«La prosa de EthelKrauze revelaparticularidades que la ubican entre lasy los grandes novelistas del mundo.»
-Élmer Mendoza
En su entrañable nueva novela, EthelKrauze nos lleva por un viaje en el tiempo a las décadas centrales del siglo XX en la Ciudad de México. Desde la voz de una narradora genial y ocurrente que nos permite asomarnos con su inocencia a los secretos de la casa, nos envolvemos en sus perplejidades y descubrimientos, mientras ella va teniendo que cruzar las puertas, físicas y simbólicas, de su última infancia a su plena adolescencia.
En este camino la acompañan una abuela eternamente presente, la madre con sus propios vaivenes, el padre con sus miradas de trueno y los hermanos mayores en sus apasionadas e irreverentes búsquedas. Aparece también el primer amor y mil aventurasque se desdoblan en un lenguaje poético y desembocan en un momento revolucionario y parteaguas de la historia elmovimiento estudiantil de 1968.
Con anécdotas memorables y una singular perspectiva que mezcla la fantasía con un registro realista, casi teatral, esta obra confirma a su autora como una de las voces imprescindibles de la narrativa contemporánea y dibuja el paisaje de una sociedad que empezaba a despegar sus alas hacia el amplio territorio de su futuro.
La obra se distingue por su singular perspectiva que mezcla la fantasía con un registro realista. El uso del lenguaje es directo e intensamente metafórico, lo que logra una expresión concisa y memorable.
El libro comienza presentando a la narradora, una niña de once años, en medio del caos doméstico de una casa sin "puertas de verdad", lo que permite que los "terrores" y secretos familiares se cuelen por todas partes. Este ambiente de puertas abiertas coincide con la recuperación de su madre tras una histerectomía (la pérdida de su matriz) y sus posteriores transformaciones, que la llevan a intentar redecorar la casa o a iniciar su negocio de flores secas Siempre flores. La niña inicia su camino hacia la adolescencia explorando el despertar de su cuerpo y la necesidad de un espacio privado, incluso creando mentiras en su libreta de autógrafos para sentirse vista.
La protagonista transita a la adolescencia, sintiéndose "insoportable" tras la llegada de "la marca" (la menstruación). Los conflictos parentales persisten; el padre expresa su furia a través de sus "miradas de trueno", mientras la madre busca su propia identidad a través de dietas y clases de baile. La narradora vive un periodo de intensa introspección y confusión corporal, enfrentando miedos y deseos ambiguos, como su breve ensoñación de ser una sirena al usar el brasier de su madre, o la experiencia aterradora de despertar en la cama de su padre. En un acto de rebeldía incipiente, se atreve a salir sola de la casa por primera vez durante la siesta familiar.
El conflicto familiar llega a su clímax durante un desayuno cuando el hermano anuncia que dejará la escuela militar para dedicarse al teatro, y la hermana declara su amor por Magnolia, su novia. La narradora se une a la confrontación familiar rompiendo los platos en un "hermoso crujir" que la hace sentirse finalmente vista y partícipe de la "experimentación". Finalmente, la narradora se enamora de Iván, un estudiante activista, y se une a la causa política de su época. Desafiando la orden de su padre de no salir por el peligro de las protestas, Abue Ignacia le da la llave de la reja. La protagonista cruza esta puerta física y simbólica para unirse a Iván en la Marcha del Silencio de 1968, sintiendo que entra en una "nueva historia" donde "arderán las voces, florecerá la sangre".