Pablo, un aspirante a escritor sin muchos escrúpulos, viaja a Madrid para recuperar el manuscrito que Eduardo, su amigo y mentor, dejó al morir. Un libro que nunca culminó pero que pretendía explicar lo inexplicable: el infortunado destino de la Argentina, que durante el siglo XVII configuró su economía con un sistema de comercio clandestino tan sofisticado e institucional que se lo conocía como «contrabando ejemplar».
Decidido a apropiarse de la novela imposible de Eduardo (empresa literaria que es a la vez un homenaje y una expiación, un saqueo y una elegía), Pablo se enfrentará a un proceso que le llevará a reconstruir su propia biografía, y también la de Eduardo: peronista, excesivo y sentimental, una figura desbordante, marcada por las contradicciones y la melancolía.
Entre sus páginas irrumpen personajes que laten con intensidad: la tía Chiquita y la enigmática Teruca, Pietro Malaspina, primer italiano en pisar el Río de la Plata, Zebulão Mendes, médico judío converso, o el monstruo querandí, grotesca figura folclórica cuya maldición parece pesar sobre Argentina… Neuróticos, tiernos, violentos, humorísticos, todos se entrelazan en un mosaico donde la historia, la imaginación y la crónica sentimental de la identidad argentina se confunden.
Ni oda nostálgica a la memoria ni reconstrucción histórica, El contrabando ejemplar es una novela que se pregunta por el sentido de lo perdido y lo inventado. Una celebración de lo personal y lo colectivo que hace del acto de contar una experiencia literaria singular y emocionante. Una novela que encuentra su lugar en la gran tradición de la mejor narrativa hispanoamericana.
Pablo Maurette received his BA in Philosophy from the University of Buenos Aires, an MA in Late Antique and Byzantine Studies from the University of London (Royal Holloway College), and a PhD in Comparative Literature from the University of North Carolina at Chapel Hill. Between 2013 and 2017, he was a Harper Fellow in the Humanities at the University of Chicago. And in 2018-2019, he was a Fellow at Villa I Tatti, the Harvard University Center for Italian Renaissance Studies.
Maurette specializes in Early Modern comparative literature and the Classical Tradition and his approach is trans-historical, multilingual, and interdisciplinary. His research focuses on the intersections between literature, science, and the history of ideas in the period between 1400 and 1650 in England, Italy, France, Spain, and the New World.
In 2018, he published The Forgotten Sense: Meditations on Touch (The University of Chicago Press), a collection of essays dedicated to the role that the sense of touch has played throughout the Western literary and philosophical tradition, from Homer to Karl Ove Knausgaard.
He also published three books of essays in Spanish: La carne viva (2018) and Por qué nos creemos los cuentos (2021), and Atlas ilustrado del cuerpo humano (2023); and a novel, La migración (2020), that has been translated into Italian and Romanian.
Maurette also writes for wider audiences in Lapham’s Quarterly (USA), La Repubblica (Italy), and Letras Libres (Mexico/Spain). His second novel, La Niña de Oro, is forthcoming with Editorial Anagrama (Spain) in 2024.
Mientras lo leía, tuve la impresión de que este libro no era para mí. Pensé que quizá era porque no soy argentino. Después, al terminarlo, lo comenté con un amigo argentino que es editor y me dijo: “parece un libro hecho para europeos”. Entonces, ¿para quién está hecho este libro? ¿Debería estar escrito para alguien?
no es mi tipo de libro pero no es malo. no se lo recomendaría a nadie porque la vida es muy corta como para perder el tiempo leyendo a varones hablando de sí mismos pero tiene algunos relatos interesantes y otros adorables. 2,5 estrellas.
Este libro es un amor sobre todo porque los que conocimos a Edu y tuvimos el honor de que se guía de turismo en Madrid reconocemos en las páginas su esencia. Por otro lado el contrabando ejemplar y toda su explicación me resultó demasiado complejo para mí, súper intelectual, pero me gustó mucho mucho leerlo.
Está bien escrito el libro, innegable. Tiene sus virtudes pero no me termina de cerrar, siento que le falta un hilo conductor mucho más fuerte del que tiene y que la autoreferencia es agotadora y aburrida: más escritores contando sus problemas para escribir en un tono pedante sobreactuado, clásico ya de los varones de esa generación. Ah, lo que sí me gustó fueron las personajes mujeres, bien logradas. Como primer libro para un club de lectura estuvo muy bien! Seguime para mas reseñas confusas.
