Cristina, una adolescente de dieciséis años, regresa en vacaciones al pueblo de su familia, Las Gargantillas. Sabe que ha cambiado y desea conocer a alguien de quien enamorarse de una vez. Allí conoce a Joaquín, un joven enigmático y herido, cuya vida está marcada por la violencia y el desencanto. Entre ellos prende enseguida la chispa de una atracción tan poderosa como ambigua. Mientras tanto, Ana María reconoce con cierto vértigo en los ojos de su hija un sentimiento que había intentado olvidar. Ahora, el pasado vuelve a cruzarse con el presente: Joaquín es el hijo de aquella mujer a la que una vez amó. Ambientada a finales de los años ochenta, "Los incendios" retrata una estación sofocante en un pueblo donde el destino parece escrito desde la cuna. La amenaza de un fuego real se entrelaza con las llamas de la memoria, los secretos y las tensiones familiares que arden bajo la superficie. Con una prosa íntima y poderosa, esta novela coral explora los ciclos que se repiten, el peso de lo no dicho y la lucha por ser libres en un mundo que impone sus propias reglas. Porque, a veces, el fuego no solo destruye: también revela.
3,5 pero 4 por ELLAS DOS, y porque el amor adolescente está muuuuuy bien reflejado. Y el calor de un pueblo en agosto. Pero la voz (no voces, voz) a veces me agota, y el final me ha dejado incómoda y fría.
El otro día, viendo un capítulo de una de mis series favoritas, que no diré cuál es (Águila Roja), un personaje decía que el primer amor no se olvida, que es como tener una chimenea en el pecho.
Y eso es exactamente lo que les pasa a Sole y Ana María. Dentro del pecho les arde una hoguera cada vez que se piensan.
A pesar de tener todo en su contra, el sentimiento es fuerte. Son jóvenes, viven en un pueblo y la sociedad aún no entiende que el amor entre ellas es inofensivo y puro. Hay que hacer de tripas corazón, fingir y apretar los dientes.
Tanto les toca renunciar a su amor que la vida termina separándolas y obligándolas a llevar esa vida que se entiende como correcta: maridos, boda e hijos, irse a la ciudad.
Pero los años no pasan en balde y ellas se siguen pensando. Ese fuego que comparten no se apaga fácilmente.
Un agosto, Sole y Ana María se reencuentran, y los recuerdos y los anhelos se reavivan. La memoria del tacto se reactiva. Sus hijos se ven por primera vez, ajenos a la historia de amor de sus madres, y entre ellos parece surgir también una chispa. El ambiente está enrarecido, se caldea. A su alrededor, la atmósfera está cargada. Es verano, los incendios arrasan el monte y tiñen el cielo de un gris anaranjado que lo inunda todo. Un escenario idóneo para esta historia.
Con saltos en el tiempo y distintas voces, esta historia se irá construyendo a base de silencios, secretos y amores hechos los unos para los otros, pero también de amores no correspondidos.
Y ahora toca hablar de algo importante. Hacia el final ocurre un episodio de violencia inesperado y, para mí, injustificado dentro de la historia. ¿Me ha gustado el libro? Sí. ¿Me ha decepcionado ese final? También. Y creo importante avisarlo porque es un TW grande.
Pero si me diesen mil páginas más sobre Sole y Ana María, me las bebería. Creo que se merecen un libro solo para ellas. Para que puedan tener el final que merecen y alimentar ese fuego libres, sin ataduras ni violencia.
El calor incesante, el horizonte rojo, la pesadez del aire, una cuenta atrás constante.
Escrito con una prosa que cala hondo, Los Incendios atrapa desde la primera página y mantiene la tensión hasta la última.
Durante toda la narración yo misma me he ahogado con esa mariposa que revolotea en el pecho y viaja por las entrañas. Una expresión y un concepto que han llegado para quedarse, y que sé que me acompañarán ya siempre.
Esto no es más que un ejemplo de una belleza constante en la forma de narrar, una sensibilidad que envuelve incluso en medio de la amenaza.
Sin embargo, el final sabe a poco. El fuego llega y con él el desenlace, pero lo hace de manera súbita, inesperada y arrasadora. Como si las llamas consumieran demasiado deprisa lo que pedía más tiempo para arder. Quizá habría funcionado mejor un fuego lento, una combustión más medida, en lugar de un devorar sin criterio.
Buen debut, prosa ágil pero pulida, una narración iniciática sobre el paso de la adolescencia a la adultez. Me gusta que usa el recurso del folklore pero no abusa de él. Habrá que seguir la pista a la autora que se consolida como su hermano en una gran narradora de la crónica de los 80-90 en España.
3,5⭐️ no le pongo un 4 por el final, me ha parecido demasiado atropellado y que la historia se queda a mitad. La prosa del libro genial, no hay muchos libros así y te atrapa desde el principio, aunque hubiese preferido que siguiese desarrollándose un poco más la historia de Ana María y Sole…
la historia de Ana María y Sole lo ha sido todo para mí. me llevaba a pensar inevitablemente en todas las mujeres que no pudieron vivir su sexualidad libremente, en la opresión que a veces puede emanar de los pueblos chiquitos donde todo el mundo se conoce y tu destino está decidido desde que naces, sobre todo si te toca nacer en el momento equivocado. el único “pero” es que quería saber mucho más de ellas que del resto, aunque me ha parecido que la conexión entre todas las historias estaba muy bien hilada y el final me sorprendió bastante.
3'5 ¡Bueno, qué libro tan interesante! Marian Peyró supera con nota lo de ser 'hermana de...' para llevarnos a una historia que transcurre a finales de los 80, en un pueblo cercado -en varios aspectos, no solo el medioambiental- por los incendios, y que narra dos historias de amor imposibles y paralelas. El de un chico y una chica de lo más diferentes y el de sus propias madres, que por razones evidentes no pudieron mantener en los 70. Muy curioso, bien llevado y con una descripción ochentera muy bien trazada.