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JUEZ DREDD: MECHANISMO

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176 pages, Hardcover

Published January 8, 2026

About the author

John Wagner

1,293 books191 followers
John Wagner is a comics writer who was born in Pennsylvania in 1949 and moved to Scotland as a boy. Alongside Pat Mills, Wagner was responsible for revitalising British boys' comics in the 1970s, and has continued to be a leading light in British comics ever since. He is best known for his work on 2000 AD, for which he created Judge Dredd. He is noted for his taut, violent thrillers and his black humour. Among his pseudonyms are The best known are John Howard, T.B. Grover, Mike Stott, Keef Ripley, Rick Clark and Brian Skuter. (Wikipedia)

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Profile Image for Ignacio.
1,458 reviews308 followers
January 20, 2026
Tomo de Dredd más flojo de los publicados por Dolmen hasta el momento que itera un argumento de 8-10 páginas sobre unos androides que se van de madre y se vuelven contra la población civil. La "guasa" de un personaje tipo Robocop procesando a un fulano por tirar un papel a la acera repetido hasta la nausea, con un dibujo que no está mal. Mucha acción y escasa, cuando no nula, mordiente en un producto de consumo y olvido que podría tener un pase en un formato más de batalla al que ha encontrado la editorial para mantenerlo en el mercado. Esto V de Vendetta precisamente no es.
Profile Image for Ángel Javier.
538 reviews15 followers
January 11, 2026
Cómo se echa en falta a Alan Grant en los guiones de Dredd. Y a Carlos Ezquerra (o a Brian Bolland, o a Mike McMahon, o a cualquier dibujante competente, ya puestos) ilustrándolos. Este tebeo no está mal escrito; tiene acción a raudales y la historia, aunque nos suene a vista mil veces, está competentemente narrada, con un gran sentido del ritmo (la veteranía de John Wagner no se puede poner en duda) y alguna nota de humor que se agradece, aunque ni punto de comparación con el sarcasmo y mala leche que caracterizan la mayoría de las historias memorables de Dredd («El día en que la ley murió», ese clásico entre clásicos que Dolmen se resiste a reeditar vaya usted a saber por qué, viene inmediatamente a la cabeza).

Y es que Wagner parece empeñado en hacer de Dredd un héroe, aunque nunca haya sido más que un fascista entre fascistas. A veces con conciencia, es cierto, pero un fascista de los pies a la cabeza, que sirve a un sistema absolutamente detestable en un futuro distópico y enloquecido en el que los derechos humanos más básicos son pisoteados sin la más mínima consideración por esos polis, jueces, jurados y verdugos que patrullan las calles de las metrópolis a la vez aterradoras e hilarantes que salpican un mundo devastado más allá de toda posible salvación.

Grant —anarquista confeso— estaba hasta las narices de que la gente confundiera a Dredd con un héroe (un poco como le pasaba a Moore con Rorschach en su seminal Watchmen), y por eso realizó historias como «Carta de un demócrata», en las que dejaba bien claro que el implacable juez era el malo de la película, pero la popularidad del personaje no varió, ni su estatus heroico a los ojos de los lectores, por lo que el guionista decidió marcharse a pastos más verdes. En su ausencia, Wagner parece dispuesto a rehabilitar la figura de Dredd, en el caso que nos ocupa, siendo la voz de la razón ante la irrupción en escena de unos jueces mecánicos infinitamente peores que los de carne y hueso. Dredd recela inmediatamente de la valía de estas criaturas de metal, y, por supuesto, tiene toda la razón, ya que cualquier fallo en su programación conlleva consecuencias funestas para malhechores e inocentes a la par. El tira y afloja entre Dredd y el Consejo Supremo de Jueces (sobre todo entre este y su otrora aliada McGruder) constituye la trama que articula el relato, suponiendo, al parecer, un antes y un después en la relación entre el estoico servidor de la ley y sus superiores, aunque habrá que esperar a futuras continuaciones para ver hasta dónde llega este cisma. En principio, me repele la idea de un Dredd más «humanitario», pero veremos a ver.

Pero lo que de verdad me repele son dos cosas: la primera, que Dolmen prefiera publicar historias mediocres como la que nos ocupa antes que otras muchísimo mejores (ya sé que me repito, pero por Grudd... «El día en que la ley murió». Es de juzgado de guardia no publicarla; o aquella otra en que se elegía de alcalde de Mega-City One a un orangután, que recuerdo con extraordinario cariño; o en la que se presentaba a Mean Machine y a sus hermanos, o aquella otra en que... en fin, supongo que ya pillan por dónde voy); y la segunda, como siempre, el precio desorbitado del tomo: 30 euros por 172 páginas de historieta. No comment.

¿Merece la pena adquirirlo? En una palabra: no. A ver, si se es fan acérrimo del universo 2000AD, pues sí, qué remedio. Pero la relación calidad-precio de este volumen es paupérrima, hablando claramente. El guion es aceptable, pero tópico, y el dibujo es regulero tirando a malo, así que... en fin, ustedes sabrán.
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