Qué maravilla cuando te cruzás con un libro con el que fantaseás volver apenas te deshacés de las obligaciones de la diaria. Es lo más cerca que estuve de tener una aventura secreta. Pasa pocas veces en la vida pero, cuando sucede, es un enamoramiento que perdura más allá de lo que dura el libro. A veces tenés suerte y la emoción se te queda por más tiempo.
El contrabando ejemplar es una autobiografía -el autor y el protagonista se llaman igual, algunos datos se pueden chequear con una simple googleada y, si todavía cupiera alguna duda, lo confiesa el mismo autor-, pero es también una novela histórica, que tiene algo de gauchesca, de ensayo, con una pizca de poesía, cuentos atrapantes y mucha crónica. Es varias cosas pero, sobre todas, es una historia de amor entre dos amigos que son familia: un peronista de los de antes y un gorila de los de ahora (que para ser tan antiperonista entiende y explica hermosamente la gesta de los descamisados). El afecto, la admiración y la confianza traspasan las páginas del libro.
Somos testigos de dos generaciones que se traspasan un legado valioso de relatos, anécdotas y sentires. Y esa carrera de postas podemos verla repetirse entre varios de sus personajes: el mito querandí, el cuento del perro oso, la historia de Malaspina. Todos ellos cuentan la historia de su vida. A veces no se sabe quién está narrando y, este sincretismo de relatos, resulta de lo más embriagador. Hay que entregarse a la mamushka de historias: Teruca en el cuento de Mendes contado por Eduardo y escrito por Pablo en el libro de Maurette.
Del autor ya había leído su novela anterior -La Niña de Oro- y encontré en ambas algunos puntos de contacto: las reuniones en los cafés porteños, Buenos Aires que se cuela por todos lados, el albino, la brujería, la deformidad, Scalabrini (sí, yo le digo Scalabrini) esquina French y esa costumbre que arrastro desde el colegio de ir anotando las palabras nuevas que aprendo. En esta entrega, se suman el microcentro (por arriba y por abajo de la tierra), el Italpark y Liniers. Liniers que, en muchas oportunidades, se parece mucho a la vida que llevo en Paternal.
Si bien reconoce que las novelas pierden cuando compiten con la vida, la literatura se presenta como una vía para trascender y diseminarse. Y estas páginas, a modo de tierno homenaje, perpetúan la figura de Edu para siempre. Como dice el autor, la literatura no existiría de no ser porque hubo gente que viajó, volvió y contó lo que vio. En esta odisea, el ida y vuelta de los tiempos fluyen, se encadenan y se cortan. Aunque estemos distraídas para notarlo, la literatura nunca es pasatista. Siempre estamos relacionando lo que leemos con nuestra vida y nuestro mundo.
Entre sus páginas, hay varias referencias que sentí como guiños de complicidad de lo que fue crecer en los 90: la adrenalina del Italpark, el escalofrío del cuento de la rata mutante, vacacionar en Florianópolis, las unidades básicas, el cantito de los huesos de Aramburu, Juego Sucio, Oriel Bryan, el Ayatollah Komeini. Crecí rodeada de los mismos hits y eso me hizo sentir cierta intimidad.
Para Pablo, la Argentina se torció en algún momento y, como si fuera posible una explicación que no provenga del realismo mágico, busca saber con precisión cuándo sucedió. En esta indagación, me identifico profundamente con el optimismo de Eduardo porque, si bien la Argentina es un amor imposible, a veces te hace creer que siente lo mismo por vos. Y cuando por fin te mira, te conquista para siempre.
