«¿Será el ombligo un puente entre la vida y la muerte? ¿La frontera que separa el territorio de quienes migran? ¿La soga que nos amarra unas a otras? ¿La vasija que contiene el mar del que venimos? ¿El círculo que esconde lo que ya no está? Con delicada escritura, Iliana nos lanza preguntas envolventes como una corriente acuática. Introspectiva, hipnótica, refinada, sutil. Entrar a esta lectura es ser parte de un rito antiguo y necesario. Buscar entre todas el lugar adecuado para poner aquello que desapareció.» Nona Fernández «Cada mar desierto es un relato íntimo y fragmentado, un viaje, una genealogía y, sobre todo, un duelo compartido entre madre e hija que trasciende espacio y tiempo. Iliana Pichardo Urrutia explora formas y lenguajes y construye un conmovedor relato que nos invita a honrar la memoria de los nuestros.» Sylvia Aguilar Zéleny. Hay cosas que se suelen un hijo que no llegó a crecer, el dolor que no se puede nombrar, los deseos que no se agotan con la maternidad por mucho que ames a tu familia. Este relato comienza en el silencio nocturno del desierto entre México y Texas, donde la narradora busca darle cuerpo a la ausencia del hermano que murió ocho minutos después de nacer. Mientras sus hijos duermen tranquilos cerca del acta de defunción que encontró en casa de la abuela, recién fallecida, la narradora desanda su historia familiar y se acerca a ese vientre materno que se volvió una trampa, como las vasijas en las que los pulpos logran entrar, pero no salir. De ahí brotarán las palabras para contar lo que se silencia, flujos de experiencias propias y ajenas que cruzan cada frontera y cada mar desierto. Con esta narración poética de sorprendente elegancia y profundidad, Iliana Pichardo Urrutia demuestra que la escritura puede ser al mismo tiempo un bisturí que penetra en el dolor y una aguja que sutura la distancia y la solitud. A través de los conceptos de cuerpo y límite entrelaza reflexiones sobre la maternidad y la migración, dándole forma estética al proceso de duelo gracias a un texto fragmentado, intenso y vital.
Por razones que tienen que ver más con mi estado de ánimo que con el libro, me tomó tiempo conectar con el proyecto escritural de Iliana. No obstante, llegué a la mitad del camino y me encontré con un trabajo que elabora muy finamente sobre las capas generacionales maternas, las ausencias marcadas por la muerte prematura de vidas gestadas, el mar como principio de vida ligado al útero y al habitar, el nomadismo y la violencia obstétrica. Esta constelación de figuras femeninas me hizo pensar en la existencia de la narración como práctica intergeneracional que entre hombres no tenemos y que en estos casos abona a la creación de huellas y acuerpamientos de esas historias que se pelean con la experiencia del presente.
Un trabajo que toma la fragmentariedad y la autoficción para elaborarse. Un trabajo documental que marca un signo de cierta escritura del presente.
Este libro es un ejercicio de respiración, un prestarle atención al pulso. Iliana Pichardo Urrutia traza en la arena una genealogía con y a pesar del miedo que trae consigo iniciar una búsqueda, ir al pasado, caer en el eterno retorno. Leer es entrar con el pecho hundido, nadar en aguas que pueden llegarnos al cuello, es amoldar el corazón. Leer este libro es acuerparlo.