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Moratín was born in Madrid the son of Nicolás Fernández de Moratín, a major literary reformer in Spain from 1762 until his death in 1780.
Distrusting the teaching offered in Spain's universities at the time, Leandro grew up in the rich literary environment of his father and became an admirer of Enlightenment thought. In addition to translating works of Molière and William Shakespeare into Spanish, he himself was a major poet, dramatist and man of letters whose writings promoted the reformist ideas associated with the Spanish Enlightenment. Early in his career, he was supported by statesman and author Gaspar Melchor de Jovellanos, who, in 1787, arranged for him to study for a year in Paris. In 1792, the Spanish government provided the funds for him to travel to England in order to extend his education. In 1790 he published his first comedy El viejo y la niña (The Old Man and the Young Girl), a sombre work which attacked the consequences of arranged marriages between people of differing ages. Two years later, in 1792, he wrote the play La comedia nueva (The New Comedy), a dramatic attack on the extravagant plots used by other contemporary playwrights.
A supporter of Joseph Bonaparte, whose rule had allowed far more expression of liberal thinking than Spain's Bourbon monarch Carlos IV was willing to tolerate, Moratín was given the post of royal librarian. However, his 1805 comedy El sí de las niñas (The Maidens' Consent) was denounced upon the reinstatement of the Inquisition when Ferdinand VII regained the throne after the fall of the Bonapartes, and he had to abandon playwriting and was forced into exile in France.
Moratín died in Paris and was buried there in the Père Lachaise Cemetery. However, at the turn of the 20th century, his remains were brought back to Spain for interment in Madrid's Panteón de Hombres Ilustres (Pantheon of Illustrious Men).
No era lo que yo esperaba. Pensaba que sería una obra satírica y en cambio es más una crítica al teatro de la época, diciendo que se hacían obras de muy mala calidad y que no todo el mundo vale para hacer una obra de teatro, en este caso de una comedia. # 14 El libro peor valorado de tu lista de pendientes de goodreads. Reto literario lecturas pendientes 2021
ESPAÑOL: Curiosa obra de teatro sobre el bajo nivel de muchas de las obras de teatro que se representaban por entonces. La introducción (del propio Moratín) es casi tan interesante como la obra, que ha dado lugar a sesudas críticas.
ENGLISH: A curious play about the low level of many of the plays that were performed at that time. The introduction (by Moratín himself) is almost as interesting as the play, which has given rise to thoughtful criticism.
Qué repelente, pedante y prepotente. me he aburrido a más no poder y la moraleja es de lo más estúpido que he leído nunca. Que sí, es del siglo XVIII, pues muy bien. las mujeres, a fregar, que es donde tienen que estar. Y Don Pedro es Jesucristo personificado con su bondad (u sobretodo modestia) suprema. Obra que muestra que lo de sentirse superiores a otros por sus gustos no es algo que se haya inventado ayer.
Eleuterio ha decidido empezar una prometedora carrera como autor, especialmente tras haber recibido el visto bueno a su manuscrito por parte del erudito Hermógenes. Los protagonistas se reúnen en un café poco antes del estreno de su obra en el teatro, hablando de las repercusiones del éxito y del futuro de Eleuterio. Muy poco después llegan a sus oídos los primeros réditos de su trabajo.
Moratín plantea una comedia en dos actos donde tiempo y lugar están muy definidos: se desarrolla en apenas tres horas en el mismo escenario de una cafetería. Los personajes, aunque variados, son fácilmente reconocibles por su habla (a comparar la pedantería de Hermógenes con la espontaneidad de Pipí). La trama es sencilla, con un nudo extendido y un rápido giro final: toda la expectativa del estreno inunda las expectativas del entorno del autor. La idea del autor es mostrarnos la importancia de no empeñar todo nuestro afán en el primer sueño.
3.5 ⭐ La conversación sobre una nueva obra de teatro en un bar sirve de excusa a Moratín para criticar los absurdos en los que había caído el teatro barroco en su periodo de decadencia. Con suma elegancia y humor, satiriza a los críticos, a los falsos eruditos y a los dramaturgos. Al mismo tiempo, construye una comedia según el modelo clásico aristotélico que servirá de ejemplo para la dramaturgia dieciochesca.