Estupendo libro. Caótico, entrañable, desconcertante a ratos y lleno de referencias eruditas y largos listados que me recordaron al "Palinuro de México" de Fernando del Paso. Usando la autoficción y un supuesto plagio de una novela histórica como trampolín de despegue, el autor teje una maraña en la que mezcla pasajes de la vida y reflexiones del escritor contados en primera persona, la historia de un amigo de su padre que se convirtió en su maestro de vida, anécdotas familiares de ambos y, al centro del texto, la historia de Argentina y del mencionado "contrabando ejemplar" en el Siglo XVII. Por las páginas desfilan desde una habitante originaria que dio a luz a un "monstruo" hasta el médico italiano que después de estudiar en Padua se lanza a la búsqueda de ese fenómeno de la naturaleza al Río de la Plata. Y en medio de todo ello, el pasado, el presente, el infinito, la muerte y reflexiones duras y maduras sobre el arte y la literatura. Difícil de describir o de contar, es un libro que se tiene que leer para experimentarlo. Merecido Premio Herralde.
bueno terminé la tarea de enero de #sectura. no conocía el libro (ni al autor) y me enteré por una amiga que la novela ganó algún premio importante de literatura. mi veredicto es una cita del libro: "En una milésima de segundo paso de creer que una idea es magistral a convencerme de que es un bodrio sin pies ni cabeza."
Premisa: Pablo tiene el objetivo de recuperar el manuscrito de su amigo Eduardo, quien murió antes de terminar el libro en el que estaba trabajando: un reflejo de lo que supuso el contrabando ejemplar para la historia de Argentina. Inicia una búsqueda que removerá sucesos del pasado de su amigo y también del suyo propio.
Opinión: Gracias a llevar un tiempo compartiendo mis lecturas, tengo la inmensa fortuna de recibir, en ocasiones, libros inesperados por parte de las editoriales. Así fue como esta novela se interpuso en mi camino y yo, como lectora curiosa y ávida de recopilar experiencias enriquecedoras, me aventuré a descubrir si la propuesta del autor encajaba conmigo, aunque a priori estuviese alejada de mis intereses.
Maurette nos introduce en la trama a través de la búsqueda que realiza Pablo, un escritor comprometido en encontrar el manuscrito que su amigo y mentor dejó a medias. De este modo, contactamos con la historia de Argentina en relación con el contrabando como matriz cultural, al igual que con personajes que mezclan lo histórico y lo fantástico, generando un híbrido entre la autobiografía, el ensayo, el realismo mágico y la narrativa histórica.
En un primer momento conecté con la premisa y me resultó interesante conocer la figura de Eduardo, así como ciertas características del contexto histórico que se desgranan, pero no he conseguido terminar de conectar con la forma en que está escrito. Tuve la sensación de encontrarme ante una miscelánea de historias y circunstancias sin un nexo de unión coherente y orgánico, lo que se materializaba en un pensamiento constante: "¿y qué ha pasado con ese famoso manuscrito?"
Si la incógnita principal de la trama se ve diluida, intento entonces buscar conexión en los personajes y en su arco evolutivo -una, que recurre a sus pilares básicos-. Sin embargo, en este caso no he podido resguardarme en una construcción elaborada de los mismos ni tampoco he logrado empatizar con sus anhelos e inquietudes, ya que considero que el enfoque de Maurette tenía otro tipo de intenciones.
A pesar de que valoro su calidad narrativa y su intención de abordar una época histórica desde una perspectiva diferente, no puedo decir que haya sido una lectura para mí. Eso sí, comentarla junto a mi amigo Gus la ha enriquecido en gran medida gracias a sus aportaciones y a la conexión que hemos tenido en las vibraciones sentidas, ¿qué mejor broche se le puede poner a un libro que una buena conversación?
Es una carta de amor hermosa del narrador al amigo ausente, a esa figura que acompañó e iluminó. Es, también, un comentario sobre la escritura y sus caminos, de la infancia como patria, de la patria como quimera, y de la vida como escritura. Un juego de fragmentos, caminos que derivan en sí mismos. Bien escrito. Bien logrado.
Creo que lo que más me ha gustado es la capacidad que tiene el juego de volcar sobre la realidad el talante de la ficción. El cierre, con un efectismo cómico poco efectivo y poco cómico, sirve de ejemplo de ello. Pero de ejemplo menor. Son todos los demás momentos donde se cuentan historias y se crean historias los que dejan esto claro.
Es ahí donde vibra con luminosidad esa premisa tan cierta de que contamos porque contar es divertido, imaginamos porque imaginar es divertido. Y esa diversión le da sentido a la vida. Porque su nombre es belleza.
