Brigitte Vasallo impugna en este libro dos silencios: el de la historia familiar, impuesto por la violencia de género, y el de la historia política, impuesto por la dictadura y la Transición. Una memoria sin monumento que arranca en el lugar de origen de su familia, la sierra de Chandrexa de Queixa, y se expande hacia los márgenes de la historia oficial. Su eje es el desmantelamiento del campo precapitalista en el sur de Europa con la llegada de los llamados milagros económicos de los años cincuenta, y la identidad de las mutantes descendientes de aquella diáspora, huérfanas de sentido.
Con el fin de reclamar la historia esquiva de su madre, Vasallo contacta con Gilles Charmat, el niño que aquella crió en París como empleada doméstica. Las cartas que le escribe, y el silencio de él, son el hilo conductor de La fosa abierta y encarnan la dificultad de los sujetos subalternos para acceder a su propia historia, custodiada siempre por las clases dominantes.
La autora busca un lenguaje que aúne dos mundos: el de la tradición oral y el de la literatura escrita, el de la memoria individual y el de la posibilidad del relato colectivo. La identidad txarnega, queer en sí misma y reapropiada, es el prisma desde el que se estructura el análisis que acaba por crear un espacio de enunciación propio. Desde esta posición de subalternidad, Vasallo construye un artefacto literario que no solo recupera una historia silenciada, sino que nombra lo que fue sepultado para confrontar las narrativas hegemónicas sobre el progreso, el género y la historia.
Brigitte Vasallo (Barcelona, 1972). Hija de campesinas y sin estudios universitarios, ha trabajado de limpiadora y de marinera, ha ocupado la cátedra Mercè Rodoreda en la Universidad de Nueva York (CUNY), ha sido artista residente de la Academia de España en Roma y docente en el Màster de Gènere i Comunicació de la UAB.
Ha publicado PornoBurka (2013), Pensamiento monógamo, terror poliamoroso (2017), Lenguaje inclusivo y exclusión de clase (2021) y Tríptico del silencio, compuesto por tres libros escritos en sus tres lenguas maternas.
Como dramaturga ha presentado Un cos (possible) i lesbià con la artista visual Alba G. Corral, Naxos. Drama en tres lamentos y un par de actos y la performance Queixa. Dirigió el I Festival de Cultura Txarnega de Barcelona y da clases como profesora en universidades que no la aceptarían como alumna.
Hay algo life changing en poder poner nombre a las cosas que durante años has pensado que solo tu sentías y de repente viene una tía más lista que tu y te recuerda que no estás loco ni solo pero si harto de tener que explicar de dónde vienes por qué eres así o qué estaba haciendo tu familia en 1950...
nieto de migrantes pastores y campesinas, aún queda el rastro en mi pueblo de la connotación negativa que se predica als “castellans”, que seremos siempre, aunque llevemos ya muchos años en esta tierra, aunque hablemos valenciano, aunque mis tatarabuelos ya estén enterrados en la tierra en la que seremos eternamente els “castellans”
este ensayo es todo lo que quería leer desde hace mucho tiempo (y sobre lo que pretendo seguir investigando). en el marco de la reconstrucción de la historia y memoria a la que la autora ya no puede acceder por tener cerrada las puertas de su casa, el contacto (frustrado) con el hombre -antes niño- para el que su madre trabajaba en París sirve como marco de la investigación. una reflexión sobre cómo los sí-lugares (Marc Augé, a mí también me caes como el culo) invisibilizan los supuestos no-lugares, desde el que solo se puede chillar para ser escuchado. hechos que invisibilizan la correlación migratoria: la migración no es un proceso natural sino político, enmarcado en el contexto de los Milagros económicos que ocultaron el empobrecimiento de las zonas campesinas para favorecer el enriquecimiento de otras.
lectura obligatoria!!!! tantas cuestiones atravesadas en estas páginas (la identidad txarnega, los nacionalismos y la exclusión, las desamortizaciones, la memoria colectiva y la oralidad…)!!!
Llevo un año y medio viviendo en Bilbao, y la realidad es que no soy maketa (o txarnega como es el caso del libro), pero si mi destino hubiese sido tener que abandonar mi hogar para poder vivir 50 años atras, para hacer de España un país desarrollado del que ahora algunos disfrutan, habría sido maketa. Que triste y desconocida es esta parte de la historia de nuestro país, y que necesarios son los relatos y refelxiones como los que este libro ofrece desde la rabia. Un rabia de clase, ideologica, que te hace participe del sufrimiento de una familia, y en concreto, de una mujer lesbiana de padres conservadores migrantes de un pueblo de galicia. En un país donde a muchos se les llena la boca hablando de la patria, la tierra y la gente, son estos justamente los que destruyeron la patria, la tierra y su gente.
Me gusta leer para hacer de la memoria un acto de democracia viva. Vivo en una casa que fueron construidas por manos que huyeron de su pueblo.
Me gusta leer para saber que muchas como yo tenemos en una nuestra historia el gen migrante, del silencio, de las miradas cómplices, de construir barrio.
Nos pueden quitar los orígenes, pero nunca la dignidad. Y hoy mi dignidad es txarnega.
Mi dignidad es ser una marica txarnega sin permiso, porque nunca me lo han permitido.
Leyendo La fosa abierta me ha emocionado, algo dentro de mí se ha reparado y me he acordado de la yaya y de la abuela. Criaron a sus hijos en el silencio, pero a mí me criaron en la rebeldía con sus historias de barrio entre pucheros, cucharas, torrijas y el rosco. Solamente llevamos un mes y poco del 2026 y este ya es uno de los libros del año.
Se sabe que la Vasallo no se anda con tonterías, pero hoy confirmo que este libro es oro puro y huele a premio.
Mientras Brigitte busca a su madre antes de ser su madre, ella vuela y, a vista de pájaro, nos muestra por qué venimos de pobres los que venimos de pobres y cómo funcionan los engranajes de la máquina que lleva años expulsándonos de donde están nuestros muertos.
Berger está aplaudiendo desde su tumba, Augé no tanto.
"Me gusta escribir sobre Naxos, ese mito. Lo arrastro desde hace años, me sirve de vara para medir casi todo, también para entender la disciplina de género y sus ángulos muertos, también para la literatura, también para la diáspora; si esto es un lugar afirmativo —Creta— y este es su lugar afirmativo antagónico —Atenas—, ¿cuál es el espacio invisibilizado que no es ni lo uno ni lo otro, que rompe el binarismo y que está siendo malinterpretado por el marco de los lugares afirmativos, se llamen Creta o se llamen Atenas? Dice la leyenda que la princesa de un sí-lugar fue expulsada por desobedecer a su padre y a su patria (ambos términos derivados del latín 'patres'), dice que se marchó hacia otro sí-lugar buscando un poquito de porfavor, pero se quedó colgada a mitad de camino, en la isla de Naxos, que no es ni carn ni peixe, ni chicha ni limoná, nin arre nin xo. Y dice que ya nunca más pudo hablar, si es que alguna vez había podido. Si es que susurrar entre el ruido ensordecedor del poder y ser desterrada por ello forma parte del hablar y no del apenas. Bienaventuradas aquellas que pueden vivir de eslóganes, bienaventuradas. En toda historia de emigración hay un Creta y un Atenas, dos espacios de palabra de producción de verdad, de libros de texto, de museos, de estatuas y catedrales que se disputan a las princesas silentes, a sus leyendas sin voz. Calladita, Ariadna, estás más guapa".