Tras decadas de silencio, Carmen Guillén arroja luz al organismo franquista encargado del adoctrinamiento moral de las mujeres caídas.
De entre todos los fragmentos que componen la compleja historia del siglo XX español, pocos capítulos resultan tan oscuros y reveladores como los vinculados a las instituciones represivas del franquismo. La más longeva y, sin embargo, la menos conocida es el Patronato de Protección a la Mujer.
Desde 1941 hasta bien entrada la democracia, esta institución apuntaló su labor sobre cuatro trabajo y oración para redimir; disciplina y castigo para adoctrinar. En el cruce de intereses entre Iglesia y Estado, la doctrina católica sirvió para legitimar este control femenino. Miles de mujeres de todas las edades, procedencias y contextos socioeconómicos fueron entonces condenadas sin delito y encerradas sin juicio en nombre de esa moral. Bajo un disfraz de caridad se ocultó una realidad llena de abusos, trabajos forzados, robo de bebés y violaciones sistemáticas de los derechos humanos.
Este libro analiza el Patronato como una pieza clave en la arquitectura moral y política del franquismo y examina la huella que dejó en quienes lo padecieron y en una memoria colectiva que aún intenta asumir ese pasado.
Una obra necesaria para ampliar el análisis de los dispositivos de coerción, represión y control de la dictadura franquista, en este caso a mujeres que no se amoldaban a los cánones morales del nacionalcatolicismo. Un ejemplo más de cómo las luchas organizadas siguen siendo necesarias para situar en la agenda política y memorial víctimas que, sin la acción colectiva, permanecerían olvidadas, como tanto tiempo lo fueron. A destacar su brevedad, estilo de escritura y amenidad en tiempos en que lo fugaz se lleva por delante cualquier intento de análisis sosegado.
Otro más de los muchos resortes para controlar socialmente. Violencia y reclusión para las que se "salían de la norma" a discreción de los cuatro moralistas. Sin juicio; sin garantías. Obviamente sin motivo real y sin infringir la ley. Solo porque no les gustaba lo que estaban haciendo o como se comportaban y: a) había que castigarlas, y b) tenían que servir de ejemplo para que las demás fueran sumisas. Y, qué era eso tan malo que hacían? Da igual. Lo que le venía en gana; cuando más difuso, más miedo a infringir algo no escrito y mayor control.
Una lectura imprescindible para conocer nuestro pasado y los mecanismos nacionales y globales de represión y control de las mujeres. Lo que podría parecer una lectura tediosa, no lo es en absuluto; es una lectura amena, aportando mucho contexto histórico y social que ayuda a centrar el tema, muy bien documentado con numerosas notas al pie de página que generan nuevas necesidades de lectura. Ovación cerrada a Carmen Guillén por tratar tan bien un tema árido y controvertido.