Es caótico y verborrágico. Los saltos temporales que mete casi me desalientan un poco de la lectura, pero superado ese bache, me quedé por la tensión indescifrable entre ficción y realidad. El libro está lleno de personajes entrañables y unos pocos olvidables. Eduardo, Oso y sus tías son lo mejor, también me conmovió Nel, el amigo español. A veces me daba la impresión que Mendes era un poco Eduardo a la vez y ese juego me divirtió mucho. Desde la mitad en adelante me encontré marcando algunas frases preciosas e ideas que me parecieron interesantes. Queda flotando la pregunta qué es real, qué es ficción, qué tanto de Pablo hay en Pablo, cuántas historias verdaderamente le contó Eduardo. Sí queda la certeza que la novela es un homenaje sentido al Edu que vivió, fue real y querido.
Una muy buena historia llena de pequeñas historias, de estilo caótico que a veces confunde pero siempre retomas el hilo. Se agradece una historia no lineal y no falsamente hecha así, pareciera que le salió de esta manera al autor. A veces cansan los argentinismos y de pronto se siente una historia parroquial, pero pasando párrafos que sólo le hacen sentido a los argentinos, la historia te sigue llamando. El personaje de Eduardo es fascinante, su vida y cómo busca encontrar en el mito la razón del fracaso argentino es bella.
Empecé fascinada y adorándolo fervorosamente y luego decayó mi interés y renació al terminarlo. Una montaña rusa. Me perdí entre todas las historias y al final entendí que algo de todo esto o muchas partes deben ser verdad y eso es lo que más me terminó gustando. Me gustan las historias de gente, de Eduardo, de Pablo, de Tita y Chiquita, de Teruca, eso es lo que más me atrae siempre.
Lectura difícil que compensa. Mezclando presente y pasado con la excusa de plagiar el texto de un amigo del autor ya fallecido. Madrid y Buenos Aires, huesos y monstruos y el contrabando colonial como maldición y origen de todo en Argentina. Subtramas deliciosas que se conectan.
Eeeeeeh qué decir. Creo que es más 1 que 2. Tiene partes que me resultaron muy interesantes como los relatos de vida de Eduardo, de Chiquita y de el mismo. Lo demás fue muy denso para mí. Me costó muchísimo no abandonarlo y cada tanto me perdía. Me gusta mucho como escribe el autor pero no encontré un hilo que me vaya llevando.
Inicia muy bien, pero me costó la vida. No supe ni por dónde y como a la mitad se me hizo eterno… Generalmente me gustan los ganadores del Herralde pero este no le vi ni por donde, todo muy forzado y un tanto regionalista.
Reseña Nº65 del 2025 NO TODO LO QUE GANA SIGNIFICA QUE LA HISTORIA SEA BUENA
Cabe aclarar, antes que nada, que no estaba en mis planes. La editorial tuvo la fantástica idea de seleccionar a algunos libreros para cederles una copia adelantada antes de que llegaran a las librerías. El libro en cuestión fue el ganador del Premio Herralde (el que se le suele otorgar al sello Anagrama) de este año. Yendo a la historia, la premisa me resultaba interesante, pero a medida que iba avanzando sentía que estaba en un torbellino, en una montaña rusa que no sabía dónde terminaría. Tantos personajes que recordar a tal punto que necesitaba descansar de su lectura por momentos (en especial cuando el autor vuelve al presente, porque juega con los saltos temporales). Si bien cierta información sirve para comprender a nuestro protagonista, ¿hasta qué punto es necesario? No digo que sea mala, sino que no era lo que esperaba. Sin embargo, la cantidad de datos que encontraremos en estas páginas (por más ficción histórica que sea) resulta avasallantemente increíble. Pasando desde sacrificios con animales, leyendas rurales, sectas, mitología griega, hurtos, visionados audiovisuales y sexualidad ante un pasado que muy pocos (o casi nadie) conocen. 11 capítulos extensos para lectores curiosos y apasionados por la historia. Una propuesta distinta a lo acostumbrado a leer, donde nuestro pasado es la clave para comprender la actualidad.
PD: la imagen de la portada pertenecía a una vieja atracción del Italpark, para descubrir el motivo tendrán que averiguarlo en estas páginas.
FRASES DESTACADAS
Instintivamente hice lo que siempre me salvó en la vida: me rodeé de un grupo de protección. Siempre me rodeé de gente que me ayudó, que me quiso, que me acompañó, que apostó por mí.
