El castillo de Dobrodosla no vive sus mejores tiempos. Por primera vez desde la época del rey Sorín, los intereses de la corona miran en una dirección totalmente opuesta a la indicada por aquella hechicera que, desde entonces, les ha guiado para que obren con prudencia y justicia.
¿Qué ocurrió para que Etérnida desapare-ciera y no volviera a saberse de ella? La respuesta se encuentra en esta entrega de la saga Etérnida.
En Etérnida, el castillo de Dobrodosla atraviesa su etapa más frágil. Desde los días del rey Sorín, la corona gira la mirada hacia un rumbo que contradice el mandato —y la brújula moral— que la hechicera dejó marcado tiempo atrás. Esa tensión inicial funciona como un anzuelo muy efectivo, porque instala desde las primeras páginas una pregunta ¿Qué ocurrió para que Etérnida desapareciera sin dejar rastro?
La novela responde con una historia en la que seguimos a Mlad, Devoika, Brineta, Tsuritsa y otros personajes con carácter propio, objetivos nítidos y contradicciones que los vuelven muy creíbles. Hay un punto de aventura clásica —de ese que te hace avanzar capítulo tras capítulo—, pero también un componente de intriga y consecuencias, además, se beneficia de un tono que sabe alternar momentos duros con chispazos de humor e ironía. En varios tramos la sensación es la de estar viendo a un grupo de “goonies medievales” metiéndose en problemas demasiado grandes para ellos.
Uno de los mayores aciertos está en la voz del autor. El estilo es muy definido, con un vocabulario rico y una estructura narrativa clara, lo que hace que el libro se lea con facilidad incluso cuando la trama se complica. Se nota oficio en cómo se dosifica la información y en cómo se va tensando el hilo hasta desembocar en un giro que sorprende y un final que deja con ganas de más, de esos que te obligan a mirar atrás y entender que ciertas piezas estaban ahí desde el principio.
El conjunto es muy sólido y tremendamente entretenido: tiene aventura, amistad, lealtad, traición, alegrías y golpes secos, con alguna escena más subida de tono.
Enhorabuena al autor y a todo el currazo que hay detrás de este libro,