Una meditación sobre el duelo ecológico, la violencia, la finitud, el arte como resistencia y la posibilidad de una esperanza.
¿Qué puede hacer la literatura en un mundo fracturado por la crisis ecológica, la descomposición de la democracia y la pérdida de sentido?
En una Nueva York oscura, todavía conmocionada por la pandemia y bajo el espectro del nuevo autoritarismo de Trump, un escritor recibe el encargo de emprender la biografía de Benjamin Fondane, poeta y cineasta francés de origen rumano, testigo del surrealismo parisino, autor de una película maldita en Buenos Aires y asesinado en Auschwitz. Pero el proyecto se interrumpe. Una enfermedad, un duelo y un acontecimiento devastador abren una grieta por la que se cuelan el pasado familiar, la desaparición de un paisaje, las ruinas del siglo y el recuerdo de un zorro cuya mirada reveló un don extraordinario a su abuelo inmigrante en Argentina.
En todo hay una grieta y por ella entra la luz es una novela mutante, a medio camino entre el ensayo, la autobiografía, la biografía apócrifa y el tratado filosófico; un texto atravesado por notas que lo expanden, un texto que se pregunta cómo vivir hoy, y cómo escribir, en medio del colapso. Es, también, una elegía por un mundo que se desmorona, el mundo físico, pero también el simbólico y el moral. Y es un intento ambicioso, desesperado, necesario, de devolverle un sentido, a través de la imaginación, la creación artística y la atención por la que abogaba Simone Weil.
Una meditación sobre la finitud, el duelo ecológico, la violencia visible e invisible, el arte como resistencia y la posibilidad de una esperanza. Con ecos de W. G. Sebald, Sigrid Nunez, Zadie Smith, Annie Dillard o Rachel Cusk, este libro confirma a Patricio Pron como uno de los narradores más singulares y arriesgados de su generació radical, elegante, feroz y melancólico. Un escritor que trasforma la desolación en pensamiento vivo y la narración en una emoción luminosamente memorable.
Patricio Pron (1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001) y El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (Literatura Mondadori, 2010), y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007) El comienzo de la primavera (Literatura Mondadori, 2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (Literatura Mondadori, 2011) que será publicada en las editoriales más prestigiosas del panorama internacional, destacando Faber and Faber en Reino Unido, Flammarion en Francia y Knopf en Estados Unidos. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato de 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia y Cuba. Recientemente, la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad Georg-August de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid, donde trabaja como traductor y crítico.
«En todo hay una grieta y por ella entra la luz», de Patricio Pron, es una novela que se construye a partir de un desvío: el fracaso de un propósito que, paradójicamente, termina dando forma al libro.
El punto de partida es sencillo: un escritor llega a Nueva York con la intención de escribir un libro sobre Benjamin Fondane. Sin embargo, ese proyecto se va disolviendo a lo largo de la novela. La investigación no avanza, y, en su lugar, emerge otra escritura: fragmentaria, errante, atravesada por experiencias, recuerdos y reflexiones. La novela se convierte así en el registro de una desobediencia, en el relato de cómo lo que debía escribirse queda desplazado por lo que irrumpe.
A medida que el protagonista recorre la ciudad, el pasado no deja de asaltar el presente: “no hay nada fijo en el pasado, nada que permanezca en su sitio mucho tiempo” (188). “El mundo que vemos es sólo el recuerdo de fenómenos fugaces, efímeros, desaparecidos, aunque poco dispuestos a abandonarnos por completo. El pasado no se marcha: lo pasado es lo que experimentamos en cada momento” (196). Asimismo, la memoria –siendo, a su vez, protagonista– irrumpe constantemente en el presente, transformando el desplazamiento físico en una deriva mental. El libro funciona como un espacio por el que deambulan pensamientos y escenas, sin una linealidad clara.
Sin embargo, esta dimensión autoficcional no se presenta como una afirmación del yo, sino más bien como una consecuencia del extravío: al no poder escribir sobre otro, el narrador termina escribiendo sobre sí mismo. Al mismo tiempo, la novela ofrece una radiografía del clima social en el año de la elección de Donald Trump, captando una ciudad atravesada por tensiones políticas y culturales.
La obra se inscribe también en una tradición metaliteraria: reflexiona sobre la escritura y sobre su (im)posibilidad. Más que el cumplimiento de un proyecto, lo que interesa es el desorden que lo sustituye. Además, cabe destacar la estructura peculiar de la novela que se compone de varias notas a pie de páginas, las cuales no solo interrumpen la trama, sino que también añaden varios matices a la historia. Tal y como se lee en una de ellas, “las notas a pie de página [son] una especie de territorio en el que, liberado de las obligaciones para con sus lectores, los escritores podían ser realmente ellos mismos y seguir sus instintos. De manera más general, creía ver en ellas la posibilidad de una literatura «desautorizada» ” (143).