La vida surge de las aguas. Los fluidos corporales la nutren y en la humedad se sostiene. Los bebes son puro líquido. Nos volvemos duros y enjutos. Y la muerte es sequedad completa. (…) Pero el líquido también es muerte y destrucción. El agua se come las piedras, la madera, el acero. Si entra en los pulmones o en el corazón, te mata en minutos. Mucho tiempo en el agua y la piel se deshace.
¡Cuánto aprendí del mundo y qué poco sobre mí! Y la sombra crecía adentro del arcón. Todavía me da pánico abrirlo, pero sé muy bien cuál es el secreto.
A menudo se me hacía evidente el disparate que es escribir novelas. (…) Mas bien, porque el esfuerzo persuasivo que supone la construcción de una novela es perfectamente inútil y no hay mayor pecado que malgastar la poca energía vital que nos ha tocado en suerte. La novela -el arte en general- compite con la vida y pierde siempre.
Italia y Argentina, un alma con dos cuerpos (…), falso y complaciente. Es que es agotador decir lo que uno realmente piensa cuando conversa así al pasar. (…) es cierto que los italianos, cuando hablan en castellano, lo hacen automáticamente con el acento nuestro. Hay una afinidad fonológica ahí. Tenemos la misma glotis, si bien el habla de ellos es bastante más nasal.
El mundo es un hospital (...); cada día que pasa y seguimos vivos es un milagro. Nunca podrás ganarle a la muerte (...). La muerte ya ganó. (...) Just remember that death is not the end
El único monstruo que conozco, cuyas partes tomadas por separado parecen hombres, pero todas amontonadas forman una única bestia enorme y un endriago más pasmoso que la Hidra.
Hay que tener cuidado con las metáforas imprecisas. Las palabras son importantes. Los países se van degradando y degradando. (…) La Argentina es un gran país con grandes problemas. Las cosas van a mejorar. Pero antes van a empeorar un poquito.
La homosexualidad masculina es el grado superior del alma humana (...). Esa era mi teoría. El hombre heterosexual reemplaza a la madre por la novia, por la mujer, por la compañera, por la prostituta, por la enfermera, por la cuidadora, pero su objeto de deseo es siempre el mismo: su mamá. Es bebé de por vida. Las lesbianas, igual. Y la mujer heterosexual, si bien evoluciona y se aleja de la madre, tiende al varón determinada por la anatomía y por la biología, para procrear. El varón gay se independiza de su propia naturaleza y de su linaje. Es un alma libre de verdad. -¿Por qué te pensàs que los filósofos griegos glorificaban el amor entre hombres? -¿No te digo? (...). En mi vida escuché algo tan machista y tan maricòn.
El monstruo propiamente dicho es un individuo excepcional, la extraña constitución de cuya anatomía suscita horror y admiración entre sus pares. (...) la monstruosidad es una cualidad individual, no colectiva (...), porque, dado que todo individuo es excepcional (...) todo individuo es también en cierto modo monstruoso. Y los hombres somos monstruos, además, porque somos caníbales. Los animales que nos dan sustento pastaron en tierras abonadas por los restos de las generaciones pasadas.
Lo cierto es que la cristiandad se había demorado más de un milenio en asimilar el sentido profundo de la humanidad de Jesús. Los estigmas de Francisco, mucho más que su labor de caridad y su exaltación de pobreza, les enseñaron a los cristianos en Occidente que Jesús no era simplemente un Apolo vencedor de la muerte, sino que también había sido un hombre de carne y hueso que fue vejado y torturado y que murió entre dolores indecibles. Así nació el humanismo que engendró a la modernidad que no tardó en matar a Dios, esta vez para siempre.
Cada uno de nosotros es parte del cosmos, cada uno de nosotros tiene un cuerpo astral y un cuerpo terrestre. Cuando dejamos el cuerpo terrestre nos mudamos a los astros. La muerte no existe.
El alma es andrógina (…). Por algo en sueños uno no es hombre ni mujer.
