«Debemos evitar caer en ellegalismo má pensar que,por transformar radicalmentenuestros textos constitucionales,transformaremos la realidad.»
Los guatemaltecos vivimos una contamos con una Constitución que ofrece grandes promesas, pero que cumple muy pocas. Las alabanzas que suelen escucharse sobre sus teóricas virtudes son frecuentes: que contiene un catálogo generoso de derechos, un diseño institucional que se presenta como "moderno", la supuesta garantía de democracia y Estado de derecho. Y, sin embargo, cuarenta años después de su promulgación, la misma pregunta sigue sin ¿por qué esas aspiraciones nunca se han convertido en realidad?
En este ensayo político, Edgar Ortiz Romero analiza qué instituciones diseñó nuestra Constitución para garantizar esos derechos y, sobre todo, cómo están funcionado en la práctica. Porque lo que importa no es la promesa, sino la capacidad de cumplirla.
Nuestro modelo político constitucional, previsto en la Constituciónde 1985, ¿es capaz de hacer frente a los desafíos actuales?, se pregunta el autor, ¿o es ya el momento de un cambio? Y, de ser así, ¿cuál sería el mapade ruta a seguir para que, al fin, la Constitución sirva a la ciudadanía?
Con un cuidado balance entre lo didáctico y lo técnico, Edgar Ortíz Romero nos entrega una obra fundamental para estudiantes de Derecho, abogados y para todo ciudadano guatemalteco interesado en conocer el desempeño de nuestra Constitución Política con ocasión de sus cuarenta años de vigencia.
Desde la perspectiva del realismo jurídico, el autor nos ofrece un repaso histórico y práctico sobre los productos y resultados de la «sala de máquinas» del texto constitucional vigente en Guatemala, y presenta recomendaciones concretas orientadas a consolidar el aún incipiente orden democrático y republicano del país. Esta obra nos recuerda que no importa lo rica y extensa que sea la lista de derechos consagrada constitucionalmente, si el diseño del sistema operativo del poder no es el adecuado, esos derechos de convierten en palabras vacías.
Este libro interpela al lector guatemalteco, incluso al más conservador, sobre la pertinencia de conservar del «status quo» o de iniciar un proceso para realizar los cambios constitucionales que el país necesita; no una refundación, ni mucho menos una revolución, sino pequeñas y medianas cirugías que permitan que el paciente llamado «Guatemala» pueda vivir una vida plena.
Me quedo con la frase de Burke "Un Estado que no cuenta con mecanismos para realizar cambios carece también de medios para preservarse. Sin esas herramientas, incluso corre el riesgo de perder aquella parte de su constitución que más desea conservar".