La novela puede leerse como una alegoría de la vida: nada es lineal, todo está sujeto a interrupciones. “No somos más bien tan solo notas a pie de página de los libros de otros, de los que narran la historia de los movimientos políticos y las fuerzas económicas y las biografías de los demás, que no terminaremos de leer nunca.” (142). Vivir —como escribir— implica aceptar desvíos, cambios de foco y abandonos. A veces lo empezado se retoma; otras veces se pierde definitivamente.
La grieta del título no señala solo una fractura histórica o personal, sino la condición misma de la experiencia: una apertura por la que se cuelan el azar, la memoria y aquello que no estaba previsto.
“De todas nuestras creaciones, las más peligrosas son las que se emancipan de nosotros y nos dejan atrás incluso antes de que las hayamos comprendido” ~ En todo hay una grieta y por ella entra la luz de Patricio Pron.
Mezcla entre autobiografía, ensayo, narrativa y filosofía, el libro comienza con el autor explicando que se ha centrado en investigar y escribir sobre Benjamin Fondane, un poeta y cineasta asesinado en Auschwitz. Cuando estaba inmerso en dicha tarea, sucedió un acontecimiento en su vida que interrumpió la investigación y da un nuevo giro hacia la reflexión personal, en la que las ideas y pensamientos se van superponiendo e interrumpiendo las líneas, con lo cual por momentos no sabes bien en dónde estás ni cómo has llegado ahí.
Un libro extraño, para sumergirse y dejarse llevar por el autor por un mundo de pensamientos que se van entrelazando y mezclando con experiencias y vivencias del autor, con hechos familiares con toques fantásticos, con reflexiones sobre distintos temas y en el que vas pasando de tema en tema en una lectura sin darte cuenta.
Requiere una lectura atenta y pausada y, por decirlo de alguna manera, doble, ya que el libro está lleno de notas al pie de página que incluso cuentan con su propia nota al pie –un aspecto que debe de ser típico de este autor que incluso ironiza con ello–. Me ha resultado un libro denso, así que no os dejéis engañar por sus poco más de 200 páginas porque la lectura ha de ser detallada. Eso sí, os recomiendo leer el capítulo seguido y luego volver atrás para leer las notas al pie porque si no, os perdéis en ambas partes.
Han sido muchas las frases que he subrayado durante la lectura, pero hay dos que me gustaría destacar especialmente.
“Nuestra relación con los libros que amamos es compleja: adquiere formas que van del temor a volver a ellos –que otorga a ese amor el carácter de una renuncia– hasta su revisión frecuente y su inscripción en el cuerpo”.
“Durante mucho tiempo, me había negado a concederle al mundo la atención que este necesitaba para existir, y yo para habitarlo”.
La grieta es un librazo, una novela tremenda que se levanta con una prosa bellísima, una estructura audaz y una catarata de historias y personajes inolvidables sobre la base de un espíritu existencialista entre woke y posmoderno que (en consecuencia) podría amenazar ruina o cursilería, pero que esquiva con auténtico genio. Es un milagro sólo al alcance de un talento como el de Pron (con los mismos mimbres, algunos de los dedicatarios hubieran perpetrado su típico poemilla fláccido y clasista).
En algunas cosas, sólo algunas, me ha olido a Eisejuaz y, sobre todo, al Juan Oscar del documental "Testigo de otro mundo" (película argentina que no me extrañaría que Pron hubiera visto, por muy freak que sea). Al protagonista de La grieta y a Juan Oscar les une unas heridas que, pese a tener detonantes/acontecimientos diferentes (pero parecidos, a su manera), resuenan la una con la otra. El proceso de sanación y reconocimiento sí que es paralelo.
Es un libro para volver, buscar y rebuscarse. ¡Puerta grande!
Patricio Pron comienza a contar una historia muy sugestiva, una de esas historias del periodo de entreguerras que ya conocemos de novelas suyas anteriores, pero inmediatamente te hace ver que debes estar dispuesto a seguirle por los subterráneos de la página y de la sintaxis, porque lo que sigue es un viaje iniciático que atraviesa por lo más frondoso la sexta extinción masiva. La grieta es un libro muy meditativo, lírico en el sentido de que el espesor estilístico y la ambivalencia sobre su propósito le devuelve al lector a sí mismo. Pocas veces he tenido una impresión más clara de que la escritura puede contener una ética: algo bien distinto de las exigencias vanguardistas —tan gratuitas por lo general—; más bien una forma de pensar y de hilar experiencias, llena de incisos en los que se textualiza la incertidumbre. No siempre he sabido qué diablos estaba haciendo Pron, pero nunca he dejado de saber que él sí lo sabía.
La lectura de este libro de Patricio Pron es un camino en dos direcciones: el dolor de perder algo que casi no se recuerda y la curiosidad por algo maravilloso, aún por llegar. La cadencia triste y expectante de un álbum de Björk o de alguien a quien le gusta pasear por los cementerios. En algunos momentos no te acuerdas de qué está contando, pero no pasa nada, sabes que a la vuelta de la esquina hay un pensamiento¹ que has tenido mirando por la ventanilla de un tren, y cuya pureza no has sabido reproducir. Pron sí supo cómo hacerlo en este libro.
¹"...desfila por un instante frente a nuestros ojos sin que lo hayamos comprendido".