Dicen que no, que avanza sin tregua, que es cruel y arrebata todo a su paso. No espera por nada ni nadie, robándonos momentos, amores y hasta pedazos de nosotros mismos. El desastre natural que jamás podremos evitar, pero sí con la noción de que es inevitable.
Este libro busca remover las fibras más profundas de cada uno de nosotros, recordándonos que, aunque no salgamos ilesos de la vida, salimos sabios. La resiliencia de cada vivencia y el aprendizaje que lleva en cada una de sus páginas muestran cómo recoger los fragmentos rotos de la vida y darles sentido. Una invitación a detenerse, a mirar atrás y a descubrir que lo que parecía efímero puede volverse eterno cuando se guarda entre letras.
El tiempo entre mis dedos nos enseña que del dolor y las heridas que arden pueden transformarse en arte y que podemos aprender a volar, incluso con las alas rotas, pues esa es la magia de vivir.
Se dice que no se puede detener el tiempo, pero yo lo he hecho desde mis dedos, teniendo como armala tinta de una pluma y como testigo las páginas de mis diarios… "Porque la única manera de detener el tiempo es escribiendo"