Hay dos clases de personas, las que se quedan y las que se van. Es un destino y, como tal, no se elige. El exiliado que huye para salvar l vida o para darle de comer a su familia no lo elige. El viajero que parte porque tiene hambre de mundo, tampoco. Uno es lo que es. Claro que el segundo puede volver si quiere. Y la disyuntiva nunca deja de carcomerlo. ¿Vuelvo o sigo adelante? ¿Qué hago acá tan lejos de mi gente? La condición del exiliado voluntario es más tortuosa. Voluntario entre comillas, en realidad, porque si se fue quiere decir que es de los que se van y no de los que se quedan.
¿a quién le podía interesar una novela que explicase cómo se jodiò nuestro país? Nada explica nada. (…) nada es pluricausal porque la causalidad no existe o, si existe, es indemostrable. En la vida como en la literatura las cosas pasan de casualidad. Una corriente de aire mueve la rueda de la fortuna y cae lo que cae. Es el orden desigual que rige el universo (…). Tiempo después, la misma ciclotimia y la misma casualidad me llevarían a retomar la escritura de la novela robada.
-El resentimiento es una pasión derrotista. -No (…) te equivocàs fiero. Pero no es culpa tuya. Hay peronistas hoy que se reivindican el resentimiento, que creen que es el motor de la historia. Es la pasión de las masas explotadas, dicen, la pasión de los comuneros, de los descamisados, de los bolcheviques. ¡Error! La pasión de las masas explotadas es la bronca, que es la única pasión altruista, de hecho. El peronismo nace de la bronca, una reacción espontánea y sincera frente a la desigualdad y frente a la injusticia. El resentimiento es otra cosa. Los pobres quieren cosas que no tienen y les da bronca que otros las tengan. El resentido es alguien que tiene las necesidades básicas cubiertas pero que sabe que está estancado inexorablemente. El resentido no quiere algo que no tiene, quiere simplemente que los demás no tengan lo que quieren. El resentido no quiere que a los demás les vaya bien porque el éxito y la felicidad de los otros es un dedo en la llaga, le recuerdan su mediocridad. El resentimiento es una pasión burguesa, típica de una clase media chata, celosa, abombada por la rutina de las pequeñas costumbres. Y la Argentina es un país de clase media. Eso lo vuelve un país resentido. pudo haber sido grande y no lo fue. Pudo haber sido rico y no lo fue. Pudo haber sido líder mundial y es un cuatro de copas. Y esto es así porque la mayoría de los argentinos, peronistas y gorilas por igual, no queremos que a nuestros vecinos les vaya bien. Punto.
(…) la memoria es una máquina de narrar que omite, rellena y edita para dar sentido. Y recordar es un gesto ocioso, un pasatiempo de pueblos bien alimentados. Lo natural es el olvido porque a fin de cuentas todo se resuelve en la nada.
Estadísticamente hablando, es imposible que no haya lectores que apreciarían lo que escribís. Aunque sean un 0,00001%, ahí están, esperando tus cuentos sin saberlo. En ellos tenès que pensar, no en todos los demás.
(…) es mejor escribir sobre cosas que uno ha vivido. Pero imaginar algo, soñarlo, leerlo también es vivirlo. Uno vive en muchos mundos a la vez. Y todos son reales, cada uno a su manera. El escritor no es más que una antena que sintoniza ondas: imágenes, citas, ideas, figuras retóricas, recuerdos, visiones que, aunque vengan de dentro, se perciben como externas. Solo así es posible la construcción de algo verdadero. En la literatura, verdadero quiere decir eficaz.
