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JUEZ DREDD: MECHANISMO
176 pages, Hardcover
Published January 8, 2026
About the author
John Wagner
1,345 books190 followersJohn Wagner is a comics writer who was born in Pennsylvania in 1949 and moved to Scotland as a boy. Alongside Pat Mills, Wagner was responsible for revitalising British boys' comics in the 1970s, and has continued to be a leading light in British comics ever since. He is best known for his work on 2000 AD, for which he created Judge Dredd. He is noted for his taut, violent thrillers and his black humour. Among his pseudonyms are The best known are John Howard, T.B. Grover, Mike Stott, Keef Ripley, Rick Clark and Brian Skuter. (Wikipedia)
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Community Reviews
Displaying 1 - 3 of 3 reviews
January 20, 2026
Tomo de Dredd más flojo de los publicados por Dolmen hasta el momento que itera un argumento de 8-10 páginas sobre unos androides que se van de madre y se vuelven contra la población civil. La "guasa" de un personaje tipo Robocop procesando a un fulano por tirar un papel a la acera repetido hasta la nausea, con un dibujo que no está mal. Mucha acción y escasa, cuando no nula, mordiente en un producto de consumo y olvido que podría tener un pase en un formato más de batalla al que ha encontrado la editorial para mantenerlo en el mercado. Esto V de Vendetta precisamente no es.
April 10, 2026
Algunos usuarios han echado pestes sobre esta obra en sus críticas porque esperaban que Dolmen publicase lo mejor de lo mejor de este legendario personaje de 2000AD, pero teniendo en cuenta que estamos ante un legado de historietas que abarcan desde los años 70 hasta la actualidad, la tarea de seleccionar las obras preferidas del público no es precisamente fácil, sobre todo teniendo en cuenta que los gustos son muy subjetivos y particulares, por lo que nunca se va a contentar a todo el mundo. Yo con esta obra he quedado más que satisfecho porque están las bases de cualquier cómic bueno del Juez Dredd; está la delincuencia descontrolada, está la crítica al falso progreso, está el tema de las leyes y el doble filo que representan en función de cómo se usen, están los dilemas éticos que trae la inteligencia artificial, están la crueldad y la ultraviolencia, etc.
Lo que sí es cierto, es que todos estos elementos recurrentes en la distopía de Mega-City One no quedan expresados en 'Mechanismo' con la intención de dejar un mensaje especialmente profundo que te remueva las entrañas o que te haga recapacitar como un libro de Isaac Asimov, por hacer una comparación pertinente con el asunto de la robótica. Sin embargo, las aventuras de este policía motorizado siempre han sido variadas, es un totum revolutum donde hay espacio para momentos hilarantes, situaciones dramáticas más solemnes, conspiraciones políticas, rollos espirituales, homenajes al cine de serie b y prácticamente cualquier locura vinculada a la ciencia ficción o a la fantasía. Este tomo es un entretenimiento que recicla a su manera otro arco argumental más antiguo donde unos robots trabajadores se rebelaban, con el añadido de que esta vez los prototipos que originan el problema están diseñados para sustituir a los jueces en el futuro. Así que a efectos prácticos tenemos a 10 Robocops averiados liándola por las calles, lo cual es divertidísimo de leer. Destaca la acción y también me han gustado particularmente las viñetas donde los robots renegados no se dejan engañar por los jueces humanos usando las funciones que les han dado sus propios creadores, ya sea analizando las falsedades en sus tonos de voz o anulando órdenes anteponiendo otras directivas. Gracioso, curioso e inquietante a partes iguales.
ENGLISH
Some users have panned this work in their reviews because they expected Dolmen to publish the very best of this legendary 2000AD character, but considering that we're dealing with a legacy of comics spanning from the 1970s to the present day, selecting the public's favorites isn't exactly easy, especially given that tastes are highly subjective and individual, so you'll never please everyone. I, for one, am more than satisfied with this work because it contains the foundations of any good Judge Dredd comic: rampant crime, criticism of false progress, the theme of laws and their double-edged nature depending on how they're used, the ethical dilemmas brought about by artificial intelligence, cruelty and ultraviolence, and so on.
What is certain is that all these recurring elements in the dystopia of Mega-City One aren't expressed in 'Mechanism' with the intention of leaving a particularly profound message that stirs your soul or makes you reflect like an Isaac Asimov book, to make a relevant comparison with the subject of robotics. However, the adventures of this motorcycle cop have always been varied; it's a hodgepodge with room for hilarious moments, more solemn dramatic situations, political conspiracies, spiritual themes, homages to B-movies, and practically any kind of madness linked to science fiction or fantasy. This volume is entertaining, recycling in its own way an older story arc where worker robots rebelled, with the added twist that this time the prototypes causing the problem are designed to replace judges in the future. So, in practical terms, we have 10 malfunctioning Robocops wreaking havoc in the streets, which is incredibly fun to read. The action is outstanding, and I particularly enjoyed the panels where the rogue robots refuse to be fooled by the human judges, using the functions their creators gave them, whether it's analyzing the falsehoods in their voices or overriding orders by prioritizing other directives. Funny, intriguing, and unsettling in equal measure.
