La rutina de nuestro día a día, el tiempo, siempre rápido, muy rápido, todo aquello que anhelamos alcanzar, muchas veces cosas que no llegan ni llegarán jamás, y que nos acaban produciendo estrés y ansiedad. El remedio a todo eso, la desconexión total llega con un buen libro entre las manos. Ese es el momento que más me gusta del día, el que más necesito. Apagar el botón "Off" de la vida exterior y centrarme en historias tan increíbles como esta de Edurne Portela en 'Mejor la Ausencia'.
En esta ocasión, un libro que me abre las puertas a la narrativa de la vizcaína. Es cierto que escogí esta novela de la forma que más me gusta: un poquito a ciegas, sin saber mucho sobre ella, dejándome llevar tan solo por una portada que me pareció muy poderosa y elocuente. Ni sinopsis ni nada más. Mi instinto siempre me lleva a escoger muy bien y los resultados no han podido ser mejores.
'Mejor la Ausencia' relata de una forma violenta y muy dura la vida de Amaia, una niña de cinco años que, junto a su familia y aparentemente rodeada de felicidad, nos va a llevar al País Vasco de finales de los 70 y principios de los 80. Es lo que debería ser para una niña, ¿No? Felicidad, alegría y buenos momentos, de esos inolvidables que acabas recordando con el paso de los años. Pero nada más lejos de la realidad. Aquí hay momentos muy duros, repletos de dolor y de silencio, momentos que atraviesan cada una de esas páginas para hacernos llegar una falta de comunicación familiar brutal.
La novela se centra de una forma magistral en Amaia, la voz narradora de la historia, y lo hace para transmitirnos, poderosamente, todas esas sensaciones que ella sufre como niña a causa de esa família partida en mil pedazos con la que comparte su corta vida: sus emociones, sus penas, su carácter, su autoestima, etc.
Pero no solo es eso, no. Además de lo que hay en su casa, en su día a día, Amaia debe lidiar también con lo que pasa en el mundo exterior. Revueltas, manifestaciones, drogadicción, agresiones, violencia o enfrentamientos con la policía, todo ello en un pequeño pueblo de apariencia normal y tranquila, quizás llevándolo al nivel de lo que debería ser su família y que tampoco lo es.
En definitiva, Amaia tiene cinco años nada más, pero la vida y el sufrimiento la van a obligar a hacerse mayor antes de tiempo, a tomar decisiones cruciales que cuestan muchísimo tomar, a tener que elegir entre el dolor y la violencia o una vida mejor, aunque sea solo un poquito, a pesar de todas esas cicatrices que arrastrará consigo para siempre. Un libro desgarrador que nos llevará de la mano de Amaia por su vida, su evolución y crecimiento y el viaje de ida y vuelta al pueblo que la vio nacer y al que nunca quiso volver.
NOTA FINAL: 4'5/5