Me sorprendió gratamente. El autor explora la amistad masculina y los lazos que se dan entre personas de distintas generaciones. También habla de la historia de Argentina y la forma en que la narra desde distintas miradas es genial: la mirada de niño, la mirada de mujer, la mirada de alguien que solo conoce esa historia desde la distancia…
La verdad es que no me gustó. Me pareció pretencioso por momentos y muy enredado, historias que salían de historias. Lo único que rescato es el personaje de la tía Chiquita. 2,5
El contrabando ejemplar (Anagrama, 2025), del escritor argentino Pablo Maurette (Buenos Aires, 1979), es la ganadora del Premio Herralde de Novela, uno de los más prestigiosos en lengua hispana. Se trata de una historia que hurga en el pasado de un país, y más aún en ciertos hechos truculentos que alcanzan lo fantástico y hasta lo monstruoso, solo para intentar responder una pregunta similar a la que se planteó el personaje de Santiago Zavala en Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa (citado en esta novela). En lugar de preguntarse en qué momento se jodió el Perú, esta vez la pregunta es en qué momento se jodió la Argentina. La novela está dividida en once capítulos de regular extensión. Allí conocemos a Pablo, un aspirante a escritor que intenta apoderarse del manuscrito de su amigo y mentor llamado Eduardo. Se trata de una novela que ha quedado inacabada y que lleva como título “El contrabando ejemplar”, donde se intenta demostrar, a través de una serie de hechos históricos e insólitos, el momento exacto cuando se jodió la Argentina. Pablo conoció a Eduardo cuando tenía seis años. Eduardo era amigo de los padres de Pablo. Esta amistad y cercanía se mantuvo a pesar de la diferencia de edades, más aún cuando Eduardo se fue a vivir un buen tiempo en Madrid, donde conoció a Teresita, una cubana que de niña llegó a conocer al Che Guevara. Aunque luego la vida de Eduardo tomó un giro inesperado a partir de sus obsesiones literarias, como querer escribir la gran novela argentina, además de guardar tantos recuerdos que han quedado como traumas. Estos corresponden a la historia de su perro oso, a su barrio de Liniers, a un pueblo infecto-contagioso conocido como Apeadero Kilómetro 36, que después se llamó Gran Bourg. Aunque estos recuerdos también van mucho más atrás, cuando Eduardo era un niño de once años y le pasó algo malo al vender periódicos viejos al peso. Se suma a este recuento la presencia de la tía Chiquita cuando lo visitó por primera vez y le enseñó la vía láctea. Es justo esta tía la que le cuenta la historia de un monstruo querandí, que guarda relación directa con el pasado de su país. Lo más interesante es que la tía Chiquita también cobra protagonismo porque también tiene muchas historias que contar, como sus amores del pasado, las pérdidas de sus futuros hijos (seres nonatos deformes), o la vez que le dejaron a un niño abandonado llamado Ramoncito. Y a la par de estas historias de la tía Chiquita, surgen otros personajes igual de inquietantes. Nos referimos primero a la Teruca, una mujer con una vida bastante singular. Y segundo, el italiano Pietro Malaspina, que en el siglo XVII se convierte en uno de los protagonistas del puerto de Buenos Aires, lugar impedido hasta ese momento para realizar intercambio comercial debido a que todo se centralizaba en el puerto del Callao, en Lima, Perú, cuando todos estos territorios pertenecían a un solo virreinato. Es entonces que Malaspina hace de esta zona del Río de la Plata un centro clandestino para realizar contrabando (allí parece estar el origen de todo).
El último premio Herralde de Novela @anagramaeditor fue otorgado al escritor argentino Pablo Maurette, por su novela “El contrabando ejemplar”. Frente a la muerte de Eduardo, un gran amigo de su padre, Pablo, un escritor en búsqueda de inspiración, decide apropiarse de una novela sobre la cual Eduardo estaba trabajando. En el proceso, revisará el texto original pero también archivos y los audios que Eduardo le mandaba, un ciudadano argentino radicado en España donde finalmente estaba viviendo la vida que quería luego de un infarto que lo tuvo al borde de la muerte. Esta investigación hace que los elementos de ficción y no ficción se crucen bajo en lo que a mí es una idea de reconciliación. Primero, con la historia de Buenos Aires y Argentina (¿tenemos que siempre preguntarnos por el momento en que se fue al carajo?), y segundo, con la historia de Eduardo, que por tanto tiempo quiso hablar (y publicar) pero que nunca encontraba voz o disposición a escucharlo.
“La primera vez que Eduardo mencionó El contrabando ejemplar fue en el año 1997. Tomábamos café en un barcito espantoso que ya no existe, en la esquina de Santa Fe y Anchorena. Había pasado unos meses desde la operación y él ya estaba más bien recuperado. Yo tenía dieciocho años, acababa de dejar de robar y no sabía si estudiar Letras o Historia. Como de costumbre, hablábamos de política. Debatíamos por enésima vez la pregunta del millón, la de Conversación en La Catedral. ¿Cuándo se jodió la Argentina? (...) - Pablito, ¿querés saber exactamente cuando se fue todo al carajo? Vas a tener que leer mi novela, El contrabando ejemplar”.
