Esta novela tiene calidad, y se nota en todo: cada pieza encaja en el rompecabezas, los personajes tienen trasfondo y profundidad, no hay clichés metidos con calzador y el final rompe… sin necesidad de giros estridentes.
Antes de nada, aviso importante: comparte protagonistas con El caso Hartung. Thulin y Hess, ambos inspectores de policía, regresan aquí con su carga personal a cuestas… y sí, influye más de lo que parece.
El caso es completamente nuevo, y no os imagináis cuánto lo he disfrutado. La investigación es minuciosa, de esas en las que cada detalle cuenta. A lo largo de sus cinco partes, la novela va creciendo poco a poco en ritmo y complejidad, sorprendiendo precisamente en esos “pequeños aspectos” que parecen pasar desapercibidos.
No es un thriller rápido ni de consumo inmediato. Con más de 500 páginas, hay momentos que pueden parecer pausados… pero todo suma. Todo tiene un porqué.
La trama ha conseguido sorprenderme de verdad. Creía tener claro por dónde iba a ir, y en parte acerté… pero el “quién” me pilló completamente desprevenida.
El autor es el creador de la serie The Killing, y El caso Hartung también tiene adaptación (muy fiel, por cierto).
Si os gusta este tipo de thriller más atmosférico, pausado y bien construido… vais a acertar de lleno.
Estaba esperando este libro porque me encantó El Caso Hartung. Es excelente, su trama es muy dinámica, es fácil encariñarse con los personajes y aunque el final esta bien para el desarrollo de la historia, si queda como la nostalgia de haber terminado el libro.