leía las elaboraciones de Betty, sus tartas, sus merengues, sus hojaldres, sus combinaciones imposibles, entendí que la autora estaba utilizando la repostería como una extensión emocional de la protagonista, porque los postres hablan del deseo de agradar, de la necesidad de sentirse querida, de los recuerdos que permanecen adheridos a la memoria igual que el azúcar a los dedos. Porque esta es una novela en contraste constante entre la dulzura y la crueldad, donde los aromas de vainilla y mantequilla conviven con la violencia, la culpa y el dolor, donde una receta puede preceder a una revelación inquietante y donde la ternura y el horror comparten espacio sin estorbarse. Annika Brunke maneja muy bien ese equilibrio, nunca fuerza el contraste ni lo utiliza como un simple recurso estético, surge de manera natural porque forma parte de la propia esencia de la historia. Me pareció especialmente interesante la construcción de los personajes secundarios y, sobre todo, la relación que se establece entre Mara, Aitor y Betty. Los tres arrastran sus propias heridas, los tres conocen de una forma u otra lo que significa sentirse fuera de lugar, esa sensación compartida crea una dinámica muy humana, llena de matices y contradicciones. La novela aborda además cuestiones como la gordofobia, la xenofobia, el acoso, la identidad o la violencia emocional, sin convertir la historia en un manifiesto. Mención aparte merece la ambientación. Como canaria disfruté especialmente del retrato de Las Palmas de Gran Canaria. La ciudad no aparece convertida en un decorado turístico ni en una postal idealizada, tiene presencia, personalidad y peso narrativo, se siente viva, la historia pertenece a ese lugar y se nota. En cuanto al estilo, Brunke apuesta por una prosa ágil, cercana y cargada de ironía. Los diálogos resultan naturales y la lectura avanza con fluidez. Brillante su capacidad para introducir humor en una historia atravesada por el dolor. Un humor oscuro, a veces incómodo, que vuelve los golpes aún más humanos. Bacon es una novela sobre un crimen, pero también sobre las cicatrices invisible, el hambre de afecto, la necesidad de ser visto y aceptado y las consecuencias que pueden tener años de desprecio acumulado. Y también sobre la enorme capacidad que tienen algunas personas para seguir ofreciendo dulzura después de haber conocido la amargura. Es la historia de Betty Mantecas, un personaje inolvidable.
Últimamente estoy escogiendo muy bien las lecturas, pues os traigo hoy otro thriller que me ha encantado. La protagonista, Beatriz (Betty para los amigos), me ha parecido tan insoportable que me ha resultado fabulosa. Una pastelera obesa, con un evidente trastorno mental, que denuncia la desaparición de Samir, su novio. Entonces, el brazo de él aparece en un contenedor y su vida a la mierda. Aunque, teniendo en cuenta su pasado, el que vamos viendo según avanza la novela, ya hace tiempo que se fue.
Otro grandísimo punto a favor ha sido encontrarme con Aitor, el inspector a cargo, siendo un hombre trans. Nos hace falta esta naturalidad, esta inclusión tan poquísimamente forzada. Gracias, Annika.
Con una mezcla de ironía, dulces y ternura, la lectura atrapa al lector gracias también a sus capítulos cortos. Mis favoritos han sido los narrados en primera persona por Betty, ver la vida como la ve ella, a través de sus recetas.
Resulta una lectura fresca y original... pero léela con una buena bandeja de dulces al lado.
Ambientada en Las Palmas de Gran Canaria, la historia arranca con el hallazgo de un brazo amputado en un contenedor.
Betty, es una ex veterinaria reconvertida en pastelera que ha tenido que forjarse a sí misma. Tras años acomplejada por su peso, ha decidido por fin ser fiel a sí misma: vestir y maquillarse como quiere y dejar de preocuparse por lo que los demás opinen. Cuando Samir, su primer gran amor aparece, ella se vuelve aún mas valiente. Pero cuando Samir desaparece, ella queda totalmente desolada y en ese momento la trama gira en la resolución del caso.La jueza Mara Ramírez y Aitor, el policía encargado de la investigación, son también los principales personales de la esta novela corta, de los cuales nos aporta sus historias y perspectivas.
