“¿Qué puede surgir de una pregunta improbable? Doce ensayistas nacidos ‘al borde del fin del siglo xx’ aceptan la propuesta de Laura Sofía Rivero de especular sin miedo a equivocarse.
El resultado es esta antología, Doce certezas mientras tanto. Ensayos para especular, un libro que le da a la pregunta –incisiva, juguetona, desconcertante– el encargo de suscitar la escritura. ¿Y si las impresoras son realmente malvadas? ¿Acaso las cigarras descifraron un misterio sobre el tiempo? ¿Existe un más allá para los seres virtuales? ¿Qué hay detrás de contar la misma anécdota una y otra vez? Al interior de estas páginas, doce ensayos responden a estas y otras interrogantes para mostrar, con gran fortuna, que pensar también es jugar, divagar, desafiar lo imposible.
Entre lo filosófico, lo íntimo y lo irreverente, estos textos buscan todo menos una respuesta definitiva, más bien se mueven con la chispa de la sospecha hacia el placer de "pensar por escrito", y nos invitan a practicar la duda como una forma de lucidez, a sabiendas de que toda pregunta casi siempre es el punto de partida y la brújula hacia una nueva historia. ‘El saber importante en un ensayo’, dice Gabriel Zaid, ‘es el saber que no se tiene, el que se busca, el logrado, por fin, al escribirlo’.
Preguntarse algo –parece decir este libro– no es apresurar una respuesta, sino dejarse maravillar ante lo que todavía no sabemos nombrar”.
Una buena antología cuya premisa de dejar que el ensayo se recree en la imaginación y lo especulativo antes que en lo académico y sentencioso logra concertar a un cúmulo de voces admirables, divertidas y sagaces cuya escritura demuestra múltiples niveles que van de la experiencia personal al análisis y a la contextualización y al ejercicio literario. Las antologías deberían siempre lograr un acierto de este tipo y celebro que Laura Sofía Rivero haya recolectado estas “Doce certezas” mientras aprehendemos otras.
Este libro reúne una docena de ensayos. Se les pidió a los autores que hicieran una pregunta para especular, más que para contestar a cabalidad. Me parece una sugerencia muy creativa, y aunque algunos no la cumplieron, resultaron textos luminosos que siempre dejan pensando en cómo la respondería uno.
Abre con un ensayo divertido y mi favorito: ¿son malvadas las impresora? Remite a un evento cotidiano y que parece fantástico: cuando estas máquinas se traban ante nuestra desesperación. También me encantó el ensayo sobre los seres virtuales que mueren, ¿a qué lugar van? En todos los textos hay desenfado y sin intenciones de teorizar con referencias pesadas.
Lo que capto y no sé si me haya gustado tanto es que se usa demasiado la primera persona, el testimonio personal, la anécdota. Casi diría que estamos ante ensayos autoficcionales o autoensayos, qué sé yo. Me parece que precisamente este género da para ocultarse más como creadores, de poner al frente otros temas u otros puntos de vista que no sean siempre un "yo".
Pero el resultado es interesante, ágil, de pocas páginas por participación. Abre la imaginación para seguir especulando en esas cosas que a veces, en nuestras noches de insomnio o pachequez o simplemente instantes de simpleza, nos hacemos y creemos que no tendrían una respuesta coherente. Esta es la confirmación de que el ensayo lo puede todo.
El “mientras tanto” en el título me resulta lo más acertado para una antología como esta, pues los ensayos que aquí se encuentran son perfectos de compañía “mientras tanto”, siendo “tanto” un sinónimo de trayecto en el metro, una sala de espera, una banca en un parque… la vida…
Ensayos de lo cotidiano, de las modas, de lo intimo, de lo “absurdo” se engloban con preguntas que realmente ponen a cuestionar.
Podría ser un buen libro para introducir (¿?) a la gente en el ensayo literario.