Después de una pausa de dos años, en octubre de 1924 y estando en Biarritz, Baroja termina Las figuras de cera que, dentro de las Memorias de un hombre de acción constituye una especie de trilogía con La nave de los Locos y Las mascaradas sangrientas. La acción sigue centrada en Bayona, siendo figuras principales el trapero Chipiteguy y el joven Álvaro Sánchez de Mendoza, enamorado de la nieta del primero. La manera de combinar la acción novelesca con las intrigas aviranetianas refleja gran maestría y puede afirmarse sin miedo a cometer error, que estas tres novelas son de las mejores de la serie.Las figuras de cera se divide en cinco partes. En la primera se nos presenta a Chipiteguy y se describe su entorno. La segunda es una novela de espías: Aviraneta fabrica un conjunto de documentos falsos (el Simancas) que deberán ser introducidos en el campo carlista por uno de sus agentes de forma que resulten creíbles. La misión culmina con éxito total, y como resultado, se producen graves enfrentamientos internos en el bando carlista que, de modo indudable, contribuyeron al desenlace de la primera guerra civil. Las otras partes, de mayor interés novelesco se dedican a contar las andanzas del viejo Chpiteguy y sus allegados, hasta llegar al momento del secuestro de éste, en que queda interrumpida la acción.
Pío Baroja y Nessi (1872-1956) nació en San Sebastián y vivió durante casi toda su vida en Madrid, donde estudió Medicina. Su ejercicio como médico fue breve, en Cestona. Volvió a Madrid, donde entró en contacto con Azorín y Maeztu, que le llevaron a entregarse a la literatura, su gran vocación. Publicó sus primeros libros en 1900 tras una serie de colaboraciones en diarios y revistas. Siguió una etapa de intensa labor que conjugó con viajes por España y Europa. En 1911 publicó El árbol de la ciencia. Hasta entonces había publicado ya, además de cuentos, artículos y ensayos, diecisiete novelas que constituyen lo más importante de su producción. Su fama se consolidó y su vida se consagró a escribir, volviéndose cada vez más sedentaria. En 1935 ingresó en la Real Academia. Durante la Guerra Civil pasó a Francia, pero en 1940 se instaló de nuevo en Madrid. Murió en 1956. Pío Baroja fue el más importante novelista contemporáneo por sus extraordinarias dotes de narrador. Su influencia posterior ha sido enorme y los novelistas de la posguerra siempre le reconocieron como su maestro. Fue un escritor fecundísimo. Sus novelas son más de sesenta. Él mismo agrupó muchas de sus novelas en trilogías (34), pero estas clasificaciones, con alguna excepción, frecuentemente carecen de relación entre las obras que las integran. Hay que destacar las distintas trilogías:
- «Tierra vasca», formada por La casa de Aizgorri (1900), El nayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín, el aventurero (1909). Esta última es un ejemplo de la novela de acción de Baroja. Narra, animada y ágilmente, la vida del vasco Martín Zalacaín: su infancia y aprendizaje para la vida, las trepidantes aventuras de contrabandista, su antagonismo con Carlos Ohando, el amor y la muerte trágica, todavía joven, y el halo de héroe popular creado en torno suyo. - «La lucha por la vida»: La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1905). La primera es para muchos la obra más intensa del autor: cuenta la historia de un muchacho, Manuel, que, venido de un pueblo a Madrid, va pasando por diversos ambientes y oficios hasta terminar en los suburbios de la ciudad, entre mendigos, golfos y vagos, al borde de la delincuencia. Baroja, con intención social testimonial, pinta descarnada y sombríamente, las clases medias bajas y, particularmente, los estratos más miserables de la sociedad madrileña de finales y comienzos de siglo: cuadros de ambiente, tipos de toda calaña —pícaros, prostitutas, criminales, proletarios— , la mendicidad y la miseria; y en medio, Manuel, que por su falta de voluntad y por la total desorganización social, se va degradando cada vez más, aunque no definitivamente, en la difícil lucha por la vida. - «La raza», a la que pertenecen El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad de la niebla. El árbol de la ciencia es una novela típicamente noventayochista, en cuanto que refleja la crisis existencialista vital del inadaptado protagonista, Andrés Hurtado, sus disquisiciones pesimistas, las dolorosas experiencias que le conducen al suicidio, le dan pie a Baroja para realizar una feroz crítica de la sociedad española de su tiempo. En esta novela hay abundantes aspectos de la vida del propio Baroja.
