El Teniente Carlos García, miembro de los servicios de espionaje del Ejército de Guatemala, encuentra un cadáver. Dos cosas lo sorprenden: la presencia de agentes de la policía secreta y no encontrar el nombre del muerto en las listas que su misma oficina elabora diariamente. La curiosidad de saber la identidad del hombre asesinado lo lleva a peligrosos descubrimientos, entre ellos, que su cuñado Tono Gómez está metido en la guerrilla. Para salvarle la vida, lo lleva a la frontera con México. Ese gesto de ancestral rito familiar comporta un castigo: García será enviado al frente, en la selva, a luchar contra los insurgentes. Allí descubre un infierno, hecho de calor natural y de maldad humana. El hombre de Montserrat nos arrastra por los meandros circulares del mundo de la guerra informal en un país centroamericano y nos descubre, con los mecanismos del thriller, que una sociedad envilecida y corrupta es un pozo sin fondo y sin compasión.
Una narrativa a la que definitivamente no estoy acostumbrada. Mis 3 estrellas van por la atención al detalle que Dante Liano le daba a muchas descripciones.
Es el primer libro que leo (con atención) ambientado en Guatemala, me quedó la espinita de investigar más sobre el tema.
Posiblemente no soy parte de su público objetivo. Es el tercer libro que leo de Dante Liano y me parece que su narrativa está llena del conflicto armado interno, es claro que fue la época que vivió y su ideología está representada en el libro.
Excelente ritmo de lectura, expresado coloquialmente, la lectura te mantiene intrigado, el final es inesperado, pero la parte de la guerra resulta un poco fuera de la novela policíaca.
Liano es un experto en describir lugares y su humor guatemalteco se resalta entre líneas. El desarrollo de la trama es lo que da coraje, al saber que el personaje dio su vida en la selva de por gusto. 😅
Siguiendo la sugerencia del personal de la librería Piedrasanta de Ciudad de Guatemala adquirí esta obra durante mi viaje a Guatemala y Belice en abril de 2019 y lo leí al poco de volver, ya con el conocimiento del país y la sociedad que te da un viaje de turismo, es decir, unas pocas pinceladas de color en lo que hasta ese momento no era sino un lienzo completamente en blanco.
En la novela, escrita en 1994 y ambientada varios años antes, subyace una sociedad guatemalteca fácilmente imaginable para el visitante a poco que haya leído sobre el país, escuchado a sus habitantes, prestado atención a las huellas de la (no completamente) pasada inseguridad y corrupción. La presencia de armas en todo lugar donde se acumule dinero, como bancos y gasolineras, y las medidas de seguridad de las casas, con sus alambradas, rejas y vidrios cortados en lo alto de los muros son dos de esas huellas fácilmente identificables, señas de identidad de una sociedad insegura, consciente de su impotencia ante la autoridad y los criminales por igual. Un pasado que queda atrás rápidamente, tan rápidamente que no da tiempo a que sus huellas se borren, permaneciendo como recuerdo de lo que podría volver.
Y, a pesar de ello, no diría que se trata de una novela triste sino de resignación ante la vida que ha tocado vivir. Una vida que la gente intenta vivir lo mejor posible, dedicándose a su día a día y evitando entrometerse en temas que no le afecten. Hasta que el destino o el mal fario cruza en su camino algo que ya no pueden ignorar y que les hace quedar a merced de un sistema injusto y, sobre todo, impredecible.