Sus diez relatos carecen de hilo conductor, más allá de la inconfundible voz de su autor y de su obsesión por explorar sus temas recurrentes desde situaciones extremas. Tanto es así que el conjunto funciona más como inmersión a la mente de Román, que como mera recopilación de historias fantásticas: mezcla lo lisérgico y lo costumbrista, los horrores más íntimos con las raíces pulp. Su lectura no resulta densa ni tan experimental como la magnífica Carpintería muerta, pero rehúye la comodidad y exige un lector activo que acepte lo imposible y no busque historias predecibles, ni fácilmente digeribles.
No haré una disección de sus cuentos; no quiero arruinarte la sorpresa. Solo te diré que en ellos encontrarás un tratamiento único del miedo al olvido, la soledad, el fracaso, la culpa, las segundas oportunidades, la rabia, la frustración, la inocencia perdida, la violencia y la muerte.