Una mañana, Félix decide subirse a su auto con un plan: pasar el día en la playa para despejar su mente y ordenar sus pensamientos. Sin embargo, antes de enfilar rumbo a La Boca, hace un desvío para recoger a Luis, su ex pareja. Durante las horas que dura el viaje, ambos recorrerán también el camino de su propia historia: un vínculo tejido con amor incondicional, pero marcado por la sombra de una extraña enfermedad que transforma sus vida para siempre.
Esta novela monologada, disfrazada de road trip, conduce al lector a través del romance entre Félix y Luis. El primero recapitula sus intimidades y desventuras mientras maneja, para hacer sentido de ellas junto a su ex pololo.
Escrita con una prosa simple y certera, Las playas... retrata el detalle de una chilenidad contemporánea. Desde las tensiones políticas que nos dividen valóricamente, o los escenarios periféricos en que maduraron nuestros amores, hasta el oportunismo que acecha en nuestras familias; Mandolini relata una historia que yo nunca había visto impresa pero que, sin duda, he escuchado cientos de veces con sutiles diferencias.
La novela, cuyo parentesco con la biografía del escritor desconozco y prefiero seguir ignorando más allá de la dedicatoria, narra esta historia de amor entre dos hombres con el guión propio de una teleserie. Las playas... cuenta sobre promesas, romances, infidelidades, traiciones, estafas y enfermedades; pero escatima, vale decir, en consideración de este carácter melodramático y siendo esta una novela gay, en sexo. Esta omisión se justifica no sólo en una decisión autoral sino en una necesidad de la trama, que no describiré para no hacer ningún spoiler.
Lo cierto es que hace rato no leía una novela con tantas ganas. Cuando terminé de leerla, echado sobre el pasto en una plaza, me quedé pensando en la voluntad del autor. Creo que Mandolini se atrevió a hacer algo que a los escritores chilenos todavía nos da pudor: escribir una novela entretenida.