En Almansa nadie escapa al abandono. Desechados tras cada temporada, los perros de caza vagan por las colinas en busca de refugio. Sus habitantes tampoco encuentran tregua: arrastran las secuelas de la crisis del calzado y cargan con la sombra de un exorcismo que los condenó para siempre. Es aquí, a este lugar en ruinas por el que el olor a podrido del pantano se extiende ahora como una nueva peste, adonde, tras años de ausencia, regresa una joven a la que persigue una sensación.
Partiendo de un caso real, Borja Navarro construye una crónica western de la España esotérica que se ahogó en los noventa y que todavía hoy se descompone. Un relato repleto de violencia en el que lo bestial y lo humano, lo extraordinario y lo cotidiano se funden para imponerse como una única realidad.
“Fue en una de esas mañanas en las que me desperté antes cuando la desgracia se evidenció, cuando supe que las fábricas quebrarían, que el calzado entraría en crisis, que la gente caería en la droga y que construirían un Burger King.”
“Los balcones de Levante son los porches en los que los ancianos sin el don de la palabra, ancianos con el don de la supervivencia, ancianos sin el don de la ternura, ancianos con el don de la sencillez mascan tabaco, consumen su bebida alcohólica favorita y esperan a que llegue lo que tenga que llegar, que posiblemente sea el fin, para así comprobar si algo ha valido la pena. Para así valorar una vida de la que cuesta recordar momentos memorables.”
"Padre se preguntaba por dónde encuentra uno la felicidad y golpeaba con los nudillos. Niña miraba los muebles de la casa. Los hundimientos. Sus formas. La cómoda, golpeada. La puerta del baño, golpeada. La estantería, golpeada. Niña se acercaba a las cicatrices del mobiliario. Arrimaba el oído. Así suena el mal. Así se escucha el alcohol. Así se escucha España."
Si no fuera mi pueblo me hubiera limitado a ponerle cuatro estrellas pero como lo es no puedo evitar sentirme algo… no sé… ofendido (?).
Encuentro el tono ciertamente clasista en ocasiones, la condescendencia del que escribe desde el margen. “Al niño que no quiere leer le queda el polígono lleno de fábricas”, por dar un ejemplo.
Hay cierto interés por hacer de Almansa un pueblo manchego y rural cuando no es ni una cosa ni la otra, no es cultural ni arquitectónicamente manchego (aunque este en Castilla-La Mancha), tampoco rural, es mayormente industrial (aunque tenga campo). También lo veo en el habla, hay “-ico” por todas partes pero con poca naturalidad, salvo “cubatica”, ahí perfecto.
realmente me gustó más su principio que su final, supongo que, como pasa en el mundo y con el tiempo, me acostumbré a su paisaje, pero wow… tengo miles de cosas subrayadas. dentro de unos meses lo rescataré por un página aleatoria y dejaré por aquí lo subrayado para leerlo y sentir a dónde me transporta
me encantaría ir a la presentación, te espero en Madrid Borja, para agradecerte este libro, uno de los mejores de mi 2026, de manchega a manchego
Me encanta la intensidad con la que escribe Borja Navarro. Siento que tiene ya un estilo muy personal, mucho más pulido aquí que en los cuentos de Arcén. Y sobre todo, la visión que tiene de esos lugares a medio camino entre la marginalidad y el desconcierto. Eso es lo que más me gusta diría.