María, estudiante de filosofía a finales de los setentas, recoge una agenda en el vagón del metro de la Ciudad de México mientras va rumbo a su casa. El texto, escrito en una mezcla de español y símbolos que no entiende, pertenece a un ser interdimensional al que ella bautiza como Heliotrópodo. Convencida de que contiene un método desconocido de comunicación, decide estudiarlo. A medida que interpreta el manual, María descubre principios de oratoria que cuestionan la forma en que los humanos entienden la voz, la intención y el discurso. Su método mezcla ritmo, respiración y resonancia emocional. Fascinada, María comienza a adaptar y traducir estas ideas para que cualquier persona pueda aplicarlas. En sus páginas comparte el método heliotrópodo —adaptado, explicado y aterrizado— para enseñar a comunicar con claridad, propósito y presencia.
“Bitácora. Manual de oratoria”, es así una guía que mezcla ciencia ficción y no ficció un puente entre dos formas de entender la voz y el universo, entregado por accidente o quizá por destino.
“¿Y todavía sigue escribiendo? Siempre andaba con su libretita, escribe y escribe.”
Esta es, sin duda, la frase que mejor me describe. La dice mucha gente que me conoce desde niña, incluso gente que yo no recuerdo que me hubiera visto escribiendo. No voy a mentirte, no recuerdo desde cuándo empecé a escribir. Recuerdo que me contaba historias para dormir y en algún punto a los 11 o 12 años construí mi primer mundo.
Hay dos culpables de que escriba lo que escribo: J.R.R. Tolkien y Paco Ignacio Taibo II.