Hay una parte pequeña con la que no acabo de estar de acuerdo, pero está bien argumentado y el resto es un análisis certero desde una mirada marxista así que 5 estrellas y porque no le puedo poner más.
Esta reseña en esta app es un ejemplo de plusvalor como beneficio parasitario de una empresa de un proceso de autoorganización social cotidiano, pero cada uno cabalga sus contradicciones como buenamente pude.
¿Qué esperábamos que iba a pasar al poner en contacto, en un espacio anónimo, a individuos sin un proyecto de vida en común ni herramientas deliberativas, y al entregar el control de sus interacciones a algoritmos propiedad de los mayores oligopolios conocidos, diseñados para pelear por la atención y monetizarla?
Acabo de terminar Redes vacías de César Rendueles y es uno de esos libros que obligan a replantearse muchas certezas sobre la tecnología digital.
Rendueles desmonta con mucha claridad el imaginario que durante años ha rodeado a Internet: la idea de que las redes, por sí solas, producirían sociedades más libres, más democráticas y más colaborativas. Frente a ese ciberfetichismo, el autor recuerda algo aparentemente simple pero profundamente incómodo: la tecnología nunca sustituye a las instituciones, a los vínculos sociales ni a la política.
Uno de los aspectos que más me ha interesado es su análisis de la algoritmización social y de cómo muchas decisiones colectivas están siendo desplazadas hacia sistemas técnicos opacos. Pero el libro no se queda en el diagnóstico. También propone algo que me parece especialmente valioso: la posibilidad de repolitizar la tecnología. Pensar en la desalgoritmización, en el poscrecimiento digital o en lo que Rendueles llama una sociedad desmaquinizada: una sociedad que decide colectivamente qué tecnologías quiere fomentar y cuáles limitar.
No es un libro tecnófobo ni nostálgico. Es, más bien, una invitación a abandonar la fe ciega en la innovación tecnológica y recuperar algo mucho más difícil: la deliberación democrática sobre el tipo de sociedad digital que queremos construir.
Muy recomendable para cualquiera que quiera pensar la tecnología más allá del entusiasmo o del miedo.
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Si hace una década aún se nos exhortaba a surfear la gran ola digital que nos impulsaría hacia territorios libres e innovadores, hoy se nos anima a construir búnkeres tecnológicos que nos protejan de un tsunami de odio y manipulación. El mensaje que nos susurra esta acelerada inmovilidad es la sumisión.
"No tenemos la menor idea de qué podría pasar si un país democrático impulsara un desarrollo tecnológico genuinamente público, con su propia agenda, que no vaya persiguiendo con la lengua fuera las burbujas fetichistas de Silicon Valley"