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«... pretendí estudiar temperamentos y no caracteres. En eso consiste el libro en su totalidad. Escogí personajes sometidos por completo a la soberanía de los nervios y la sangre, privados de libre arbitrio, a quienes las fatalidades de la carne conducen a rastras a cada uno de los trances de su existencia. Thérèse y Laurent son animales irracionales humanos, ni más ni menos. Intenté seguir, paso a paso, en esa animalidad, el rastro de la sorda labor de las pasiones, los impulsos del instinto, los trastornos mentales consecutivos a una crisis nerviosa.» Así presentaba Émile Zola Thérèse Raquin (1867), su cuarta novela y la primera en la que toma forma literaria el ideario naturalista.
A partir de un trágico suceso ampliamente comentado en la prensa de la época, esta historia de pasión ineluctable, adulterio, asesinato y remordimiento en una oscura mercería del pasadizo de Le Pont-Neuf, escrita con «una meta científica» y desatendiendo a la moral, cosechó sin embargo para su autor más acerbas recriminaciones de los moralistas, incapaces de ver que «cada uno de los capítulos es el estudio de un caso fisiológico peculiar». Pero instauró, al mismo tiempo, un modelo novelístico que habría de presidir, en Europa y América, más de cincuenta años de imperecedera literatura.
Émile Zola nació en París en 1840. Hijo de un ingeniero italiano que murió cuando él apenas tenía siete años, nunca fue muy brillante en los estudios, trabajó durante un tiempo en la administración de aduanas, y a los veintidós años se hizo cargo del departamento de publicidad del editor Hachette. Gracias a este empleo conoció a la sociedad literaria del momento y empezó a escribir.
Thérèse Raquin (1867) fue su primera novela «naturalista», que él gustaba de definir como «un trozo de vida». En 1871, La fortuna de los Rougon inició el ciclo de Los Rougon-Macquart, una extensa «novela experimental» cuyo propósito era trazar la «historia natural y social de una familia en el Segundo Imperio»; a este ciclo pertenecen veinte novelas, entre ellas La caída del abate Mouret (1875), L’Assomoir (1877), Nana (1880), El Paraíso de las Damas (1883) y El doctor Pascal (1893). Zola seguiría posteriormente con el sistema de ciclos con las novelas que componen Las tres ciudades (1894-97) y Los cuatro Evangelios (1899-1902).
En 1897 su célebre intervención en el caso Dreyfuss le valió un procesoy el exilio. Murió en París en 1902
328 pages, Kindle Edition
First published January 1, 1867
“…mostraba siempre un humor uniforme y acomodaticio; ponía toda su voluntad en hacer de sí un instrumento pasivo, de complacencia y abnegación sumas.”… personas en las que de pronto se desbordan unas emociones de las que nadie les creyó capaces y que llegado el momento fatal les es imposible controlar ni les quedan fuerzas para postergar unos deseos que sienten de forma tan imperiosa.
“En lo que a ella se refería, hallaba una amarga voluptuosidad en el hecho de engañar a Camille y a la señora Raquin; no se holgaba, como Laurent, en una rudimentaria satisfacción de sus deseos, inconsciente del deber; sabía que estaba cometiendo una mala acción y le entraban feroces deseos de levantarse de la mesa y besar a Laurent con todas sus ganas para que su marido y su tía viesen que no era un animal doméstico y que tenía un amante.”Todo iba bien, realmente muy bien, en este camino sórdido y fuertemente inclinado hacia una amoralidad que era más un desquite rabioso que una oportunidad de placer.
“¡Ay, cómo estaba engañando a aquella buena gente y qué feliz la hacía engañarla con tan triunfal desvergüenza!”Y esto fue el primer tercio del libro. El resto fue un tedioso rumiar la culpa que se extendió a lo largo de los dos tercios restantes. Hasta tal punto llegó a aburrime que pocó faltó para calificarla solo con dos estrellas, pero dada la simpatía que siento por el autor y lo que disfruté de ese primer tercio de la novela al final cedí.
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