Esta comedia estrenada en 1792 es una sátira sorprendente del teatro que se hacía en la época (segunda mitad del XVIII), aparatoso, superficial, efectista, grandilocuente e inverosímil. Moratín predica todo lo contrario: sencillez, verosimilitud, respeto a las tres reglas (unidad de lugar, de tiempo y de acción) y sentido pedagógico ilustrado. Está escrita en prosa y se estructura en dos actos. La obra, que podría parecer desfasada hoy día, sigue siendo divertida y consigue hacer sonreír con personajes como el pedante Hermógenes, que cita en latín y para mayor claridad repite la cita en griego o el iluso y ridículo poetastro Eleuterio autor del engendro "El gran cerco de Viena", algunos de cuyos versos se citan en la comedia. La obra transcurre en los momentos anteriores a la representación de la comedia nueva "El gran cerco de Viena". Moratín nos presenta al autor novel Eleuterio, a su mentor, el pedante Hermógenes, a la esposa y hermana de aquél, al entusiasta aficionado al teatro Don Serapio, al camarero Pipí y a los ilustrados que dan tono pedagógico a la obra Don Antonio y Don Pedro. Moratín consigue aunar la sátira de las comedias contemporáneas y la obra de tesis que predica cómo debe ser el teatro en la época ilustrada y neoclásica, todo ello de modo divertido y ligero.
En esta obra son muy notorios los valores ilustrados y su función didáctica: el libro es breve y directo, no se anda con chiquitas, y el final contiene una moraleja: hay que cambiar el teatro a mejor, currándoselo, pues los del momento solo buscan fama. Sin embargo, me encuentro un poco en contra de este mensaje: determinar qué es el buen teatro es algo muy subjetivo y muchos factores entran em juego, por lo que el mensaje me parece muy pedante, aunque en parte lo acepto. Y hablando de pedantería, bajo mi punto de vista, don Pedro es casi tan pedante como don Hermógenes; no tan extremo, pero algo es. En conclusión, la obra es una pequeña clase de cómo no hay que hacer una comedia.
Comedia muy breve, divertida y ligera. No tiene la calidad o el sentido didáctico de El sí de las niñas, aunque sí posee una moraleja. El personaje de don Hermógenes es buenísimo, sobre todo si se tiene un conocimiento general de la literatura clásica.
Os recomiendo esta obra en especial si no estáis acostumbrados a leer clásicos o teatro.
Por cierto, la edición que tengo es de Alianza, junto con El sí de las niñas, y tiene notas útiles y en su justa medida (vamos, que no llega a atosigar). Os la recomiendo.
Reflejo de la sociedad española del siglo XVIII. Moratín muestra lo que opinaba sobre el tipo de comedias que se hacían en el momento y que tenían más éxito. Es una buena forma de ver las dos vertientes que había en el momento: un teatro más conservador que seguía las formas de hacer del teatro de los siglos anteriores y unas nuevas propuestas neoclásicas apoyadas por Moratín. Entretenido y muy ilustrativo.
4,5. Muy divertida. Sencilla y simple, aunque creo que hay algunas cuestiones que no habré entendido por no conocer el contexto general. Me ha parecido ver unas cuantas analogías con el presente como esta parodia de las críticas, que son de gran actualidad: DON ELEUTERIO.-¡Llamar disparates a una especie de coro entre el emperador,el visir y el senescal!Yo no sé qué quieren estas gentes. Si hoy día no se puede escribir nada,nada que no se muerda y se censure.
Menandro ass comedy. No me parece mala... Me parece aburrida: no pasa nada. es un gran contrapunteo entre diatriba y panegírico; conversaciones en un café sobre "será buena la obra o será mala... seguro es mala... seguro es buena... el teatro de hoy en día es una poronga... Minions, no iremos al teatro."
Banco mucho el eje central de la obra: el maldito furor de figurar, de querer ser autor. Pero se me hizo insípida la obra.
Es una obra entretenida y, a pesar de estar escrita en el siglo XVIII, también hace reflexionar al lector del siglo XXI. No resulta demasiado larga y merece la pena leerla con detenimiento.
está suave por la naturalidad de los diálogos, la sencillez de la trama y el transcurso de la acción en un mismo día y un mismo lugar. bueno para echarse un cafecito mientras evades el trabajo.