Lo que sí es cierto, es que todos estos elementos recurrentes en la distopía de Mega-City One no quedan expresados en 'Mechanismo' con la intención de dejar un mensaje especialmente profundo que te remueva las entrañas o que te haga recapacitar como un libro de Isaac Asimov, por hacer una comparación pertinente con el asunto de la robótica. Sin embargo, las aventuras de este policía motorizado siempre han sido variadas, es un totum revolutum donde hay espacio para momentos hilarantes, situaciones dramáticas más solemnes, conspiraciones políticas, rollos espirituales, homenajes al cine de serie b y prácticamente cualquier locura vinculada a la ciencia ficción o a la fantasía. Este tomo es un entretenimiento que recicla a su manera otro arco argumental más antiguo donde unos robots trabajadores se rebelaban, con el añadido de que esta vez los prototipos que originan el problema están diseñados para sustituir a los jueces en el futuro. Así que a efectos prácticos tenemos a 10 Robocops averiados liándola por las calles, lo cual es divertidísimo de leer. Destaca la acción y también me han gustado particularmente las viñetas donde los robots renegados no se dejan engañar por los jueces humanos usando las funciones que les han dado sus propios creadores, ya sea analizando las falsedades en sus tonos de voz o anulando órdenes anteponiendo otras directivas. Gracioso, curioso e inquietante a partes iguales.
ENGLISH
Some users have panned this work in their reviews because they expected Dolmen to publish the very best of this legendary 2000AD character, but considering that we're dealing with a legacy of comics spanning from the 1970s to the present day, selecting the public's favorites isn't exactly easy, especially given that tastes are highly subjective and individual, so you'll never please everyone. I, for one, am more than satisfied with this work because it contains the foundations of any good Judge Dredd comic: rampant crime, criticism of false progress, the theme of laws and their double-edged nature depending on how they're used, the ethical dilemmas brought about by artificial intelligence, cruelty and ultraviolence, and so on.
What is certain is that all these recurring elements in the dystopia of Mega-City One aren't expressed in 'Mechanism' with the intention of leaving a particularly profound message that stirs your soul or makes you reflect like an Isaac Asimov book, to make a relevant comparison with the subject of robotics. However, the adventures of this motorcycle cop have always been varied; it's a hodgepodge with room for hilarious moments, more solemn dramatic situations, political conspiracies, spiritual themes, homages to B-movies, and practically any kind of madness linked to science fiction or fantasy. This volume is entertaining, recycling in its own way an older story arc where worker robots rebelled, with the added twist that this time the prototypes causing the problem are designed to replace judges in the future. So, in practical terms, we have 10 malfunctioning Robocops wreaking havoc in the streets, which is incredibly fun to read. The action is outstanding, and I particularly enjoyed the panels where the rogue robots refuse to be fooled by the human judges, using the functions their creators gave them, whether it's analyzing the falsehoods in their voices or overriding orders by prioritizing other directives. Funny, intriguing, and unsettling in equal measure.
January 11, 2026
Cómo se echa en falta a Alan Grant en los guiones de Dredd. Y a Carlos Ezquerra (o a Brian Bolland, o a Mike McMahon, o a cualquier dibujante competente, ya puestos) ilustrándolos. Este tebeo no está mal escrito; tiene acción a raudales y la historia, aunque nos suene a vista mil veces, está competentemente narrada, con un gran sentido del ritmo (la veteranía de John Wagner no se puede poner en duda) y alguna nota de humor que se agradece, aunque ni punto de comparación con el sarcasmo y mala leche que caracterizan la mayoría de las historias memorables de Dredd («El día en que la ley murió», ese clásico entre clásicos que Dolmen se resiste a reeditar vaya usted a saber por qué, viene inmediatamente a la cabeza).
Y es que Wagner parece empeñado en hacer de Dredd un héroe, aunque nunca haya sido más que un fascista entre fascistas. A veces con conciencia, es cierto, pero un fascista de los pies a la cabeza, que sirve a un sistema absolutamente detestable en un futuro distópico y enloquecido en el que los derechos humanos más básicos son pisoteados sin la más mínima consideración por esos polis, jueces, jurados y verdugos que patrullan las calles de las metrópolis a la vez aterradoras e hilarantes que salpican un mundo devastado más allá de toda posible salvación.
