MESETA es un siniestro thriller castizo que hará las delicias de cualquier fan de Álex de la Iglesia.
En mitad de una situación de emergencia nacional, tres desconocidos coinciden en un vehículo compartido con el que intentarán llegar de Barcelona a Madrid… pero en mitad de ese trayecto nocturno pasan una serie de cosas loquísimas que harán que el viaje se complique.
Este cómic combina muy bien cierto espíritu de película de serie b estadounidense con una iconografía patria muy bien usada a disposición de la historia. Además, sus diálogos (tremendamente actuales y verosímiles) encajan a la perfección con un estilo de dibujo muy contrastado y expresionista.
Me gusta mucho el dibujo de Bustos y cómo narra toda la historia. Ese realismo oscuro y esa decadencia moral que emerge en la (mínima) trama; el aire alucinado de ciertos momentos en el club de carretera; la sugerencia del tramo final, donde he disfrutado un montón de la textura que le da a varias viñetas a doble página, en las cuales se ve pero no se ve parte del desenlace.
Lo que cuenta... es arena de otro costal. He disfrutado con su espíritu de serie B. Esa búsqueda de conectar en un thriller los anhelos carpetovetónicos de una parte sustancial de la sociedad española, su clasismo y la xenofobia, con posibles mitos (y cultos) mesetarios. Pero creo que puestos a entrar en ese terreno hubiera preferido más elementos o un poco más de desarrollo, no esta secuencia a mi el pelotón que los arroyo donde la historia de carretera con giro se resuelve a las bravas porque yo lo valgo. Las explosiones finales molan, pero un poco menos cuando te dejan algo WTF.
Es la primera vez que leo una novela gráfica de adulta y me ha gustado mucho. Una novela negra con un toque extravagante y unos dibujos llenos de detalles y de fuerza comunicativa.
Todo lo que le puede faltar en entramado (pelín manido tanto en su fondo como en su forma) lo compensa con un apartado visual TAN bestia que, realmente, cuesta ver algo parecido.
Trasunto de Dagón Chulhutesco sin playa, "Meseta" elabora una curiosa mezcla de esoterismo y caspa patria ejecutada con pericia y mucho oficio que deja con ganas de más.
No tengo claro lo que acabo de gozar en lectura y visualización. Lo que parecía una historia tan chusca como chunga sobre la realidad política y la desigualdad actual, sobre abusos, sobre mezquindad y elevarse pisando al resto, en el contexto de una pandemia parecida a cierta que sufrimos, se transforma durante la recta final en un asunto bien diferente, más del gusto de conspiranoicos, aficionados a lo oculto y a lo oscuro. Merece la pena. Desglosemos.
Y lo hacemos al revés, el dibujo. Ese blanco y negro, ese tipo de viñetas de noir y policiaco, pequeñas excepto cuando algo vital nos invade, información, giros, encajadas en más negro; un estilo antiguo, pero con ilustración moderna y detallista en los rostros, en los ojos, ya sean en curva o ángulo, espejo del alma que refuerza diálogo y argumento. Te embauca para bien, te arrastra a su juego.
Una sinopsis: Viri, joven evocadora de motivos inciertos, Pablo, de regreso al hogar con muerte y pena, y Ramón, su conductor, que debe esquivar controles desde fuera de la ley para llevarlos de Barcelona a Madrid. Todo esto durante una presunta pandemia que la radio desvela como telón de fondo para el deseado golpe de Estado. Un golpe de Estado que vemos confrontar en el viaje (noche cerrada durante el aislamiento vigilado, solo noche, solo una noche), con las ideas frescas de los dos chavales pasajeros, con lo rancio de Ramón, excomisario y oportunista. Un incidente saca el periplo de madre y terminan en Divina Cvustodia, club de vicios extremos. Allí acaba su camino y comienza la verdadera historia…
En las tres primeras páginas, con apenas esbozos, ya te desbrozan las cualidades, idiosincrasia y apuros de los tres protagonistas, de mérito con tan poco recorrido, y sientes conocerlos. En el coche, la tensión de esas corrientes ideológicas, y no solo en distante agria política, deja paso a la atmósfera de cambio, que algo grave tornará el país en lo que fue. Lo sientes, lo temes. Cuando llegan al club, el infierno. Y la toma de decisiones para conocer de verdad el fondo de cada uno de los personajes, con un final que no te esperas, garantizado.
Como digo, trama redonda, mutante, actual, de afilada crítica y veracidad que impone respeto, con su tempo ajustado. Los protas, vivos, veraces. La atmósfera bebe y respira de la amenaza latente, grande y pequeña, y de ese dibujo tenebroso sin perder detalle. Con un estilo que mezcla lo mejor del género de realismo, pasando a lo místico sin dilaciones. Espléndido.
Y el clímax, lo cierto es que desde la entrada al Cvstodia, no ofrece respiro, y cada página te mantendrá mudo, expectante, sin decepcionar; todo lo contrario, brilla en su transformación, aunque quizá a los puristas del género no gústeles.
Resumen: una novela gráfica redonda, importante para entender el estado emocional polarizado en nuestro país, que apuesta sus cartas a la conspiranoia, a lo que late por debajo incidiendo en la injustica, la marginalidad, lo social, hasta llegar al horror más puro (sí). Meseta, de Luis Bustos, tendrá un largo y vibrante recorrido hasta convertirse en la obra de culto que supone.
