Desde la voz se teje una historia de orfandad, crimen, desamor y expiació las estaciones comunes al Lazarillo de Tormes, al Periquillo Sarniento y al Candingas protagonista de esta picaresca; al ir diciendo su historia, la voz, barriobajera a veces y a veces lírica, siempre sabrosa, se vuelve la verdadera protagonista. Como todo libro que vale la pena, esta novela dice una verdad profunda acerca de una época. En el paso de la década de los cincuenta a la inminencia del 68, el espacio reconcentrado de esta narrativa de crimen y cárcel está lleno de videntes y violencias que anticipan lo que estaba por suceder en el afuera todavía optimista.
A mí me gustó muchísimo la forma en que el autor recupera el habla vulgar de la ciudad a mitad del Siglo XX en México.
La historia del Candingas es una de tantas, pero está contada de una forma tan amena que resulta pícara, alegre, te pones de su lado y te lleva a su mundo de malvivencia.
Gonzalo Lizardo debería ser un autor más leído, definitivamente.
El título de esta novela podría congregar espanto o aversión escatológica: nada más lejano a la realidad. Cierto, el lenguaje que maneja Gonzalo Lizardo es “barriobajero”, muy coloquial, tepiteño podrían decir algunos, pero no por ello menos lírico. Esta sabrosona narración, editada en 2007, está inscrita, como el propio autor señala, en el género “picaresco”; se encuentra hermanada con textos como el Lazarillo de Tormes y el Periquillo Sarniento. Pero no sólo eso, también tiene tintes de novela negra: el narrador, el Candingas, le contará a un reportero su relación con el criminal Ricardo Olmedo (no en balde el subtítulo de la obra es “Vida criminal de Ricardo Olmedo Ríos, emperador de Lecumberri, contada por el Candingas, su falaz escudero”), desde que éste lo inició en el crimen hasta la aprehensión y terrible desenlace de Olmedo, personaje inspirado en el asaltabancos Fidel Corvera. Eli Garner, en “The Latin American Review of Books”, apuntó que esta obra “es una lectura disfrutable e intrigante, de notable interés para cualquiera que se sienta atraído por México y su narrativa sobre crimen y castigo”. Gonzalo Lizardo abandonó sus estudios de ingeniería química para volverse escritor: un excelente acierto; no en balde Luis Jorge Boone dijo que este autor, con “Corazón de mierda”, “ha dado el paso que procura todo narrador consciente de encontrarse en el límite de su poética: poner a prueba sus recursos y, en un desmarque de su propio estilo, emprender el ‘tour de force’ que lo obligue a reinventar la propia escritura”.
Aunque el estilo pintoresco y 'antiliterario' de la jerga con la que se relata esta historia puede llegar a divertir, llega a un punto en el que es absurda, fastidiosa y no ayuda a mejorar una historia que parece tener pies pero no cabeza (o viceversa). ¿Historia de amor o memorias de un criminal? ¿Reflejo de la sociedad mexicana o desvíos de un hombre que quiso ser sin llegar a ser? P. S. El detalle de las hojas en blanco y negro lo encuentro peculiarmente divertido.
La historia es una apoología del delito de años que se fueron en un barrio bravo de la Ciudad de México y el devenir de uno de sus protagonistas cuya vida se extingue en el exilio. En resumen es una obra entretenida, por momentos hilarante pero nada que ver con lo logrado por Gonzalo Lizardo con el Libro de los Cadáveres Exquisitos.