Libro fácil de leer y ágil en capítulos ya que son cortos. Consigue engancharte con su humor y crítica social. Un thriller psicológico imprescindible si buscas algo diferente y te gusta el humor negro.
En Las Palmas de Gran Canaria, un hallazgo macabro sacude la rutina de la ciudad: un brazo amputado aparece en un contenedor, con un tatuaje que solo puede pertenecer a un hombre desaparecido días antes.
La jueza Mara Ramírez, recién llegada a la isla y aún marcada por sus propios fantasmas, se enfrenta a su primer caso. A su lado —y en constante fricción— trabaja el inspector Aitor Ibarra, cuya torpeza para gestionar los sentimientos contrasta con su instinto policial. Y, entre ambos, Beatriz Mantecas, pastelera brillante y mujer herida por un pasado de humillaciones, que hornea dulces capaces de enamorar a cualquiera.
Con un pulso narrativo ágil y una escritura fresca, directa y poderosa, Annika Brunke despliega una historia en la que ternura, humor y violencia se entrelazan, donde lo cotidiano convive con lo brutal, y en la que los límites entre víctimas y verdugos se difuminan.
Con esta novela he tenido sentimientos encontrados... y es que me parece que tenia un abanico de posibilidades para ser un 10 y no pudo ser, en mi humilde opinión ya que abarco muchos temas que luego se quedaron un poco colgados y que son de interés social actual.
Por otra parte me gusto ese halo de misterio y truculencia que envolvía la repostería de Betty, te imaginabas cada cosa que te revolvía las tripas, pero te mantenían ahí, porque así somos... nos asusta, pero nos gusta. Confesiones que nos hacían pensar en lo peor y al final no era "tan" horrible, pero que nos llenaba la cabeza de teorías y en parte eso es bastante bueno.
El humor ácido, la prosa directa carga de ironía hacia de esta una lectura ágil, con su buena dosis de tensión y mucha mano izquierda con lo psicológico... hay bastante critica social sobre las expectativas del cuerpo femenino en particular, la marginalidad a quienes no encajan en los cánones de la sociedad, la discriminación de género, la identidad y la aceptación individual de cada uno y como grupo.
Creo que de haber centrado o desarrollado algunos personajes un poco más, habría sido una le cura de 10. Siempre mi opinión desde el respeto a la autora.
Pues allá va la primera reseña del año, una reseña muy apetitosa si os gusta el dulce, decorado, eso sí, con un asesinato: Bacon, de Annika Brunke y publicada por Alrevés. Viajamos a Las Palmas de Gran Canaria para conocer a Mara Ramírez, una jueza recién llegada a la isla para tomar su cargo. Tenemos también al inspector Aitor Ibarra y a una pastelera: Beatriz Mantecas. Todo empezará cuando aparece un brazo seccionado en un contenedor de basura. La investigación me ha parecido interesante y original, porque no es muy común en los thrillers que leo que sea el juez, en este caso Mara, el que tenga tanto protagonismo. Normalmente sólo se nombra al equipo policial y al forense. No llega hasta el punto de vista del sistema judicial. La figura de Beatiz me ha gustado mucho. Una mujer compleja, llena de matices a descubrir y que se convertirá en la principal protagonista. Vais a encontrar capítulos narrados por ella en los que la iremos conociendo y os aseguro que no os va a dejar indiferente. Os va a arrastrar a su mundo, a su vida, a su mente. A sus pasteles. En ocasiones os preguntaréis dónde está el límite entre ser víctima o verdugo y vais a comprobar que se puede pasar de un lado a otro en un suspiro. La novela se lee en un ratillo. Y sí, entretenida es un rato. Pero se me ha quedado un pelín corta. A pesar de que los personajes son geniales y llenos de capas, me ha faltado un poco más de vidilla, o más novela. Si buscáis justo eso, pasar una buena tarde, olvidaros de la vida y disfrutar de la lectura, desde luego que es una muy buena elección. Deja un muy buen sabor de boca. O todo lo contrario...¡descúbrelo!