Grant —anarquista confeso— estaba hasta las narices de que la gente confundiera a Dredd con un héroe (un poco como le pasaba a Moore con Rorschach en su seminal Watchmen), y por eso realizó historias como «Carta de un demócrata», en las que dejaba bien claro que el implacable juez era el malo de la película, pero la popularidad del personaje no varió, ni su estatus heroico a los ojos de los lectores, por lo que el guionista decidió marcharse a pastos más verdes. En su ausencia, Wagner parece dispuesto a rehabilitar la figura de Dredd, en el caso que nos ocupa, siendo la voz de la razón ante la irrupción en escena de unos jueces mecánicos infinitamente peores que los de carne y hueso. Dredd recela inmediatamente de la valía de estas criaturas de metal, y, por supuesto, tiene toda la razón, ya que cualquier fallo en su programación conlleva consecuencias funestas para malhechores e inocentes a la par. El tira y afloja entre Dredd y el Consejo Supremo de Jueces (sobre todo entre este y su otrora aliada McGruder) constituye la trama que articula el relato, suponiendo, al parecer, un antes y un después en la relación entre el estoico servidor de la ley y sus superiores, aunque habrá que esperar a futuras continuaciones para ver hasta dónde llega este cisma. En principio, me repele la idea de un Dredd más «humanitario», pero veremos a ver.
Pero lo que de verdad me repele son dos cosas: la primera, que Dolmen prefiera publicar historias mediocres como la que nos ocupa antes que otras muchísimo mejores (ya sé que me repito, pero por Grudd... «El día en que la ley murió». Es de juzgado de guardia no publicarla; o aquella otra en que se elegía de alcalde de Mega-City One a un orangután, que recuerdo con extraordinario cariño; o en la que se presentaba a Mean Machine y a sus hermanos, o aquella otra en que... en fin, supongo que ya pillan por dónde voy); y la segunda, como siempre, el precio desorbitado del tomo: 30 euros por 172 páginas de historieta. No comment.
¿Merece la pena adquirirlo? En una palabra: no. A ver, si se es fan acérrimo del universo 2000AD, pues sí, qué remedio. Pero la relación calidad-precio de este volumen es paupérrima, hablando claramente. El guion es aceptable, pero tópico, y el dibujo es regulero tirando a malo, así que... en fin, ustedes sabrán.
Y es que Wagner parece empeñado en hacer de Dredd un héroe, aunque nunca haya sido más que un fascista entre fascistas. A veces con conciencia, es cierto, pero un fascista de los pies a la cabeza, que sirve a un sistema absolutamente detestable en un futuro distópico y enloquecido en el que los derechos humanos más básicos son pisoteados sin la más mínima consideración por esos polis, jueces, jurados y verdugos que patrullan las calles de las metrópolis a la vez aterradoras e hilarantes que salpican un mundo devastado más allá de toda posible salvación.
Grant —anarquista confeso— estaba hasta las narices de que la gente confundiera a Dredd con un héroe (un poco como le pasaba a Moore con Rorschach en su seminal Watchmen), y por eso realizó historias como «Carta de un demócrata», en las que dejaba bien claro que el implacable juez era el malo de la película, pero la popularidad del personaje no varió, ni su estatus heroico a los ojos de los lectores, por lo que el guionista decidió marcharse a pastos más verdes. En su ausencia, Wagner parece dispuesto a rehabilitar la figura de Dredd, en el caso que nos ocupa, siendo la voz de la razón ante la irrupción en escena de unos jueces mecánicos infinitamente peores que los de carne y hueso. Dredd recela inmediatamente de la valía de estas criaturas de metal, y, por supuesto, tiene toda la razón, ya que cualquier fallo en su programación conlleva consecuencias funestas para malhechores e inocentes a la par. El tira y afloja entre Dredd y el Consejo Supremo de Jueces (sobre todo entre este y su otrora aliada McGruder) constituye la trama que articula el relato, suponiendo, al parecer, un antes y un después en la relación entre el estoico servidor de la ley y sus superiores, aunque habrá que esperar a futuras continuaciones para ver hasta dónde llega este cisma. En principio, me repele la idea de un Dredd más «humanitario», pero veremos a ver.
Pero lo que de verdad me repele son dos cosas: la primera, que Dolmen prefiera publicar historias mediocres como la que nos ocupa antes que otras muchísimo mejores (ya sé que me repito, pero por Grudd... «El día en que la ley murió». Es de juzgado de guardia no publicarla; o aquella otra en que se elegía de alcalde de Mega-City One a un orangután, que recuerdo con extraordinario cariño; o en la que se presentaba a Mean Machine y a sus hermanos, o aquella otra en que... en fin, supongo que ya pillan por dónde voy); y la segunda, como siempre, el precio desorbitado del tomo: 30 euros por 172 páginas de historieta. No comment.
¿Merece la pena adquirirlo? En una palabra: no. A ver, si se es fan acérrimo del universo 2000AD, pues sí, qué remedio. Pero la relación calidad-precio de este volumen es paupérrima, hablando claramente. El guion es aceptable, pero tópico, y el dibujo es regulero tirando a malo, así que... en fin, ustedes sabrán.
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