Entre mayo y diciembre de 1946, después de un grave ataque cardiaco, y a sugerencia de Prokofiev, Eisenstein empieza a escribir sus Memorias. Las llama "inmortales" porque no se proponen demostrar ni explicar nada. Son un "vagabundeo" por su vida. El resultado es un libro apasionante que es difícil dejar de las manos y en el que aparecen países, personas, sucesos con una vitalidad y un talento asombrosos.
Sergei Mikhailovich Eisenstein was a Soviet film director and film theorist, a pioneer in the theory and practice of montage. He is noted in particular for his silent films Strike (1925), Battleship Potemkin (1925) and October (1928), as well as the historical epics Alexander Nevsky (1938) and Ivan the Terrible (1944, 1958). In its 2012 decennial poll, the magazine Sight & Sound named his Battleship Potemkin the 11th greatest movie of all time.
Eisenstein was among the earliest film theorists. He believed that editing could be used for more than just expounding a scene or moment, through a "linkage" of related images. He developed what he called "methods of montage": 1) Metric 2) Rhythmic 3) Tonal 4) Overtonal 5) Intellectual
Eisenstein's articles and books—particularly Film Form and The Film Sense—explain the significance of montage in detail. His writings and films have continued to have a major impact on subsequent filmmakers.
Uno de los proyectos que Eisenstein dejó inacabados es el de sus memorias, tituladas YO (al parecer, así, en español). El proyecto surgió a raíz del infarto que sufrió en 1946 y quedó interrumpido, como el resto de sus trabajos de investigación y teoría, con su temprana muerte en 1948. Lo más sustancial de estos recuerdos fue escrito en 1946. Dejó poco material supervisado (apenas lo que se había publicado previamente, como los artículos sobre el rodaje de El acorazado Potemkin). El resto es una colección de fragmentos y de capítulos en estado más o menos terminado que a veces se truncan o se desvanecen. Son textos nacidos de una primera escritura, sin supervisión ni edición posterior; llevados una y otra vez por la digresión, por escribir soltando la pluma y dejando correr la tinta a medida que los recuerdos aparecían y uno llevaba al otro, saltándose el plan previo del artículo y, en ocasiones, sin retomar el hilo que debería darle sentido, frustrando también el avance cronológico.
Por su forma de escritura, son apuntes sobre el pasado, la memoria, lo vivido, las amistades, las personas conocidas o anécdotas casi marginales. No se trata de un biógrafo que busque la pompa, la glorificación o el situarse en la historia, sino de un intento de dejar huella, aunque el proyecto se vea frustrado una y otra vez por ese propio acto de recordar y tomar nota.
Esta edición de Siglo XXI sigue la edición soviética de 1979-1982, que remozó completamente la primera de 1949. Busca el rigor, encuentra e incorpora fragmentos nuevos e intenta crear orden. Nos informa de la fecha de redacción de cada pasaje y les da un título si no lo tienen explícitamente, en consonancia con lo escrito por Eisenstein en otros lugares. Es una edición científica que no da el trabajo por cerrado, a la espera de la recuperación de nuevos fragmentos que incluir y que permitan darle una nueva estructura y reordenación.
De hecho, a raíz de la nueva edición de la Universidad de Chicago de 2019 —vinculada a Eisenstein mediante la figura de Jay Leyda—, descubro la existencia de una edición rusa de 1989 «sin censurar» y de otra ampliada en ese mismo 2019, lo cual significa que la edición disponible en español ha quedado desfasada por partida doble.
No creo que nadie se tome el trabajo de traducir la nueva edición, aunque, quién sabe.
Esta edición arranca en la infancia de Eisenstein, nos cuenta de forma extrañamente lateral su experiencia en la Guerra y en la Revolución, y se centra en su estancia en París y sus dificultades para llegar a Estados Unidos, donde le esperaban proyectos que no fraguaron. Concluye con un artículo en el que deja ver su admiración por México, donde rodó ¡Que viva México!, película que no llegó a concluir ni a montar debido a la cancelación del escritor Upton Sinclair, su mecenas y financiador, quien impidió que el proyecto llegara a buen puerto. Sinclair llevó a cabo varios montajes (entre los que destaca Tormenta sobre México) de los cuales Eisenstein renegaba. Jay Leyda hizo posteriormente una recopilación de 4 horas con parte del material en bruto. Finalmente, los negativos, en manos del MoMA, pasaron a la Unión Soviética, y Grigori Alexandrov —su colaborador habitual y codirector de este y otros proyectos de Eisenstein— presentó un montaje de 90 minutos siguiendo el plan original del cineasta.
La traducción deja mucho que desear. Hubiera sido estupendo que se corrigiera y puliera. Pero mejor, esperemos una nueva versión de este YO de Eisenstein.