¿El contrabando ejemplar es el contrabando de historias? Las historias contrabandeadas por Pablo, Eduardo, la tía Chiquita, Teruca, Zebulão Mendes y Pietro Malaespina, personajes de esta novela que van construyendo una genealogía loca que se remonta a la fundación de Buenos Aires.
Eduardo es un tipo con el que uno se encariña. Un personaje que conocemos por la mediación del narrador, Pablo, su albacea y discípulo, y que se construye como un estupendo contador de historias, formado en la escuela de Sandokán, la colección Robin Hood y las señoras del barrio. Por eso, el relato de la infancia de Eduardo en Liniers es uno de los mejores momentos del libro.
La subtrama de Chiquita, la tía de Eduardo, y de la leyenda del monstruo querandí (que explica el fracaso de Argentina) se desenvuelve de manera original. El robo-escritura de la gran novela argentina a partir de esa leyenda es el motivo que incita al narrador a continuar el "contrabando".
Un proyecto ambicioso que corre el riesgo de fracasar, porque en este suelo nunca terminará de madurar nada... Toda una reflexión metaliteraria que plantea Maurette y que remite, ineludiblemente, a Radiografía de la pampa de Ezequiel Martínez Estrada, así como también a la novela de Junot Díaz, La maravillosa vida breve de Oscar Wao, que explica la dependencia económica y el sufrimiento de los dominicanos por una maldición que pesa sobre ellos.
Todo esto sienta una premisa más que interesante y valiosa, pero me parece un despropósito que, a diez páginas de terminar, se sigan presentando nuevos personajes. Sentí que incluso para una generación de lectores con déficit de atención, Maurette abría demasiadas pestañas que no terminaban de ser lo suficientemente fuertes para el desarrollo argumental. Es la gran falla que le encuentro al libro, que me obligué a terminar. No quita que tenga muchos pasajes graciosos, memorables, que la vuelven una lectura digna de experimentarse.
Contar la historia de la fundación y expansión de Buenos Aires desde el punto de vista de los sabandijas, ésa es la gran hazaña de Maurette. Seguramente a cualquiera que lea esta novela, la ciudad le parecerá más pintoresca.
Menudo viaje. Este libro me ha producido de todo: carcajadas, rechazo, fascinación, aburrimiento, curiosidad, escepticismo...Justo por eso llego a la conclusión una vez terminado de que es un gran libro.
Ante todo, no es una novela histórica, porque reconoce en sí misma que no tiene el rigor para serlo; no pretende ser la gran novela argentina, porque sabe que no existe; ni tampoco responde a qué ocurrió entre que Pedro de Mendoza fundó Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre hasta que se constituyó el Virreinato del Río de la Plata, porque prácticamente no hay fuentes para hacerlo. Lo que es realmente es una oda a la oralidad argentina, a ese diálogo que persigue un fin pero cuya verborragia se disgrega en todo un universo de narraciones tangenciales que se cruzan y se separan de su causa original. Es hablar de esa verdad histórica que dice Borges, que no atañe a lo que sucedió, sino a lo que juzgamos que sucedió, a las explicaciones que nos damos a nosotros mismos frente a nuestra suerte y nuestra desgracia, a cómo nos conectamos con nuestra identidad y nuestra historia a través de la memoria colectiva. Es una exaltación del arte de narrar, porque al final somos las historias que nos contamos.
"[...] es el placer que persigue quien escribe. La esperanza de que una parte de nosotros nos sobreviva, la fe en una forma de permanencia que vence a la muerte. [...] es hacerse presente, marcar el territorio."
Hace algunas semanas, aprendí un concepto completamente nuevo para mí: anemoia, "la nostalgia por lo no vivido", una sensación de melancolía por un pasado que no fue el propio. Aunque no soy una persona afín a las cuestiones esotéricas, sí considero que todos hemos sentido la anemoia en algún punto: algo de esas experiencias que nuestros antepasados vivieron no muere y sigue fluyendo en la memoria de las generaciones siguientes. De eso se trata este libro, del vivir y revivir a través de nuestros antepasados y de la historia de nuestra tierra. De volver a contar para volver a entender, y no olvidar la importancia de no dejar nunca de seguir contando. Ese es uno de los roles más importantes de nuestra literatura.