- Canción I y II: De acuerdo con Alfredo Sharpe, la Canción I toma como punto de partida el soneto CXLV del Canzoniere de Petrarca. El tema central es una queja amorosa: el poeta persiste en seguir a su amada pese a la dureza con que esta lo trata. Sin embargo, la impronta española domina sobre la influencia italiana: no se busca la delicadeza, sino una expresión más vehemente. La Canción II, en cambio, se inscribe plenamente en la sensibilidad petrarquista, con énfasis en la soledad, el padecimiento interior y la meditación.
- Canción III: Según observa Mariana Iglesias, la experiencia política y militar de Garcilaso, así como su estrecho vínculo con Carlos V, dejan huella en sus versos. El poeta recurre a la figura de la alusión para encubrir su malestar por el destierro, logrando “decir lo que debía, sin dejar de insinuar aquello que no podía silenciar”. Este recurso de sustituir términos y evitar menciones directas responde a una estrategia de autocensura: al no nombrar al verdadero destinatario (Carlos V) y girar en torno a un sujeto solo sugerido, el poema permite que el sentido quede difuminado bajo la apariencia del motivo amoroso.
- Canción IV: Según Silvia Stefan, la poesía de Garcilaso actualiza con frecuencia la filosofía neoplatónica, a menudo fusionándola con alusiones a mitos clásicos. Las concepciones neoplatónicas del amor se articulan con el mito ovidiano del vínculo imposible entre Apolo y Dafne, relato particularmente apreciado por el propio Garcilaso (en su Soneto XIII). El poeta reelabora aquí con notable acierto el tópico del amor entendido como dolencia que consume el alma a modo de veneno mortal, tema que procede del Soneto VI de Petrarca.
- Canción V: Esta composición está dedicada por Garcilaso a Violante Sanseverino, en nombre de su amigo Mario Galeota, quien sufría desánimo y tristeza porque ella no le prestaba atención. El poema busca conmoverla. Se abre con menciones al mito de Orfeo y a Marte. En la parte final, Garcilaso evoca la historia trágica de Anaxárete e Ifis.