Cuando lo empiezas a leer, crees que va a ser la típica rom-com navideña con el grupo perfecto de amigos, en un entorno idílico, en el que surge el amor entre dos de ellos. Y sí, al principio esas son las vibras. Cinco personas guapísimas, dos de ellos están forrados, en una villa impresionante, rodeados de lujo, haciendo planes y fiestas estupendas.
Pero, a medida que vas avanzando, las cosas cambian. La profundidad de los personajes, su arco evolutivo. Si bien es cierto que hay algunos personajes planos (Ana, Clara, los amigos de Nil y Eric…), el trío Nix-Nil-Eric está muy bien construido. Nix es una protagonista muy humana, llena de inseguridades y contradicciones; Nil es mucho más vulnerable de lo que aparenta; y Eric, sin duda, es el personaje que más me ha sorprendido y el que más me ha llegado emocionalmente.
Y cuando entra en juego el diario, el misterio familiar y la figura de Elvira de León, el libro gana profundidad y peso emocional. Esa trama paralela le da un contraste precioso a la historia y hace que no sea solo una novela romántica.
El final me ha gustado especialmente porque no es solo un cierre de lo romántico, sino de lo emocional: habla de elegir, de exponerse, de aceptar el pasado sin dejar que te condicione para siempre. No es un final perfecto ni edulcorado, pero sí honesto y coherente con todo lo que se ha ido construyendo.
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