No recuerdo donde leí que este libro es un “ejercicio de arqueología cultural donde el grafema cirílico funciona como el pico que fractura el permafrost de los estereotipos occidentales”. Si, así de largo lo recordaba (¡Ja,ja!) Mentira, lo copié en mis notas del celular para ocuparlo después en esta reseña.
Esta novela es la “Ganadora del Premio de No Ficción Latinoamérica Independiente en 2025” no recuerdo en este momento si ya leí alguna ora novela que haya sido premiada con este galardón, pero, sí que reconozco que la propuesta de Berri es audaz: cartografiar la vastedad de lo eslavo mediante la estructura rígida de un abecedario, más sencillo, transformar la lingüística en una narrativa de descubrimiento. Lo titularemos:
El grafema como umbral, luces y sombras de una estepa semántica
El mayor triunfo de Berri reside en su capacidad para evitar el exotismo barato. Como Doctora en Letras, no se limita a traducir palabras; analiza y disecciona términos que carecen de un equivalente exacto en español como la toska (melancolía angustiante) o la poshlost (la banalidad pretenciosa). Para Berri la lengua es un molde del pensamiento, su perspectiva aporta una distancia crítica que permite comparar la calidez de su origen rioplatense con la distancia necesaria de la etiqueta social moscovita. Si bien el formato de alfabeto permite una lectura ágil y modular al segmentar la cultura en 33 capítulos (uno por cada letra del alfabeto cirílico), la profundidad del análisis se ve a veces sacrificada en favor de la simetría formal. Me explico, en ciertos pasajes, el libro oscila entre la iluminación brillante sobre la literatura de Tolstoi y breves anécdotas cotidianas que, aunque encantadoras, me parecieron bastante carentes del peso intelectual que esperaba. Que ¿Qué esperaba? Bueno, La autora intenta responder si es posible capturar la esencia de un pueblo a través de su sintaxis, eso es casi una tesis.
Algo que si me encantó descubrir en este texto fueron esas conexiones magistrales entre el cine de Tarkovsky y la etimología de la luz/sombra. Pese a que a veces las referencias literarias se sienten como una lista de imprescindibles más que un análisis disruptivo. Tiene una sensibilidad aguda para retratar el rol de la mujer en la cultura eslava contemporánea y una prosa elegante, límpida y con una cadencia que emula la musicalidad rusa.
Alfabeto ruso me parece una obra de divulgación de alto nivel que cumple con creces su promesa de tender puentes. Sin embargo, para quien ya camina entre las sombras de Dostoyevski o conoce los matices de la historia soviética, el libro puede sentirse como una elegante recapitulación más que como una tesis revolucionaria. No decepciona porque la ejecución es impecable y la pasión de Berri por su objeto de estudio es contagiosa; tampoco fascina por completo porque, en su afán de ser una ventana, se olvida ser un espejo que refleje las contradicciones más crudas y menos estéticas de la Rusia actual. Lo que si vas a encontrar es un viaje fascinante.
"El alfabeto de Berri es un mapa preciso, pero el territorio ruso sigue siendo, por fortuna, inabarcable."