«Los niños son unos vagos y los adolescentes están desmotivados. No serán nada el día de mañana.» ¿Podemos, como padres, sostener este tipo prejuicios y, aún peor, conformarnos con ellos? No. Por supuesto que no. Pedro García Aguado, orientador juvenil y conductor del programa Hermano mayor, y Francisco Castaño Mena, educador especializado en chavales con problemas de conducta, han puesto en marcha el proyecto «Aprender a educar» con el fin de sensibilizar a padres y a educadores en general sobre las necesidades educativas de los niños y jóvenes.
En este libro, que amplía las ideas que ofrecen en sus conferencias, hablan a los padres y a los profesores de tú a tú, y recuerdan temas esenciales como los valores, las normas, los límites, enseñar con el ejemplo, la confusión respecto al castigo o cómo motivar y estimular los talentos de nuestros hijos. Con un estilo franco y directo, más que un manual, los autores pretenden mostrar con pautas cotidianas la manera de educar para que niños y adolescentes sean autónomos, empáticos y felices. Para que sean los adultos que desean ser y deseamos que sean el día de mañana.
Pedro Francisco García Aguado (Madrid, 9 de diciembre de 1968 es un presentador de televisión y ex-jugador de waterpolo español. Tras superar su drogadicción, escribió el libro Mañana lo dejo, en el que cuenta sus experiencias.1 Actualmente presenta los programas Hermano mayor y El Campamento, ambos en la cadena de televisión Cuatro, donde a través de técnicas de coaching pretende ayudar a adolescentes y familias en conflicto.
Que tengas cierta fama gracias a la televisión, no te convierte en escritor. Cuando desempeñas una profesión, da igual la cantidad de éxito que tengas en ella, sin unos fundamentos educativos, puede que carezcas de método, de base científica. Quizás hayas aprendido con los años una serie de trucos, de maneras, que funcionan y quieras compartirlas con otros pero esas artimañas tienen que elaborarse para convertirse en un método.
Así puede que uno se ponga a escribir algo como Aprender a educar, una obra que, aunque contiene consejos útiles y de la que sin duda se pueden sacar enseñanzas valiosas, carece de una buena estructura, de base científica. Es, al fin y al cabo, una exposición de ideas deslavazadas a las que se ha intentado dar un poco de forma para crear algo con aires de manual pero que al final se ha quedado en un intento pobre. Pobre por muchas razones. Primero porque la idea del título no se cumple: no se aprende a educar si el educador no tiene un método de enseñanza. A través de consejos, de opiniones y de ideas se puede sacar algo en claro, lo mismo que con una conversación con tu vecina la que tiene tres niños, con el profesor de tu hijo o con el pediatra cuando llevas al niño por que moquea, pero no se aprende, se elabora un plan de cambio o se puede aplicar un método. Además porque falta la base científica, recurrir a expertos, a estudios que ya han analizado o comprobado aquello que tú intuyes. Si careces de esta base, al menos podrías relatar casos reales que sirvan de inspiración, aquellos en los que tú mismo trabajaste, tampoco hay nada de eso. El resultado es simplón, demasiado amateur.
Como un plus que aún rebaja más la calidad de este libro, a lo largo de él encontramos referencias a vídeos que podrían ilustrar lo enseñado pero estos vídeos han desaparecido, ya no se encuentran en la ubicación indicada. Aquellos que sí se encuentran son unas improvisaciones de uno de los autores que un día cogió su webcam y sin preocuparse del ruido ambiental, sin ningún tipo de guión, decide soltar alguna de sus ideas base. No es que estas ideas sean erróneas o poco útiles pero son presentadas de una forma tan poco adecuada, tan parecidas a como te las podría contar tu prima en la comida del domingo, que no son en ningún caso adecuados para un libro pedagógico.
Así tengo que decir que este es uno de los peores libros sobre crianza o educación infantil que nunca ha pasado por mis manos. No puedo recomendarlo en absoluto.
Caí en este libro por su título, imaginando que podría hablar mucho sobre la educación escolar y como ayudar a los chicos a mejorar la relación con sus docentes.
Algo trata del tema, y habla mucho sobre la educación en casa para luego transmitir lo aprendido en la escuela, y oh sorpresa, lo bueno y lo malo se aprende desde los padres y se transmite.
Es un libro interesante para una primera leída para aquel padre/madre que siente que la escuela debe hacer todo el trabajo por ellos.
Un libro ameno, sencillo y, a la vez, muy útil para iniciarse en la educación de niños/as y adolecentes desde una perspectiva empática pero disciplinada. Sus reflexiones sobre la repercusión de los distintos tipos de padres (autoritarios, sobreprotectores, empáticos, etc.) en el crecimiento de los jóvenes y la necesidad de acercarse a estos desde la comprensión y el amor, sin dejar por ello de establecer normas y límites, me han parecido muy enriquecedoras, tanto para la labor de los propios padres como para la de los docentes. ¡Una buena lectura de la que me llevo mucho aprendizaje significativo!