En una pequeña localidad donde la identidad se ve aplastada por la sombra de los cambios, una pareja de adolescentes muere atropellada en una carretera de las afueras. A partir de ese momento, la vida entera del pueblo se tambalea y los vecinos se instalan en la paranoia constante frente a los forasteros.
Epifanía es una novela feroz y deslumbrante sobre la culpa y la jerarquía que sostienen a una comunidad. Con una escritura que combina el pulso del thriller con la profundidad moral de la mejor tradición literaria, Israel Merino explora la violencia, la fe y la miseria cotidiana con una mirada que recuerda a Galdós por su lucidez y a Chirbes por su crudeza.
Después de un lustro con especiales de prensa recomendándonos volver al pueblo para dejarle nuestro piso compartido en la ciudad y nuestos bares a los turistas, Merino nos recuerda porqué nos fuimos de allí. Del primer capítulo al último se activan recuerdos de esa España en la que, vayan las lagartijas con cantimplora, brote musgo en las esquinas o huela a salitre, conocemos todas. Una crisis económica que interrumpió las esperanzas de progreso que se habían sembrado como interrumpe la sequía que brote lo que te dará de comer. Los esqueletos de hormigón que se tornan patios de recreo. Los equipos de fútbol municial que instruyen en la misóginia. Los puticlubs que aleccionan a las adolescentes. Los bares que anestesian cualquier pensamiento crítico y convierten en trampas mortales las carreteras que nos aíslan de una civilización tramposa, cara y hostil con quienes tuvimos la suerte de probar el auténtico sabor de los tomates. Epifanía demuestra que se puede escribir literatura universal desde lo más remoto de Castilla, estoy segura de que hay un alemán de 25 años en Berlín con el mismo de tener que volver a Eisenhüttenstadt a cuidar de familiares dependientes que tengo yo después de leer esta novela, porque no es sólo saber que el tiempo pasa, es que te obliga a plantearte qué harías si te tocase volver a un páramo que presume de que allí no pasa nada.
Israel Merino nos mete de lleno en la Castilla profunda. Y menudo pueblo… 🏚️ De esos donde el silencio pesa más que las palabras.
Si esperas calma o encanto rural, este no es tu sitio. Desde la primera página, Israel Merino te arrastra a un lugar incómodo, asfixiante y cargado de secretos que nadie se atreve a gritar. Aquí el entorno no es solo el escenario, es un personaje más.
👉Lo que más me ha volado la cabeza es el retrato del odio al de fuera. Esa xenofobia visceral y el ir en contra del extraño, convierten al pueblo en una auténtica olla a presión. No quieren caras nuevas, no quieren aire fresco; prefieren pudrirse en sus propios prejuicios antes que dejar entrar algo diferente.
Todo salta por los aires con un suceso trágico. A partir de ahí, la venda cae y empieza a aflorar todo lo que el silencio había enterrado.
Para mí, más que un thriller, es una crítica social brutal. Te escupe a la cara realidades que a veces normalizamos y que no deberían de ser así . A mí me ha removido por dentro: me ha hecho recordar momentos de mi adolescencia que entonces parecían normales y que hoy, con otra mirada, veo como la barbaridad que realmente eran.
Son cinco partes que se leen solas. El autor escribe sin anestesia, sin florituras, directo al mentón, diciendo lo que muchos callan por comodidad. Si este es su debut en novela… cuidadito, porque ha venido a romperlo todo.
💎 Si no puedes acabar con el mal, trata, al menos, de que solo lo hagan aquellos a los que puedes controlar. 💎 El destino de quien llega antes es odiar al que llega después porque el trabajo de quien está abajo es odiar al que está todavía más abajo.