Leí Bacon por el ruido que tenía en redes y porque se lee rápido, algo más de doscientas páginas. La idea de revelar desde el principio quién es el asesino es original y funciona durante las primeras páginas.
Sin embargo, la novela se me fue haciendo cuesta arriba. La protagonista me resultó pesada y reiterativa, con demasiadas reflexiones que no aportan profundidad y acaban entorpeciendo el ritmo. No conseguí conectar con ella ni con su evolución.
El libro aborda muchos temas sociales importantes —transexualidad, abusos a menores, gordofobia—, pero lo hace de forma bastante superficial, sin llegar a integrarlos de forma sólida en la historia.
La escritura es ágil y fácil de leer, lo que explica en parte su éxito, pero en mi caso no fue suficiente para sostener la novela. Una lectura que puede encajar con otros lectores, pero que no ha sido para mí.
Una novela cortita y amena, sin florituras y con diálogos bastante realistas y cercanos.
No me ha gustado nada que, siendo una novela tan corta, quiera meter tanto drama en cada personaje protagonista (Mara, Betty y Aitor). Tampoco me ha gustado tener la sensación en determinados momentos de estar leyendo el folleto electoral de algún partido político. Ha ocurrido de forma descarada en tres o cuatro ocasiones, como metidas con calzador descaradamente, sin sutileza, y hasta con nombres, y me ha dejado fría congelada.
Me ha gustado la investigación judicial y que no tenga grandes giros ni sorpresas. Se nota que controla, o se ha informado bien, del procedimento y manejar bien ese vocabulario técnico y los conceptos deja muy buen sabor de boca (guiño guiño).
Me ha gustado Mara. Me ha gustado lo cortante que es cuando le tocan la moral, cortante y directa. La pega que le pongo es que tiene demasiado drama detrás: el ex, la madre, el abuelo, Aitor…
Me ha encantado Betty. Me han encantado sus recetas y lo mucho que le gusta la repostería (ojo, las recetas son un pequeño aliño, como un inciso o un entrante, no gran parte de la novela). Me ha parecido loquísimo que se explaye con el ingrediente secreto en el último capítulo (sabes cuál es el ingrediente secreto, pero que llegue hasta ahí a mí me ha gustado jsjsjs). Y qué lengua más larga, me ha tenido entre ojiplática y divertida: insultos típicos y también vintage, como sus atuendos. Te coge tirria y prepárate. Y, en general, me la he creído, una mujer cuyo cerebro ha hecho lo que tenía que hacer para sobrevivir. Que Samir, el único hombre decente en su vida, haya sido el detonante de la novela no deja de ser una triste ironía.
En términos generales, muy entretenida, rápida de leer y con una Betty que te engancha, quieres saber más de ella y de sus creaciones, dentro y fuera de la cocina...
Me ha sorprendido muy gratamente. ¿ Sabéis esas escamas de sal en el chocolate para realzar su sabor o el toque dulce de las ciruelas en una salsa de carne? Esa explosión de sabores en la boca...así he sentido esta novela, una explosión de sensaciones, ese terrible asesinato endulzado con las recetas de los maravillosos postres. Muy adictiva, me la he leído del tirón. Tal vez y por ponerle un "pero", un exceso de dramas al final de la novela.
Es una mezcla entre bien y mal. Hay cosas que están muy bien y otras que no me han gustado nada, pero, si escribe una segunda novela, la leeré, porque veo cimientos para que acabe escribiendo una muy buena.