Cuando el amor se rompe, a veces solo queda huir, así que, Lena decide marcharse con sus tres gatos a Èze, un pequeño pueblo de la Costa Azul francesa que visitó años atrás. Busca paz, inspiración… y quizá una forma de volver a encontrarse a sí misma.
Allí conoce a Eidon, un joven español que parece conocer el pueblo mejor que nadie, y que la invita a mirar Èze —y la vida— desde otra perspectiva. Entre calles empedradas, atardeceres dorados y conversaciones que rozan el alma, nace una conexión inesperada.
Pero lo que empieza como inspiración pronto se convierte en una historia tan intensa como frágil, donde el amor se confunde con el miedo.
Y es que, a veces, el destino tiene un extraño sentido del humor...
¿Y si las personas que amamos ya nos amaron antes?
¿Y si esta vida fuera solo una oportunidad más para reencontrarnos?
“Lena acaba de pasar por una ruptura. Con la esperanza de buscar inspiración para su nueva novela, decide dejarlo todo e irse 6 meses a Èze, en Francia. Allí conocerá a Eidon, un fotógrafo español con el que, sin explicación razonable, siente una conexión especial y una fuerte sensación de que ya se conocían de antes” _____________________________________________ Cuando Rebeca, la autora, me envió este libro a raíz de una colaboración con mis velitas, no supe qué esperar. Lo empecé sin expectativas, bajo una mirada profesional y curiosa, buscando toda la inspiración posible para mis velas, y sin embargo he acabado encontrándome con una historia que me ha tocado el alma.
En general, las historias de romance suelen encantarme, pero hay algo en los “Small Town Romance”, que me conquista especialmente. Hace unos meses leí un libro de este estilo, donde la protagonista lo dejaba todo y se iba a otro lugar a buscar algo de paz, tranquilidad y sobre todo a sí misma. Mientras lo leía, en uno de esos juegos del destino tan recurrentes en mi vida, me llegó una notificación con una oferta para hacer unas prácticas en un pueblo. La inspiración y energía hicieron que me apuntara sin reparar en mi ansiedad y miedo; y finalmente viví una de las experiencias más bonitas de los últimos años. Esta historia sin duda me ha hecho revivir esa aventura. Pasaron muchas cosas, todas menos una, y eso es precisamente lo que se cuenta a través de Lena y Eidon. Lo que me habría gustado que sucediera. Leer su historia me ha hecho reconciliarme con lo que no pudo ser, y ha llenado un poco el vacío que sentí cuando me fui.
Lena ha sido mi personaje favorito, su imperfección, su inseguridad, su tormenta interior; pero también su creatividad y singularidad. Me he visto profundamente reflejada en ella, en sus miedos y en su estilo de vida. Ha sido precioso ver su evolución y su valentía creciente. Y Eidon sin duda me ha enamorado. Su paciencia, su confianza, su seguridad, su cariño. Ambos forman un tándem que te hace creer en el amor, pero en el de verdad, como dice Rebeca.
Ha sido una experiencia muy chula, leerlo al son de las canciones que aparecen al inicio de cada capítulo, subrayar cada reflexión y sentir que estaba leyendo un libro de una autora consagrada que podrías encontrar en cualquier estantería de una librería importante. Ha conseguido hacerme recordar por qué me gusta tanto escribir y el sueño tan grande que sería llegar a completar una historia, porque sin duda me he visto reflejada hasta en su pluma y su manera de narrar, tan parecida a la mía.
Aunque lo que más me ha gustado ha sido ese aura de Realismo Mágico y vidas pasadas. Suelo ser una persona objetiva, pero a su vez creo en las energías y en el destino, sobre todo cuando tantas veces he experimentado casualidades imposibles. Esta historia me llega en el momento oportuno, y supongo que esto también ha sido parte de ese juego mágico e inesperado. La última vez que leí un libro de este tipo, me hizo vivir una aventura, me pregunto a dónde me llevará este.