Pues no está mal,pero le falta, para cuajar. Escritor a seguir. Tiene potencial. Pero la historia en si...y ese pueblo,nieeee...son varias historias cortas que de alguna manera se van uniendo, pero no demasiado bien, las cosas como son, para dar una versión dantesca de los pueblos de Castilla. Y de sus habitantes. No se salva ni uno... Coño,alguno será normal. Pues no. Mucho topicazo rijosillo y casposo. No es creíble casi en nada, pero bueno. Ya con el tema de los picoletos..se le va de las manos. Y te va dejando todas las medio tramas un poco incompletas. No va ningún sitio. No sales del pueblo criminal-cuñado este.
Ya está bien de mitificar y dulcificar los pueblos. Pueden ser lugares terribles: microcosmos clasistas, que reproducen muchas dinámicas castradoras y de vigilancia, y que pueden albergar odio. En “Epifanía”, Israel Merino da una patada en la puerta almibarada del pueblo y lo retrata con crueldad, maña y, sobre todo, mucha ironía. A partir de un suceso que perturba la paz de los habitantes de ese pueblo beige y polvoriento, arma una trama compleja y fragmentada a través de distintos puntos de vista de varios personajes. Hasta aquí todo bien: es ingenioso, tiene ritmo, es divertido, está bien escrito —se nota la juventud, pero también el oficio—, tiene una pátina de western que asienta muy bien. Pero a veces se pasa de rosca, mete quinta a saco y roza el delirio. Los niveles de crueldad, corrupción y feísmo de algunos personajes y situaciones, a ratos, resultan un poco inverosímiles. Y luego hay un fragmento —Ajitos— que tiene mucho más peso y descompensa el conjunto. En todo caso, para una primera obra, está bastante bien.
Frases subrayadas para enmarcar:
“Moreno se había quedado sin argumentos. Ya está, se había acabado. Su cara parecía un paso de cebra sobre el que se hubiera derramado un litro de aceite de girasol. Estaba sudoroso, cansado y roto. Sabía que Ramón no llevaba la razón, lo sabía perfectamente. Porque la Guardia Civil no era así, él no lo sentía de esa forma. Pero no podía hacer nada más.”
“El destino de quien llega antes es odiar al que llega después porque el trabajo de quien está abajo es odiar al que está todavía más abajo.”
“Ser de allí significa nacer adulto, entender desde chico que tu vida es trabajar y criticar y odiar y tener la lengua seca de lunes a sábado, descansar los domingos y volver a empezar mientras agradeces a un dios ridículo que no ama, solo castiga.”
israel merino usa lo explícito como quien echa sal: sin miedo y sin mirar demasiado la cantidad: a veces incomoda, a veces provoca rechazo… y esa es exactamente la idea!!!!!! la sensación de bucle en la que parece que el tiempo no avanza y los personajes tampoco, porque ya sabéis: le pusieron víctor manuel por el cantante.
todos los personajes son desagradables y eso es estupendo…… a centrarse en el comportamiento (abajo el identificarse y el buscar empatizar sistemáticamente)
he leído libros malos y extraños, pero este no sé por donde cogerlo. De un pueblo de Castilla donde siempre es lo mismo,donde la gente se resiste a cambiar,habita el mal,el racismo ,la homofobia, donde los domingos van a misa y entre semana destruyen a sus iguales,hasta la guardia civil ni siquiera se salva de carroñera. En fin...difícil de entender.
Esta novela, que podría catalogar de thriller rural, se lee sola. Con un estilo narrativo que utiliza un lenguaje directo y crudo, relata de historia/s de las vidas de las gentes de una zona rural, la idiosincrasia de una forma de vivir llena de violencia, de machismo y clasismo. Brutal.
La historia, bueno, pero al menos está entretenido. Si te enseñan cualquier página aleatoria de este libro antes de leerlo sabes que lo ha escrito Merino.
Las pocas ganas que tiene la gente de cambiar las tradiciones, de abrir los pueblos al mundo. El miedo al cambio y la protección de lo de toda la vida como mal endémico.
Hacía tiempo que un libro no me sorprendía de esta manera ni me dejaba literalmente en shock. Es de esas lecturas que empiezas con curiosidad y terminas con el corazón acelerado, necesitando unos minutos de silencio para asimilarlo todo.