Este es mi análisis/resumen del libro:
La principal diferencia entre un activo financiero y un activo real es la relación entre las partes. En un activo real, solo hay un dueño que posee y disfruta su bien, mientras que en un activo financiero siempre hay un sujeto activo, que tiene derechos, y un sujeto pasivo, que tiene obligaciones de pago.
El valor de un activo financiero depende de la confianza que el sujeto activo tenga en que el sujeto pasivo cumplirá con su pago. Cuanto mayor sea esta confianza, mayor será su valor; si la confianza disminuye, su valor también lo hará.
El Euribor es el principal referente para los tipos de interés y refleja la media de los créditos interbancarios de las cien mayores entidades financieras de la UE. En condiciones normales, este siempre debería ser superior al tipo del BCE.
Los tipos comerciales se calculan sumando al Euribor una prima de riesgo, por lo que, aunque no lo parezca, todos tenemos un riesgo que influye en el coste de nuestros préstamos.
Existen tres tipos de garantías para respaldar una deuda. La garantía personal obliga al deudor a responder con todos sus bienes actuales y futuros, permitiendo al banco embargar salarios o propiedades si no paga. La garantía pignoraticia implica bloquear activos financieros como acciones o fondos, que el banco puede ejecutar libremente en caso de impago para recuperar tanto el capital como los intereses y comisiones. Por último, la garantía hipotecaria utiliza una propiedad como respaldo del préstamo; si no se devuelve, el banco se queda con ella por el valor acordado en la hipoteca.
Cuando comparamos los tres métodos de pago, podemos notar diferencias claras en cómo se distribuyen los intereses. En el método de cuota decreciente, se paga una amortización fija en cada cuota y los intereses correspondientes a ese momento, lo que hace que estos se repartan de forma lineal. En el método de cuota creciente, los intereses se concentran hacia el final del plazo. Por su parte, el sistema francés organiza los pagos de manera que los intereses se paguen principalmente al principio, mientras que la amortización del capital aumenta gradualmente con el tiempo.
Así, al inicio de una hipoteca (normalmente hecha con el método francés), primero cubre los intereses del mes y lo que queda se destina a reducir el capital del préstamo. Este sistema beneficia a las entidades financieras, ya que hace que el avance en la adquisición de la vivienda sea más lento al principio. Así, en una hipoteca a 30 años, es común que, después de 15 años, todavía se deba más de la mitad del préstamo.
Una SICAV (empresa de inversión) deberá mantener siempre un mínimo del 3% en liquidez y deberá invertir al menos el 90% del valor de sus activos en valores mobiliarios admitidos por la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), sin que más de un 5% de los valores esté emitido por una misma sociedad. Deberíamos fijarnos en estas obligaciones a la hora de realizar nuestras finanzas personales.
Las familias deben ahorrar, en primer lugar, para hacer frente a una posible contingencia, como la pérdida del trabajo. Recomendamos un mínimo de ahorro correspondiente al valor de los gastos de tres meses y que sería razonable incrementar hasta los gastos de un año. Una vez superado este mínimo de ahorro para emergencias, deberemos tratar de crear un patrimonio.
Los préstamos determinados con sistema francés de más de veinte años no son nada rentables para el financiado. Ya que este genera un ahorro mensual cada vez menor, mientras que el interés total que pagaremos será mayor.
Nuestras conclusiones son que debemos comprar una vivienda que no cueste más de cuatro veces los ingresos brutos anuales de la familia. En el momento de financiarla, no debemos hipotecarnos a más de veinte años, y la cuota no debe superar el 30% de nuestros ingresos.
El análisis de inversión en gestión activa se basa en tres pilares fundamentales. El análisis macroeconómico estudia la economía de un país y la global, considerando factores como el PIB, la inflación, los tipos de interés y el comercio exterior. El análisis fundamental evalúa empresas según sus resultados y proyecciones, teniendo en cuenta beneficios, crecimiento de ventas, pedidos en cartera y nivel de deuda. Por último, el análisis técnico se centra en la interpretación de gráficos históricos de precios, identificando tendencias, soportes y resistencias para anticipar movimientos del mercado.
La recomendación es no mantener más del 20-30% del patrimonio en pasivo bancario, incluso en tiempos de bonanza para la banca. Diversificar el riesgo es fundamental, y concentrar más del 30% en un solo sector, o peor aún, en una única entidad, supone una salvajada. De hecho, una SICAV no podría hacerlo por ley. Para reducir riesgos, ese porcentaje destinado a la banca debe distribuirse entre al menos dos entidades, y si el patrimonio supera el millón de euros, conviene diversificar aún más.
Como medida del riesgo de impago de un emisor público, podemos tomar como referencia las calificaciones crediticias o ratings que otorgan las compañías de calificación, principalmente de
origen norteamericano. Los ratings van de la AAA, pasando por la AA, la A, y así sucesivamente hasta la D, D de default (quiebra).
Debemos abandonar la creencia de que un banco no puede quebrar; un banco es una empresa privada y, como tal, puede quebrar en cualquier momento. En función de los intereses políticos y de los recursos financieros, los Estados suelen rescatar a los bancos, pero ello no es garantía de que se sigan rescatando ni de que los Estados siempre tengan la capacidad de hacerlo. El problema es que España, en la actualidad, tiene una más que dudable capacidad de rescatar a la banca, puesto que el propio Estado está al borde de su propio rescate.
El problema de España ha sido el endeudamiento excesivo incluso en tiempos de crecimiento, sin generar ahorro. Esto ha llevado a una pérdida de confianza de los acreedores y a la imposición de medidas de austeridad. No es creíble defender el gasto público en crisis cuando también se gastó sin control en épocas de bonanza. La sostenibilidad de las finanzas públicas es clave, y reducir el déficit es necesario para evitar agravar la deuda, aunque implique más recesión a corto plazo. Seguir gastando sin credibilidad solo prolonga la crisis.
Al entrar en la zona euro, hemos perdido la política monetaria y cambiaria, es decir, ya no controlamos la oferta monetaria ni los tipos de interés, ni tampoco los tipos de cambio de
nuestra divisa. Los países han perdido el control de su dinero y su valor en el tiempo o a cambio de otras divisas.