Un libro cortito pero poderoso. Tan poderoso que tardé más de un mes en terminarlo porque requería toda mi atención, todos mis sentidos y todas mis memorias para conectarme con él. No es que sea difícil de leer, de hecho el lenguaje es en general accesible y las partes un poco más complejas vienen muy bien explicadas; lo que es difícil es el tema, la confrontación con la forma en que habitamos la Tierra, que más que un regaño, es una reflexión activa. Está reflexión activa de Mónica nos invita a observar con atención el mundo que habitamos, cómo lo hacemos, valorar y aceptar que somos una millonésima parte de él, y al mismo tiempo, la repercusión que tiene nuestra millonésima acción o inacción en él (ojo, la acción o inacción no son totalmente malas o buenas, todo depende de la perspectiva y el momento).
Con todo, es un libro suave y muy bello al que me gustaría regresar en un futuro, antes de convertirme en un antepasado. Que gusto que Mónica lo haya escrito y haya tenido el apoyo editorial para hacerlo, porque es una verdadera joya en este mar de novedades constantes e imparables que para mí gusto, tienden a repetirse demasiado para encajar en nichos específicos. Mónica se deja ser, se deja llevar y se permite ser guiada, y eso es también una enseñanza para poder habitar nuestra propia existencia.