Incontables risas y preguntas que no pasan de moda.
Guadalupe Loaeza ha retratado como nadie a la burguesía sus tardes con el psicoanalista, sus excursiones a la Lagunilla, sus vacaciones frustradas, sus fiestas de happy birthday y hasta sus dramas de Navidad. Con un estilo crítico, ingenioso e incómodamente divertido, captura la esencia de unas «niñas bien» que, aunque hoy se visten con huipiles combinados con pantalones carísimos, siguen siendo reflejo de una clase social desconectada de su realidad, llena de contradicciones, aspiraciones y excesos. A cuarenta años de su primera edición, este ya clásico regresa con la misma frescura y voz mordaz que lo hizo inolvidable.
Tenía mucha curiosidad de conocer este libro. Se publicó por primera vez en 1985, cuando yo tenía 15 años. Y recuerdo que fue todo un boom. Y generó mucha polémica.
Por una parte, visibilizó el estilo de vida burgués de aquella época, con todas sus mañas y triquiñuelas. Puso de moda lo 'nice', lo 'fashion' y se convirtió en chiste recurrente: "eres un niño bien". Algunos escritores decían que era literatura light, casi como sinónimo de basura. A la autora se le etiquetó como "una niña bien". Por esto, yo creía que ella promovía ese estilo de vida, y veo que no fue así. Ella simplemente evidenció ese estilo de vida. Me sorprendió saber que quienes presentaron el libro, fueron Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis, escritores de izquierda.
Respecto a la calidad literaria, me parece que no se destaca por eso. Es un libro sin pretensiones en ese sentido. Me pareció curioso, como antecedente de una época que me interesaba conocerlo. Pero hasta ahí.