Léelo.
Pd: por eso no comparto coches, nunca, jamás. No me fío…
Tras trabajar en la saga GARCÍA, Luis Bustos extiende su increíble trazo para retratar desde la libertad del cómic lo más incómodo pero real y pertinente de la actualidad Española. Desenterrando cualquier esqueleto (figurado o real) del pasado reciente del país por mucho que las tramas se ambienten en la actualidad. O en el caso de Meseta en un futuro inminente del que reconocemos mucho de ese contexto velado de colapso político y social que de momento se concreta en un estado de excepción que limita cualquier movimiento al ciudadano de su lugar de residencia actual. Pero un blablacar se impone a la prohibición de movilidad por puro inconformismo de su conductor y por cumplir con sus dos últimos viajeros. Dos jóvenes en sus respectivas circunstancias angustiantes que necesitan abandonar Barcelona esa misma noche donde todo un país puede arder para tratar de sembrar un futuro quizás más terrible del que la división política utiliza como escudo contra la oposición.
En GARCÍA, mucho antes de poder atestiguarlo al contar con la adaptación televisiva de HBO, Luis Bustos ya descubría una mano puramente cinematográfica que en MESETA encuentra un reconocimiento más directo y totalmente imaginable como storyboard de una inminente producción audiovisual al contextualizar todo lo posible la historia en una road movie directa a la yugular con el peso compartido en su dispar trinidad de protagonistas con el vital encontronazo con el trasfondo más sórdido e intrincado con el que Luis Bustos en su labor como autor total de la propuesta, redondea las capas de una historia ya bien disfrutable desde su ejercicio de malsano suspense de puro ambiente castizo condensado en ese coche y particular conductor "boomer". Quien haya visto la película LA PASAJERA, podrá malpensar en las primeras páginas al reconocer el punto de partida argumental parejo, pero aunque MESETA también transite a su manera el género más allá del thriller, lo hace desde un fondo menos fantástico que, aunque he de admitir que es lo que realmente caracterizará y hace destacar el cómic, también me parece que es lo que más hace flaquear al mismo por cómo revela un nivel de amenaza que me parece bastante delirante para lo que se capta a la perfección la idea dejandolo en lo que parecía como una actividad local agradeciendo ese momento de incertidumbre y conflicto sociopolítico en España. Hasta cierto punto me da por malpensar en que esto bien podría ser un argumento descartado para la serie de GARCÍA. Pero Bustos hace llegar a su destino la propuesta. Y eso es algo a dejar claro.
Soy muy fan de Luis Bustos, y esto no es del todo bueno, porque hace que a veces nos aproximemos a las obras con reticencia. ¿Será tan buena como las otras? ¿Este inicio no es algo más lento? Madre mía, llevo la mitad y "no ha pasado nada" y otros pensamientos intrusivos que obstaculizan la lectura de una obra. Bustos no ha perdido fuelle, Meseta es una historia de horror que se construye poco a poco, no podemos olvidar que el terror emerge del costumbrismo y de la vida del día a día, y que sin implicación emocional con los personajes tiene menos fuerza. Comienza lenta, cociéndose poco a poco, para desbocarse sin frenos. Releer la obra potencia todavía más la sensación de que es una gran obra, al encontrar los detalles sembrados por el autor. En el aspecto gráfico, sigue enamorándome la fuerza y la potencia de Bustos, su expresividad, su trazo, su manejo de las sombras, de las miradas... La obra tiene también su parte de crítica social, de retratar la conspiranoia de la derecha, y de retratar la meseta, esa extensión vacía e interminable en la que todo puede ser posible.
Esto... pues... cómo mola Luis Bustos, ¿no? En esta ocasión, el hombre peca un pelín de psicodélico hacia el final de la historia, pero el resto está pero que muy bien. Un clon serio de Torrente y dos chavales que lo acompañan muy a su pesar protagonizan este inclasificable cómic que es, en parte road movie, en parte thriller distópico y en parte peli de terror de serie Z. El caso es que la primera mitad es ejemplar, pero a partir de ahí la mezcla se hace pelín indigesta, hasta llegar al ending que, como ya he adelantado, se entiende regulín. Pero bueno, el caso es que la cosa tira y, gráficamente, es un disfrute. Muy recomendable, a pesar de los pesares.
Majísimo thriller cañí que comienza con un insondable horror cotidiano (coger un Blablacar) y desciende en una espiral de accidentes, sectas, sangre, caos y, más aterrador aún, una panoplia de frases cuñadas de Ramón, ese expolicía rancio y casposo.
El apartado gráfico lo domina un poderoso blanco y negro para unas viñetas que obligan a quedarse embobado contemplándolas.
Aunque sí coincido en una suerte de Alex de la Iglesia con una BSO radiofónica de Jiménez Losantos, resulta muy previsible y salvo un personaje, los otros quedan muy planos. Se lee bien, rápido, un grafismo muy interesante, pero se me queda en una pequeña gilda de un gran vermut.
Thriller que mezcla situación política y social española con extravagancia resolutiva en el medio de la historia. Lo mejor, el dibujo, que tramite la tensión en cada viñeta.