Un sueño despierta a la protagonista de Cruza y le pide que escriba. En sueños su herencia doble hace bullicio de indias, de gringas y criollas. Ese pálpito onírico la impulsa hacia una excavación genealógica en la historia de sus madres y abuelas y en la geografía de tres provincias para entender su propia identidad híbrida. Con una prosa poética singular, Camila Vazquez le da forma a un relato precioso sobre la estirpe y demuestra que la identidad no es un destino de sangre, sino una frontera que se elige narrar y cruzar. Cruza es un acto de imaginación feroz donde el desarraigo se transforma en pertenencia. Una novela de simbología precisa, habitada por ríos y flores.
«[…] ¿por qué importa tanto un origen?, ¿existe algo semejante?» es para mí la idea que atraviesa la novela fragmentaria de la autora argentina Camila Vázquez, quien, a partir de un sueño, decide explorar la historia de las mujeres de su familia y escribir sobre ellas y sobre la indefectible huella en su vida. Sin embargo, lo más interesante es que el linaje materno no es de sangre, ya que Camila tiene a su mamá Silvia —quien falleció de golpe cuando ella tenía 4 años—, sino de su mamá Adriana, la segunda mujer del padre y quien la crio. Mujeres aborígenes, inmigrantes italianas, gitanas y blancas que se cruzan con criollos e indios y dejan su rastro por las sierras cordobesas, San Luis y Santa Fe. La estructura fragmentaria de la novela funciona como espejo de los fragmentos de la memoria de una estirpe con los que se construye la historia de una familia y de un país. Con una prosa poética, la autora narra momentos de su vida y de estas mujeres fuertes, y busca así completar el tejido de su vida y llegar al resultado de quien es hoy. «Cruza» es un rompecabezas poético lleno de flores y de monte que remite mucho a Sara Gallardo y es escenario y testigo. Es una lectura para ir con pausa y saborearla. Mucha energía de cáncer y piscis. Me gustó mucho. Otro éxito de la editorial Concreto.
Como un puzzle, un juego para armar y reconstruir fruto de un sueño y de una memoria que se sumerge, indaga y bucea entre generaciones.
Una genealogía pintoresca, la historia de las mujeres de una familia y un tejido literario trazado desde el monte y con flores, luminoso y bello de a ratos; complejo, sucio y crudo por momentos.
Un recorrido por distintos ritos de pasaje involucrados en el ser mujer / mujer indígena /mujer gitana/ mujer adjetivada de muchas maneras diferentes .
Una cruza , una mezcla azarosa de entre miles de posibilidades, pero una específica : la cruza a partir de la cual construís tu identidad , tu por qué y tu potencia. Lazos que trascienden la sangre
Una lectura de esas que se disfrutan por como están escritas, para leer y releer, subrayar y atesorar esos juegos con el lenguaje : el arte en cómo se dice lo que se cuenta . Prosa llena de simbología, interpeladora, desafiante. Poesía vuelta narrativa .
Gracias Cami por desnudarte así, por volvernos parte de ese tejido mágico, onírico y hermoso a partir del cual nos adentraste en el mundo de tu propia historia.
La escritura de Cami me resulta brillante; una mina llena de joyas que atesorar y subrayar. Una prosa poética y encantada, salvaje y sofisticada. Mucho corazón y montaña, referencias ricas tanto literarias como geográficas, históricas, genealógicas y botánicas. De las voces más interesantes de su generación. Y me gustó el final.