Alma, mujer, madre, con un hija arrancada de su seno, recién nacida, año 1974. Alma vive el trauma complejo de haber experimentado la tortura durante el golpe militar. 20 años en 1973, trabajando precozmente en una fábrica, fue capturada por sospecha de mantener armas escondidas. Alma en verdad, era una simple muchacha, con sueños a corto plazo ya que el país se notaba inseguro, con un experimento socialista en las manos del presidente en cuestión, estrechamente vigilado por los gringos. Alma vive con su madre, únicamente. Siempre fue un espíritu libre, demasiado para este país que rayaba en lo conservador y no miraba con buenos ojos a un pobre en busca de aventuras y experiencias. Ese lujo solo se lo podía dar la clase privilegiada. Esta es la historia de una mujer desgarrada, pero profundamente resiliente.
Lo mejor del primer libro de Elisa Rojas es que la historia de Alma es imprescindible. La mayoría de los chilenos conoce la gran variedad de fechorías que perpetró la sicopática milicia pinochetista, pero esta obra profundiza en un evento cataclísmico que fue vivido por muchas mujeres con consecuencias graves, para ellas y sus hijos/as de una forma que debe ser inédita. La 1ª mitad del libro tiene carácter novelesco y la 2ª mitad es más periodística, anamnéstica. Lamentablemente la intriga de la trama se desenreda demasiado pronto -a mitad de narración- (pero igual querrás saber cómo termina la historia) y recién en el capítulo 27 (de 33) conocemos dónde y cuándo está la narradora.