Además escribió cuentos, novelas cortas, libros de viajes, biografías, ensayos… Resultan también destacables sus memorias, tituladas Desde la última vuelta del camino, siete volúmenes que constituyen un importante testimonio de la personalidad del autor y un excepcional panorama de toda una época.
En 1838 Avinareta sigue con su particular cruzada por azuzar las diferencias en el ya dividido bando carlista. Para esto remueve y coordina a sus espías para hacer llegar a las facciones carlistas más reaccionarias un documento falso acusando a Maroto de traidor y masón. Pero esta novela nos lleva a otra historia, la del viejo Chipiteguy, trapero rico de Bayona, librepensador, ateo y ex-revolucionario que trabó amistad con don Eugenio en aquellos años de la primera guerra carlista. Chipiteguy vive para su nieta Manón, jovencita encantadora e insoportable a la que su abuelo le permite todo. De la nieta del trapero se enamora el joven Alvarito Sánchez de Mendoza, hijo de un carlista venido a menos que ha de consentir que su vástago trabaje en el almacén de Chipiteguy para poder salir adelante. En la casa del trapero bayonés se van desarrollando acciones, intrigas y negocios hasta que sale adelante uno peligroso, pero muy lucrativo: cruzar la frontera e ir a España para recoger un cargamento de piezas de materiales preciosos expoliado de varias iglesias navarras y vascas. Chipiteguy acepta encantado por un doble motivo, el valor intrínseco del cargamento y el valor sacrílego del acto. Así que prepara una teatral y cuidada puesta en escena: se internará en el país llevando como tapadera una barraca de figuras de cera que instalar en la feria de Pamplona.
Vuelve Baroja a escribir sus impresiones acerca de la literatura, a hablar de formas y contenidos, uno de los temas centrales de toda esta serie. Y para ello expresa la opinión de los protagonistas dse la saga. "-Usted siempre ha sido enemigo de la literatura de imaginación. -Siempre. -¿Usted no ha soñado nunca, don Eugenio? -De esa manera, no. La verdad, la verdad en todo: ese ha sido siempre mi ideal. Al decir esto, Avinareta se planchaba su peluca roja, que tenía tendencia a abombarse y a separarse de su cabeza. Qué cantidad de verdad puede tener una peluca fue un pregunta que le vino a Leguía a la imaginación. [...] Leguía pensaba que en ese camposanto de la Historia, lleno de huesos, de cenizas y de baratijas, cada investigador escoge lo que le place y lo combina a su gusto".
El resumen que se hace de la novela en Goodreads dice que este volumen es el primero de una trilogía específica dentro de los veintidós libros que componen toda la saga, y que esta trilogía es lo más brillante de la misma. Yo no sabía esto. Reconozco que me ha gustado mucho. Es un libro que se sale del canon que Baroja se impone a sí mismo para esta saga, es una novela más "barojiana" que las anteriores. Supongo que esta explicación no tiene mucho sentido, pero yo me entiendo. Lo que pasa es que la próxima lectura de la serie es "La nave de los locos" y aquí me enfrento a palabras mayores. Ya me leí esa novela. Debió ser hace unos veintitrés años. Lo sé por la dedicatoria que le puso mi hermana, que me la regaló un día del libro. Y no es un libro más de Baroja. Es uno de los libros de mi vida, y no sé muy bien cómo me va a salir la reseña. Se intentará lo que se pueda.