Una colección de catorce relatos brumosos que flirtean con lo fantástico en una atmósfera onírica. «Como si fueran poemas», dice Javier Azpeitia en el epílogo, «tratan de lo que nunca ha sucedido ni podría suceder». Situados en espacios liminales y en un tiempo mítico, los cuentos de Santiago Gutiérrez exploran las fronteras de la imaginación desde el misticismo y la fábula.
En Las plagas sutiles se intuyen las entrelíneas de lo inconmensurable, lo legendario o la fatalidad: los personajes cumplen su destino mientras cruzan ciertos umbrales hipnagógicos hacia la ficción y la trascendencia.
Autor de cuentos y poemas, graduado en Filosofía y con un Máster en Edición por la Universidad Autónoma de Madrid, Santiago Gutiérrez (1994) compagina su trabajo en el ámbito editorial con la escritura, la ilustración y la música.
Catorce relatos escritos con agudeza e ironía que invitan a reflexionar sobre territorios movedizos. Ni la realidad, ni la ciencia que la estudia (especialmente la académica) son asideros para los personajes que pueblan este mundo narrativo que parece espejo de la existencia humana.
Hacía tiempo que no me gustaba tanto un libro de relatos. El libro es breve, los relatos breves, destilados; cada frase ponderada. Hay relatos que parten de una premisa de metafísica-ficción (al estilo borgiano), otros que son simplemente ensoñaciones o iluminaciones (al estilo de Kafka o Rimbaud, algo así).
Lo más interesante me ha parecido no ya las tramas, que están bien, o la atmósfera tan particular, que es quizá lo que más se recuerda, sino el mismo mundo, el tipo de tejido de la realidad que propone el autor. Los relatos son diversos pero tienen una base común de bruma oscura, en la que las figuras, los personajes, los decorados, aparecen y se perfilan pero sin dejar nunca de delatar en sus diálogos y acciones el fondo indiferenciado y abstracto del que provienen. Es algo que me recuerda a las fábulas, los cuentos populares y la literatura medieval. Los personajes habitan el baricentro entre el arquetipo, la presencia onírica y cierta densidad real y presente. Por momentos se atisba algo trascendente, a lo que tienden y se les escapa, como se le escapa también al lector. Dado todo esto, resulta armonioso que en un par de momentos el texto se repliegue y habla de sí mismo como texto: tampoco nosotros vemos más allá de las grafías más que parcialmente.
Los relatos por momentos oscilan hacia el *weird*, e incluso hay lugar para pequeños brillos humorísticos. Hay también, en varios de los relatos, una sensación de moraleja, por llamarlo así, que no cuaja (ni lo pretende) en una moraleja completa. Si le busco alguna pega sería, quizá, en alguno de estos finales, que me ha resultado abierto de manera algo abrupta.
Un aspecto que me resulta muy preciado es que logra acercarse al apotegma sin resultar sentencioso, algo nada común. Los cuentos son densos en ideas desperdigadas por ellos, y quizá la explicación de cómo lo consigue reside en que son ideas reflexionadas, a las que se ha dedicado un tiempo y aportan algo interesante.
Todo lo anterior, en cualquier caso, es soportado por un lenguaje frase a frase bien construido y pulido. Es casi imposible encontrar un párrafo que no de gusto leer y, claro, partiendo de esa base, está buena parte del camino andado.
Un placer leerlo y releerlo. Ojalá pronto publique más.