4,5⭐️
A partir del encargo que le hacen de traducir "Un cuarto propio" de Virginia Woolf, Tamara Tenenbaum, hace una relectura del libro enfrentándolo a nuestra sociedad actual, sus conflictos y tensiones (centrándose en la sociedad argentina, aunque siempre dialogando con fenómenos globales).
Toma entonces, como punto de partida categorías, o esbozos, que Virginia ya planteaba en 1929 y los reformula para hablarnos de la actualidad.
Algunas categorías están más explícitas que otras en el texto original, dada la gran distancia temporal que nos separa. Sin embargo, no intenta “forzar” a Woolf, simplemente toma lo que le sirve y lo combina con lecturas contemporáneas.
Este libro me acercó a muchas nuevas lecturas y autores, cuyas temáticas desglosa en los ensayos.
Tengo que admitir que, en particular, sentí que su punto fuerte estuvo en los dos primeros capítulos: “Sobre la autoridad de la primera persona, o la audacia de la modestia” y “Sobre el dinero”. Fue donde me pareció más plantada, polémica si se quiere, en su mirada crítica a ciertas tendencias actuales, como el estancamiento en la culpa y el autoritarismo en el que la literatura feminista está incurriendo, y Tamara considera que tiende a restar porque nos separa, nos individualiza, cuando deberíamos seguir concentrándonos en formar un colectivo: “El problema de esos ensayos sentimentales con demasiada autoridad (…) es que parecen decirme que si yo no lo viví, no puedo entender de qué me hablan”.
Más allá de que disfruté personalmente mucho más esos dos primeros ensayos, su mirada sobre otros temas igual de incisivos como el “resentimiento de clases e individuos”, “las nuevas miradas generacionales al trabajo”, la “nostalgia” y “el tiempo”, me encantaron. No porque siempre coincidiera con ella, sino porque me permitía seguir pensando.
Es un libro accesible a lectores principiantes, siempre y cuando tengan la paciencia de seguir un ritmo más cercano al flujo de conciencia que al ensayo académico. Muchas veces no nos da una respuesta cerrada, de hecho no pretende hacerlo, en cambio prefiere dejar la pregunta abierta, para seguirla pensando (algo muy a tono con quienes, como Tamara, nos formamos en filosofía). Acá no puedo ser objetiva en absoluto: yo prefiero la clase de textos que más que decirme qué pensar, me dejan hacerlo por mí misma, por eso el libro me gustó tanto; sirve para seguir repensándonos en relación con el mundo.