En Noturo, Daniel Centeno explora al ser humano atrapado entre lo bestial y lo divino. Con el lenguaje como arma y herida, el relato convoca una trinidad profana: el Cristo crucificado, el simio instruido y el hijo relegado. En el choque de estas figuras resuena una parábola oscura donde el tercer Jesús, el más humano, es también el más vulnerable. El cuento se lee como mito contemporáneo: un espejo roto en el que el signo sustituye a la sangre y la palabra, o su ausencia, se convierte en destino. Centeno convierte las señas, los gestos y los silencios en territorios de poder y fragilidad. Un cuento que confirma su voz intensa en la narrativa fantástica mexicana.
En su cuento “Happy endings”, Margaret Atwood propone que todos los finales se parecen. Son los inicios los que resultan divertidos. Los finales implican la muerte a menos que sean falsos, dice la autora, y es ahí donde quisiera detenerme. De todas las formas de ficción, los cuentos son los que proveen con mayor riqueza, en el menor tiempo posible, la capacidad de enfrentarnos una y otra vez a un final. Y si Atwood tuviera razón y todos los finales acaban en la muerte, ¿no serían los cuentos las vías rápidas y seguras de aproximación? Bajo esta sospecha, diría que mi poética consiste en convertir la muerte en un punto de partida. Divertirme con eso que Atwood no encuentra divertido.
Daniel Centeno (Los Mochis, Sinaloa, 1991) escribe cuentos de death fiction. Autor de Extinguirnos fue tan fácil (UAEM, 2025), Los robots contarán nuestras historias (Ocelote, 2024), Rara vez elegimos morir (Trazos de Aves, 2024) No hablaremos de muerte a los fantasmas (Casa Futura, 2021) y Puerta Cerrada (Paraíso Perdido, 2017). Ganó el XXXV Premio Nacional de Cuento Fantástico y Ciencia Ficción y obtuvo mención honorífica en el XVI Concurso Juan José Arreola. Fue becario del FONCA (2017, 2022) y del PECDA (2020).